En odres viejos

La Iglesia uruguaya ante el nuevo papa

Cambios parece que habrá. Su sentido, sin embargo, es tan difícil de precisar como el del gesto de Bergoglio de obsequiarle a la presidenta argentina el “Documento de Aparecida”. Probablemente pueda esperarse un retroceso de las tendencias que reducen las prácticas cristianas a un espiritualismo intimista; quizás en la nómina de candidatos a suceder a Cotugno pueda incluirse alguno definible como “moderado”.

“Y nadie echa vino nuevo en odres viejos,
porque entonces los odres se revientan,
el vino se derrama y los odres se pierden;
sino que se echa vino nuevo en odres nuevos,
y ambos se conservan.”
Mateo, 9.17

Día 13 del mes tres del año 2013. A miles de quilómetros del Vaticano, allende el Plata, todo se sacude. El mundo tiene nuevo papa y es nada menos que un argentino. “Bergoglio”, lanzó en medio del chapuceo en latín el cardenal a cargo de dar la noticia al mundo. 

Los medios atiborran de información: el hasta entonces arzobispo de Buenos Aires es un hombre sencillo, de gran trabajo en las villas, un andariego entre los pobres de la capital argentina, que viaja en colectivo, toma mate y le gusta el fútbol. Un sacerdote del Tercer Mundo, llegó a decirse, entreverando la simple procedencia geográfica con el movimiento que un grupo de curas latinoamericanos impulsó luego del Concilio Vaticano II y que vinculó fuertemente la práctica religiosa con la política por izquierda.
En poco rato Argentina hierve; por sí o por no, pero hierve. Aquel nombre también hiere una sensibilidad a flor de piel y esa lanza cruza el río. Aquí como allá se suceden nuevos testimonios para viejas acusaciones sobre su actuación en años de dictadura. Las defensas que en su momento le escasearon a Bergoglio sobran ahora para este nuevo Francisco.
Cierta o no, en tiempo récord Jorge Bergoglio forjó una imagen de futuro para la Iglesia. “¡Cómo me gustaría una Iglesia pobre, para los pobres!”, dijo en su primer encuentro con periodistas, convirtiendo esas palabras en carta de presentación y mensaje programático. La invocación a Juan XXIII, pareció innegable. “La Iglesia, que es la Iglesia de todos, quiere ser particularmente la Iglesia de los pobres”, dijo aquel en un radio mensaje en la víspera del inicio del Concilio Vaticano II, su gran obra que sentó las bases para una iglesia moderna.
Pero ¿de qué Iglesia para los pobres estará hablando Bergoglio? En 1993 el jesuita uruguayo Luis Pérez Aguirre refería a la frase de Juan con unas palabras aún hoy llenas de vigencia: “La imagen que actualmente da nuestra Iglesia es que no pertenece a los pobres, que es una Iglesia rica y al lado de los ricos. Bloch llegó a decir, indignado, que ubi pecunia, ibi ecclesia (donde está el dinero, allí está la Iglesia). También Péguy se quejaba a principios de este siglo de que ‘si la Iglesia ha cesado de ser la religión oficial del Estado, no ha dejado de ser la religión oficial de la burguesía... porque es y actúa como la religión formal del rico. He aquí lo que el pueblo percibe muy bien, sin duda, bien sea de manera oscura, o claramente. Esto es lo que el pueblo ve. Y esta es la razón por la que la Iglesia no es nada y no volverá a abrirse a menos que ella también se decida a pagar los costos de una revolución económica’”.*
El recambio en el sillón de Pedro encuentra a la Iglesia uruguaya en su propio contexto de cambio. En setiembre el arzobispo de Montevideo, Nicolás Cotugno –figura omnipresente de la Iglesia local– cumplirá 75 años y, tal como lo estipula el derecho canónico, cesará en su puesto. Ahora que algunos dicen que la política vaticana cambiará, otros piensan que tal vez algo de aquellos vientos llegue a este puerto y se ilusionan con que la Santa Sede anuncie un sucesor más a tono con los nuevos tiempos. O que al menos no sofoque, como ha hecho Cotugno, todo espacio de disidencia con las formas de hacer oficiales.

PUERTAS ABIERTAS. ¿Qué puede cambiar en la Iglesia uruguaya? Los “gestos” de Bergoglio abrieron un espacio para el optimismo, moderado en algunos, más evidente en otros. Paul Dabezies, sacerdote allegado a la teología de la liberación, distingue entre expectativas y esperanzas. “Esperanza es que sin saber mucho hacia dónde van las cosas, abrís tu corazón y decís: lo que yo veía hasta ahora como terriblemente cerrado parece que se puede abrir. Las expectativas son esperanzas más chicas, a corto plazo. Evidentemente que hay expectativas de que meta mano en la curia romana.” Pero para eso –puntualizó el sacerdote– habrá que esperar los nombramientos de las secretarías que no se producirán hasta luego de Semana Santa; será entonces cuando se conocerá la orientación que Francisco imprimirá a la política vaticana. Y en cuanto a la realidad uruguaya, “tengo esperanzas de que algo cambie. En ese sentido es importante que sea latinoamericano”, dijo en referencia a la sucesión de Cotugno.
Más optimista pareció el obispo de Tacuarembó, Julio Bonino, quien reparó en el regalo que Francisco hizo a la presidenta argentina Cristina Fernández: un ejemplar del documento conclusivo del V Consejo Episcopal Latinoamericano y del Caribe (Celam), vigente desde 2007. Bergoglio presidió la comisión de redacción, que abarca las líneas de acción para la Iglesia latinoamericana y que, entiende el obispo Bonino, llama a “desembarazarse de estructuras caducas para servir a la liberación integral de América Latina y el Caribe”.
El documento contiene párrafos de condena a las consecuencias de la globalización en el continente, como éste: “conducida por una tendencia que privilegia el lucro y estimula la competencia, la globalización sigue una dinámica de concentración de poder y de riquezas en manos de pocos, no sólo de los recursos físicos y monetarios, sino sobre todo de la información y de los recursos humanos, lo que produce la exclusión de todos aquellos no suficientemente capacitados e informados, aumentando las desigualdades que marcan tristemente nuestro continente y que mantienen en la pobreza a una multitud de personas”.
Pero también contiene otros como el siguiente: “Constatamos un cierto progreso democrático que se demuestra en diversos procesos electorales. Sin embargo, vemos con preocupación el acelerado avance de diversas formas de regresión autoritaria por vía democrática que, en ciertas ocasiones, derivan en regímenes de corte neopopulista”.**.. PARA LEER EL CONTENIDO COMPLETO DE LA NOTA SUSCRIBITE A BRECHA DIGITAL, arriba a la derecha.

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