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Defensas y ataques

La renuncia de Aguerre al Centro Militar

La renuncia del comandante en jefe del Ejército, Pedro Aguerre, al Centro Militar reveló esta semana una fuerte pulseada entre los generales en actividad y los retirados. En el fondo de la cuestión asoman rencillas personales, pero sobre todo diferencias frente a una reestructura de la fuerza –prevista en la nueva ley de defensa– que los más jurásicos resisten. Consciente del desprestigio que la dimisión de su jefe podría implicar, el Centro Militar busca ahora revertir la decisión.

Hay silencios que hablan. El de los oficiales retirados y clubes militares tras la renuncia del comandante en jefe del Ejército, Pedro Aguerre, al Centro Militar (cm) es uno de ellos. Sin precedentes en la historia de la centenaria asociación de militares retirados y en actividad, la dimisión sorprendió al generalato y puso en un brete a los tertulianos de la vieja sede de Avenida del Libertador, esta vez acusados de “calumnias solapadas” y “rumores y murmuraciones sin fundamento”. Especialmente castigada en el reglamento militar, la murmuración constituye una de las transgresiones más graves a los códigos castrenses. Y es penada con arresto. De ahí que la incriminación realizada por Aguerre al cm sea bastante más grave de lo que en principio parece. Pero hay más: en su carta –dirigida al presidente del cm, coronel Guillermo Cedrez, previa consulta con todos los generales en actividad– el comandante emplaza a la institución por cuestionamientos al trato que le dispensa a su padre, Pedro Aguerre Albano, un viejo general retirado, preso durante la última dictadura por integrar una corriente, la 1815. Esta agrupación, de corte nacionalista, latinoamericana y antimperialista, fue encabezada por el coronel Pedro Montañez.
La referencia al vínculo filial saca a la luz una larga y traumática historia familiar, signada por las armas. Aun sin demasiadas coincidencias ideológicas con su padre, durante su carrera Aguerre acumuló sanciones de todo tipo –“tipazos”, como se les llama en la jerga militar– por ser “hijo de”. Cuentan desde su entorno que hasta no hace mucho tiempo algunos de sus camaradas lo acusaban incluso de tupamaro o comunista.
Con una carrera militar que los estudiosos del Ejército catalogan como “brillante” (véase recuadro), el actual comandante ha buscado por todos los medios deslindarse del legado político de su padre. Cuando el año pasado Aguerre Albano publicó el libro Hermano, trabajaremos de preso. El coronel Pedro Montañez y la corriente 1815, editado por Banda Oriental, el comandante se apersonó frente a su padre para decirle: “Mirá, viejo, vengo a decirte de frente que no voy a ir a la presentación”. Se trataba, a su entender, de separar esferas, y de evitar que su presencia allí fuera interpretada por los centuriones militares como un gesto de afinidad ideológica.
Sin embargo, a las reticencias que Aguerre ha generado por su vínculo sanguíneo se agregan fuertes tensiones políticas vinculadas a la orientación que el comandante ha dado al Ejército desde su asunción en 2011. En aquella oportunidad dijo que “si hubiera tenido un desaparecido en mi familia sería el primero en buscar una respuesta”, aunque tampoco promovió sanciones disciplinarias a quienes se reservaran información. Más tarde, tras el hallazgo de los restos del maestro y periodista Julio Castro, convocó a una conferencia de prensa en el Comando del Ejército donde aclaró que “el Ejército no aceptará, tolerará o encubrirá a homicidas o delincuentes entre sus fuerzas”, y cuestionó con inusuales expresiones a sus colegas de armas que cometieron crímenes durante la dictadura, al decir que “el Ejército no es una horda, malón o algo similar” y que, de existir un pacto de silencio en torno a los delitos durante la dictadura, daba la orden de su “revocación inmediata”. Más allá del eco que hayan tenido sus palabras, aquel fue un punto de inflexión en su relación con el Centro Militar. Luego vendrían otros, tanto o más irritantes para las afiebradas mentes de algunos uniformados, muy activos en las labores conspirativas.

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Comentarios   

 
0 #2 heber 16-03-2013 14:35
En tanto se tensa la interna militar ,tratan de que renuncie el comandante , ya son mayoría en todos los clubes militares , lograron el desplazamiento de la jueza Mota ,cambio la correlación de fuerzas en la Suprema Corte ,en favor de la impunidad ,van por la libertad de los presos,mientras el berborragico Ministro , acusa a un innominado integrante del consejo de ministros de traidor , sembrando la sospecha entre los integrantes o sea el divisionismo; califica soezmente a todos los parlamentarios que votaron la ley de inprescritibili dad de los delitos de lesa humanidad ; ahora lanza la alarma sobre la potabilidad del agua ,sembrando el miedo en la población ; alguien lo escucho solidarizarse con el comandante Aguerre , fue a visitarlo al hospital .Se puede entender que esta persona sea ministro hay algún sector que lo apoye , incluso entre los ciudadanos blancos y colorados te dicen " callensen que uds.tienen al milico ese de ministro" , bueno la foto sentado con el séquito detrás lo pinta entero.
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-1 #1 Juan J. Muñiz 16-03-2013 01:43
No se necesita ser "jurásico" para estar en desacuerdo con esta reestructura en el Ejército, o por lo menos no me considero en esa calificación. Soy Coronel retirado, no soy socio del Centro Militar y entiendo que habrá motivaciones e intenciones que desconozco y por lo cual no critico, sin dejar de manifestar mi desacuerto.
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