Con Paul Dabezies*
—Hay algunas lecturas por estas horas que afirman que la elección de un papa latinoamericano sería un intento de la Iglesia de reconquistar un espacio que ha sido una especie de reservorio del catolicismo. ¿Tiene, a su juicio, ese carácter la elección de Francisco?
—Más que ese objetivo creo que es una expresión de la realidad.
—¿En qué sentido?
—Porque el centro de la Iglesia se ha ido desplazando desde hace tiempo.
—¿Se puede entonces esperar un papado latinoamericanista?
—No sé. Viendo la primera misa que celebró con los cardenales yo creo que hay una oportunidad bien real porque habrá una mayor comprensión de la Iglesia de América Latina y de sus búsquedas. Digamos que ya se dieron señales en ese sentido en la forma de celebración de la misa –desde la vestimenta hasta la forma de decir– de que será un papado bien distinto. Siempre hay excepciones pero los europeos están acostumbrados a siglos de cortes, reyes y determinado tipo de vestiduras, pompas y signos visuales a los cuales nosotros somos poco sensibles. Hay algunas señales en ese sentido. Pero hay que ver cómo sigue la cosa con los nombramientos y algunas decisiones importantes que tendrá que tomar. Hay datos del estilo de Bergoglio en Buenos Aires, un estilo austero y cercano a los humildes.
—Sin embargo, esa impronta más cercana a los humildes, choca con versiones que sostienen que Bergoglio ha logrado transformar a la congregación jesuita de Argentina en retrógrada y conservadora; también están las acusaciones que pesan sobre él de haber sido amigo de la dictadura argentina. ¿Es un personaje de doble faz?
—He leído cosas de ese estilo en trabajos de Verbitsky. Pero no conozco de esos temas para opinar. Hay versiones distintas. Lo que yo le escuché decir a Yorio, que vivió en Montevideo, es que él no los había protegido lo suficiente. Habría que ver cómo evolucionó. Porque también he escuchado últimamente testimonios de los llamados curas villeros, que trabajan en la villas miseria de Buenos Aires, que se dejan matar por él, por cómo los apoyó, entre otras cosas dobló la cantidad de curas en las villas.
—¿Qué expectativas concretas le despierta entonces esta elección?
—Visto desde América Latina abre expectativas importantes porque existen cuestiones que desde una mentalidad europea son menos comprensibles y eso va a cambiar. La celebración de la misa con una indumentaria muy sencilla contrasta fuertemente con Benedicto XVI. Son signos pequeñísimos pero ya establecen un contraste. De todas formas es demasiado pronto para sacar otras conclusiones. Creo que el estilo personal, la imagen que tiene Bergoglio manifiesta aspectos más de fondo. Hay en este momento en buena parte de la Iglesia sentimientos compartidos de que hay cuestiones de estilo que por más que vengan de siglos de tradición, no pertenecen a la imagen de Jesús. Hay una posición teológica, de llamado, de deseo de muchos obispos y cardenales de volver más decididamente a Jesús y lo que fue su estilo, y de relativizar lo que no tiene tanta importancia. En ese sentido tengo esperanza. Y cuando hablo de esperanzas, no puedo separarlas de la renuncia de Benedicto. Ese gesto rompió con una cantidad de cosas. Renunció como obispo de Roma, dijo, porque no estaba con fuerzas humanas ni espirituales. Fue muy fuerte para la imagen del papa. Nosotros creemos que es verdad que el papa cuenta con un apoyo espiritual especial, tampoco mágico, pero ese reconocimiento desacralizó el asunto. Y Francisco habló también como obispo de Roma y eso es importante para la imagen del papa, tanto para los católicos como para los protestantes y los ortodoxos. Son cosas importantes para la Iglesia. No sabemos los impactos que tendrán esos signos, porque hay una coyuntura muy especial en la Iglesia. Ni es que estemos tirando fuegos artificiales, pero ya se nota otro aire, sentimos que el clima ha cambiado, nosotros tendremos que hacer nuestros esfuerzos, pero ahora se abren otras esperanzas. Armó un poco de lío entre anoche y hoy porque no quiso usar el auto Mercedes que le asignaron y pidió que le llevaran el auto más chico que tuvieran en el Vaticano. El hecho de que haya aparecido sólo con la sotana blanca es un signo porque creo que nunca se usó. Hasta Juan XXIII mantuvo la corte romana, aunque su presencia fuera incoherente con eso. Francisco predicó hoy (por ayer jueves) desde el atril, como cualquier cura de parroquia. n
* Párroco de la parroquia de La Aguada, doctor en teología.