Un conservador que negocia
- Última actualización en 27 Marzo 2013
- Escrito por: Mariana Contreras
Con la socióloga argentina Verónica Giménez Béliveau
Doctora en sociología, docente de la Universidad de Buenos Aires, Giménez Béliveau tiene a la Iglesia Católica argentina como uno de sus principales temas de investigación.
—El hecho de que Bergoglio sea latinoamericano parece ir en estos días asociado a una idea bastante confusa de renovación, casi que de progresismo. ¿Qué significa un papa de este continente?
—Bergoglio es un conservador de tipo particular: un conservador popular. Las anécdotas de que va a las villas y está con la gente son reales. Es una faz. La otra es que perteneció, pertenece, a una Iglesia que estuvo implicada en los crímenes de la dictadura, por acción u omisión. Pero por sobre todas las cosas es un gran negociador. Cuando se aprobó el matrimonio igualitario, en una carta que escribió a una congregación de monjas tenía un discurso sobre la avanzada del demonio y la guerra santa. Poco antes de su aprobación intentó negociar con las organizaciones lgtb para que saliera la unión civil y no el matrimonio. Esta impronta de populismo, de estar con la gente, de buscar la fuerza ahí, es lo que genera esa actitud negociadora.
—¿Y la impronta latinoamericana qué puede aportar?
—Una serie de preocupaciones que evidentemente no son las europeas. Toda la preocupación del ahora Francisco por la pobreza forma parte desde la raíz del mensaje de la Iglesia latinoamericana. Su elección del nombre, la manera en que se presenta, la forma de vestirse… está de moda decir que son gestos, y lo son: maneras de mostrar una determinada posición. Eso es lo que cambia. Existe también un “premio” a América Latina en su carácter de lo que Pablo VI llamó “continente de la esperanza”. Ojo, eso me interesa reverlo, porque hoy es un continente plural, y en eso no hay retorno por más que desde la Iglesia se lo vea como ese continente primariamente católico. América Latina está atravesada por todas las corrientes relacionadas con la modernidad: las personas decidimos cuántos hijos queremos tener, con quién casarnos o no, y no estamos dispuestos a que una institución regule ese tipo de comportamientos, por más que exista un mínimo núcleo de activistas católicos que se sometan voluntariamente a esto.
—Pensando en la Iglesia uruguaya, hay muchos católicos en desacuerdo con las posiciones oficiales pero no logran manifestarse abiertamente en contra de esas posiciones.
—¿No logran o no les interesa? Porque cuando digo que hacen lo que quieren con cuestiones centrales de su vida quiero decir que por más que la Iglesia diga que sólo se puede usar el método anticonceptivo de Billings, la gente hace lo que quiere. Nosotros hacemos una cuenta: pensar el momento de la transición demográfica, cuando se pasa de tener 9 o 12 hijos a tener tres. Eso se considera el pasaje de la no regulación en la anticoncepción a la concepción regulada; acá tuvo lugar en 1930. O sea que desde ese tiempo los argentinos no le dan bola a la Iglesia en temas relacionados con la anticoncepción. Tomo este tema porque me parece central en lo que tiene que ver con las decisiones íntimas del individuo. Podemos tener distintas pertenencias, pero la crisis que enfrenta la Iglesia Católica es importante y tiene que ver con esto, la desregulación de la vida de las personas. Es una institución que intenta verbalmente regular la vida de las personas pero no lo consigue.
—¿En qué se basa el entusiasmo con la idea de que Bergoglio puede renovar la Iglesia? Si a pesar de su impronta de trabajo social es conservador en su ideología, ¿su conservadurismo no atenta contra esos pobres?
—Es que desde la perspectiva de acá no lo es (ojo que también hay gente en contra). Para la gente que lo acompaña y experimenta una sincera alegría, lo que siente es el acompañamiento de este sacerdote, no que les esté en contra. La despenalización del aborto, por ejemplo, no es un reclamo popular, lamentablemente. Está sostenido por grupos de militancia feminista y de izquierda, que últimamente se ha ampliado. La gente en las villas no pide despenalización del aborto, excepto algunos dirigentes. En el interior el tema es todavía difícil: hay un 25 por ciento, sobre todo en el norte, que dice que el aborto debería estar prohibido en toda circunstancia. Según una encuesta que hicimos en 2008, sólo el 14 por ciento opina que debería estar permitido en toda circunstancia, y una enorme mayoría dice que a veces sí y a veces no. Esa mayoría no piensa que si el papa está en contra del aborto les está haciendo un daño.
—¿Entonces la esperanza de cambio se sustenta en una forma de vivir la fe, en el rol del cura acompañando?.. PARA LEER EL CONTENIDO COMPLETO DE LA NOTA SUSCRIBITE A BRECHA DIGITAL, arriba a la derecha.

