El niño que vendía papaya

En los peores momentos de su cáncer leyó a Fritjof Capra (un físico de la Universidad de Viena que estudia la interrelación de la física con el misticismo oriental), pero a Hugo Chávez lo que le gustaba leer era historia. Dicen los que lo conocían que era una de esas personas que se llevan prestados libros de las casas de sus amigos y nunca los devuelven. Su curiosidad por la historia le venía de pequeño, de cuando se sentaba en la primera fila de la escuela de su pueblo presidida por dos retratos: el del general Zamora, alias “Cara de cuchillo” y el de Simón Bolívar.

 

 

La escuela de Sabaneta (estado de Barinas), el pueblo en el que nació, no era mucho mejor que el resto de las casas de la aldea, desperdigadas en tres calles polvorientas, con techos de palma y suelo de tierra. Allí vivió durante toda su infancia, en la casa de su abuela Rosa Inés, junto con su hermano mayor Adán. Sus padres, maestros de primaria, vivían en otra casa cercana. Los 300 bolívares que ganaban al mes no eran suficientes para alimentar a sus hijos. Llegaron a tener seis y Hugo fue el segundo; su madre tenía 19 años cuando nació y recuerda que ese parto no fue difícil en aquella madrugada del 28 de julio.

Pobre de solemnidad, ven- día en los recreos de la escuela y en el pueblo “arañas de lechosa”, un dulce hecho con papaya que preparaba su abuela. Chávez era mestizo, como la mayoría de la gente de Venezuela; su padre es negro, su madre blanca y su abuela Rosa Inés descendiente de los indios del llano.

Los genes blancos le vienen de su bisabuelo Pedro Pérez Delgado, conocido por Maisanta, que tuvo una vida de película. A los 16 años mató a un coronel que había dejado embarazada a su hermana y se pasó media vida huyendo hasta que se reenganchó en la guerrilla. Le llamaban Maisanta porque cuando cargaba contra sus enemigos iba gritando “Madre santa... ¡Ayúdame!”. El apellido Chávez lo heredó de su bisabuela, con la que Maisanta, que tuvo otros muchos hijos des- conocidos, nunca se casó.

La enseñanza media la cursó en la ciudad de Barinas, gracias a que le acogió en su casa su tío Marcos, el único hermano de su padre. De allí salió para matri- cularse en la Academia Militar de Caracas. En la Venezuela de aquellos tiempos, a diferencia

de lo que ocurría en Argentina o Chile, existía la posibilidad de que las familias pobres enviasen a sus hijos a hacer la carrera militar. Esa puerta había sido aprovechada por el Partido Comunista, que infiltró en el Ejército a algunos cuadros que llegaron a ser oficiales de alta graduación.

EL CARACAZO Y SU INGRESO EN PRISIÓN. En esa situación se desarrolló en los cuarteles un movimiento conspirativo clandestino que se denominó Ac- ción Revolucionaria de Militares Activos (arma), al que pronto Chávez se enganchó con el nombre en clave de José Antonio. El Caracazo, la rebelión popular contra la política neoliberal de Carlos Andrés Pérez (1989), con sus cientos de muertos, sal- picó también a los cuarteles. Allí se aceleraron los preparativos de los militares progresistas para levantarse contra el gobierno.

En 2002 la derecha venezolana perdió la paciencia y se atrevió a dar un golpe de Estado contra Chávez.

Finalmente, en febrero del 92, se levantaron. Chávez ya era comandante y estaba encargado de tomar el Palacio Presidencial en Caracas, mientras otros oficiales, algunos de mayor graduación, deberían de apoyar la acción desde diversas ciudades. Pero hubo filtraciones y el levantamiento terminó en un rotundo fracaso. Chávez apareció en televisión y comunicó a los suyos que los objetivos no se habían cumplido “por ahora” e ingresó en la cárcel. Ese “por ahora”, muy celebrado en Venezuela, fue realmente el inicio de su campa- ña electoral. Cuando dos años después salió de prisión, indultado por el presidente Caldera, ya era un hombre notablemente popular.

Ese Chávez de finales de los noventa, buen jugador de béisbol –siempre en primera base–, mal bailador –un serio problema en Venezuela–, hábil dibujante, simpático y cercano, recorrió el país de arriba abajo explicando su proyecto político y conectó con la gente. En 1998 encabezó una coalición de partidos, el Po- lo Patriótico, y ganó con comodidad las elecciones... PARA LEER EL CONTENIDO COMPLETO DE LA NOTA SUSCRIBITE A BRECHA DIGITAL, arriba a la derecha.

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