Chávez y los dos Chiles
- Última actualización en 08 Marzo 2013
- Escrito por: Horacio r Brum Desde Santiago
La decisión del presidente Sebastián Piñera de asistir a los funerales de Hugo Chávez fue un gesto de diplomacia latinoamericanista, pero los partidos de la derecha gobernante en Chile no estuvieron en sintonía total con el jefe del Ejecutivo. El senador Juan Antonio Coloma, una figura importante de la Unión Demócrata Independiente, dijo que al morir, Chávez entregó una sociedad dividida, “donde la libertad y la democracia están seriamente conculcadas”; por otra parte, una larga carta a los diarios de la Fundación Jaime Guzmán, el centro de estudios de ese mismo partido y que lleva el nombre del inspirador ideológico de la dictadura de Pinochet, comparó las circunstancias de la muerte del presidente de Venezuela con las de la muerte de Sta- lin. Para esa institución, se podrían inventar teorías de conspiración en torno al fallecimiento, con el fin de “la fabricación de un mártir que favorezca mezquinos intereses partidarios”.
Lo cierto es que Hugo Chávez molestó a la derecha de Chi- le casi desde que llegó al poder, por sus críticas a lo que en este país se da como verdades recibidas en términos de la vigencia de la economía capitalista. Además, la Democracia Cristiana, que fue el partido mayoritario de la Concertación centroizquierdista que gobernó hasta la elección de Piñera, mantuvo y mantiene muy buenas relaciones con la centroderecha de Venezuela. Tan buenas, que cuando el intento de golpe de 2002 en Caracas, la canciller democristiana Soledad Alvear logró que el gobierno del presidente socialista Ricardo Lagos diera justificaciones a los golpistas e incluso respaldara al efímero presidente Pedro Carmona. Este fue un episodio embarazoso para Santiago, porque solamente Colombia, la Colombia de Álvaro Uribe, llegó a esos extremos entre los países de la región, y cuando Chávez volvió al poder, no guardó lo ocurrido bajo la alfombra. El tema resurgió en las entrevistas con motivo del fallecimiento, cuando un periodista de la televisión le preguntó a la hoy senadora Alvear por qué se había respaldado a los golpistas. La señora Alvear, todavía un personaje de peso en la Democracia Cristiana, negó tal respaldo y dijo que sola- mente había preparado el borrador de una declaración conjunta latinoamericana junto a Jorge Castañeda, su colega mexicano. El mismo Jorge Castañeda que, con motivo de la última reelección de Chávez, escribió: “En el mundo, Chávez se está que- dando solo: ya no lo acompañan los ultimados dictadores de Irak y de Libia, y probablemente tampoco el de Siria; y en una de esas su amigo Ajmadineyad también perderá su empleo”. La declaración mencionada por Alvear nunca se emitió, pero para quienes buscan en los archivos, el comunicado publicado en 2002 por el Ministerio de Relaciones Exteriores chileno es claro: “El gobierno de Chile lamenta que la conducción del gobierno venezolano haya llevado a la alteración de la institucionalidad democrática (...)”. O sea, que el golpe contra Chávez fue culpa de Chávez.
Un año más tarde, el bolivariano comenzó a cobrarse esa cuenta al respaldar abiertamente los reclamos de Bolivia por la salida al mar, que le fue quitada por Chile en la guerra de 1879. “Sueño con bañarme en una playa boliviana”, dijo en la Cumbre Iberoamericana de Santa Cruz de la Sierra, ampliando el club de sus enemigos chilenos a los nacionalistas, que aquí se encuentran en todo el abanico político, a causa de más de un siglo de mitificación de la Guerra del Pacífico como una suerte de “gran guerra patriótica”. Desde entonces, se multiplicaron los ataques y las críticas de los medios, los políticos y los analistas a lo que sucedía en Venezuela. El Partido Comunista y el Movimiento Amplio Social, que surgió de la escisión del socialismo encabezada en 2008 por el senador Alejandro Navarro, han sido vistos poco menos que como traidores a la patria por promover lazos más estrechos con la Venezuela chavista. Por su parte la Democracia Cristiana no ha perdido oportunidad de impulsar en el Parlamento declaraciones “a favor de la democracia en Venezuela”.
Cuando el fresco de la noche del martes 5 iba escribiendo el prólogo del otoño chileno, y todos los medios audiovisuales informaban al minuto desde Caracas, este corresponsal caminó las pocas cuadras que hay desde su casa hasta la embajada venezolana para corroborar la noticia de la televisión que hablaba de algunos ciudadanos juntándose espontáneamente frente a la sede diplomática. No eran multitud, pero su dolor agrandaba el número; entretanto, por la cercana avenida Pedro de Valdivia pasaban algunos autos que hacían sonar sus bocinas con ánimos celebratorios. El Chile partido en dos que nació en 1973 había encontrado un nuevo pretexto para seguir dividido...{/restrict}

