La Encuesta de Cultura Ciudadana y Convivencia
En la tarde de ayer se presentaron los resultados de la Encuesta de Cultura Ciudadana y Convivencia, diseñada por Antanas Mockus y su equipo cuando estuvo al frente de la alcaldía de la ciudad colombiana de Bogotá y aplicada ahora en nuestra área metropolitana. El ex jerarca caribeño conversó con Brecha sobre los resultados y la función pedagógica que impulsa su discurso.
La encuesta mide percepciones de la ciudadanía, no hechos, y está formulada con preguntas cerradas. Fue diseñada para medir el avance de las acciones que el primer gobierno de Mockus llevó adelante en la alcaldía de Bogotá y ya fue aplicada en varias ciudades colombianas, así como en ocho de América Latina.*
La primera parte está dedicada a problemas en el tránsito. En todos los casos, cerca del 80 por ciento de los metropolitanos declaran que ante un conflicto en este terreno “no hacen nada”; y esa será la respuesta mayoritaria ante las situaciones que se les irán planteando.
Una quinta parte de los consultados declaró que el principal conflicto que han enfrentado ha sido que alguno de sus vecinos puso la música demasiado fuerte. El resto de los conflictos que se presentan como opciones son: “presenciaron riñas entre borrachos de su barrio”–así, tal cual–, agresión a los hijos, impago de deudas o de remuneraciones por trabajo, y discriminación o humillaciones por su apariencia física. Esas fueron las variables de conflictividad manejadas. En todos los casos un gran número de los consultados respondió que no responde, que no hace nada. En el caso del trabajo parece que sí abren la boca o acuden a la autoridad. Los “pasivos” son, ante esta situación, la mitad. La proporción se mantiene cuando el asunto es que no les pagaron lo que se les debía.
Dicen los metropolitanos que tampoco reaccionan si alguien se cuela en una fila, si otro llega tarde a una reunión de trabajo, ante la venta de mercadería de contrabando o si ven que alguien cruza la calle en el lugar indebido. A su vez, el 80 por ciento afirma que acataría el llamado de atención de un tercero si los encontrara incurriendo en alguna de estas faltas.
Preguntados sobre cómo perciben el control de ciertas situaciones por parte del Estado, el 30 por ciento considera que se concreta al fiscalizar el uso del casco al andar en moto o al estacionar en un lugar indebido. Entienden que la música fuerte, arrojar basura en la calle y los vendedores ambulantes sin autorización no reciben mayor atención de la autoridad, y que esas actividades tampoco son corregidas por el resto de la gente. Es decir, las mismas personas que habían contestado en la mayoría de los casos que “no harían nada” ante alguna falta.
La inacción, parece, queda cómoda. Sólo un 9 por ciento afirmó que participa activamente en organizaciones deportivas, el resto ni pica. En las políticas, mucho menos: sólo un 2,8 por ciento de los encuestados lo hace activamente en alguna organización, y cerca del 60 por ciento afirma que no le interesa el tema.
Los interrogados aseguran que no tienen mayores problemas en su relacionamiento con la ley, aunque cerca de la mitad la infringiría si su familia o su propiedad estuvieran en riesgo. Algo que se vuelve preocupante sobre todo cuando se lo combina con el dato de que el 26 por ciento de los consultados afirma estar de acuerdo con el porte de armas, porcentaje que está entre los más altos de las ciudades donde se ha hecho la encuesta. El guarismo le pisa los talones al de Quito (30 por ciento) y no está tan lejos del 40 registrado en Monterrey.
La delincuencia común y el consumo de alcohol y drogas serían los motivos que hacen a la ciudad más insegura. Las otras opciones a esta pregunta son: la indiferencia, la existencia del crimen organizado y la poca confianza en la Policía. El 43 por ciento opinó que la metrópoli es menos segura que el año pasado. A pesar de esta percepción, sólo un 24 por ciento dice haber sido víctima de un delito, porcentaje cercano al de Medellín (19), el más bajo de los sondeados.
Uno de los datos más impactantes apareció cuando se presentaron opciones de personas que los consultados no querrían tener en su familia. Alcohólicos, drogadictos y narcotraficantes llegan así juntitos y a la par, elegidos por un 80 por ciento como candidatos a ser expulsados del hogar.
Los preguntados también dicen que pagan los impuestos, pero en su mayoría están de acuerdo en comprar sin factura si esto les permite pagar menos; que se puede confiar en la gente, sobre todo en los maestros, por encima de cualquier político o policía. Un 90 por ciento dice que actúa siguiendo su propia conciencia. La mitad no pasa de un saludo en el vínculo con sus vecinos, pero más del 80 por ciento de los consultados cree que vive junto a personas amables.
En síntesis, los metropolitanos no tendrían grandes motivos de conflicto. La pregunta que rompe los ojos es entonces por qué tantos manifiestan su disposición a armarse.
LA ENTREVISTA. Con aire algo extraviado y lentón llegó Antanas Mockus a la entrevista con este semanario. Se muestra embelesado con nuestra “cultura democrática”, con que aquí no se aparenta, que no se cree “de los dientes para afuera”, con que nuestros políticos discutan con respeto, que este país tiene “historia de un país democrático que atiende sus problemas sin romper la confianza”. Por eso la tendencia a armarse se sale de lo que podría esperarse.
Las acciones de Mockus durante sus dos mandatos en la alcaldía son parte de las que el Ministerio del Interior viene estudiando tras haber decidido que su enfoque sobre la seguridad será el de una “estrategia de vida y convivencia”. Además del suyo se tomaron los ejemplos de Jorge Melguizo al frente de la Secretaría de Cultura de Medellín y el de Arturo Valenzuela, coordinador de la Mesa de Seguridad de la ciudad mexicana de Juárez.
Las medidas del bogotano fueron tan singulares como él. Publicitarias, diría alguien, aunque rechaza el calificativo: “Defiendo que yo he hecho básicamente pedagogía”.
{restrict}Lo que ha sido innegable es su vínculo estrecho con los medios de comunicación –sobre todo con la televisión– para amplificar sus medidas ejemplarizantes: vestirse con el traje de “Súper Cívico”, rapear el debate en el concejo de la ciudad, salir personalmente a controlar los contadores de agua de algunas casas ante una sequía.
El resto de las acciones fueron igual de pintorescas. Para incidir en los conflictos de tránsito hizo repartir 300 mil tarjetas ciudadanas con un dedo para arriba y otras tantas con el pulgar para abajo para que la gente se evaluara entre sí desde sus vehículos. Se llevaron mimos y payasos a las calles para instruir a los peatones.
“Un policía –ejemplificó Mockus– vio a un empresario hablando por celular mientras manejaba. Lo paró y le dijo: ‘Acompáñeme a una acción pedagógica’. En ella un policía, disfrazado de celular tamaño persona humana, le pidió al señor que diera tres vueltas a una rotonda. Ese empresario le contó esa historia a todos los que se encontró en esos días. Otro una vez me dijo: ‘Jamás he sentido la vergüenza que he pasado cuando un mimo me corrigió en la esquina de la 72 con la séptima.”
¿En su estrategia de seguridad la obra pública tuvo la misma importancia que en Medellín? “Hay un Centro de la Memoria –unos archivos distritales–, que lo llamamos también Centro de Transparencia, hay huellas en la infraestructura, se hicieron las primeras ciclorrutas, pero no con una actitud de sistema de transporte complementario, sino un poco recreacional, ecológico. (Para eso) conseguí más dinero por tributos y por la venta de la mitad de la empresa de energía”, respondió el bogotano.
Según dijo el sociólogo Gustavo Leal, asesor del Ministerio del Interior, el punto que les interesa de la experiencia de Mockus es su concepto de “pedagogía política”: “La experiencia más significativa de Bogotá fue que se propusieron promover un cambio cultural en actitudes, comportamientos y valoraciones. Eso lo hicieron con un plan muy preciso y enfocado a objetivos muy concretos. Ejercicios de pedagogía política desde la institucionalidad que colaboran a que se pueda cambiar el punto de vista en la gente”.
Durante la pasada semana Mockus estuvo reunido con Ana Olivera y Marcos Carámbula, intendentes que han aunado su trabajo con el Ministerio del Interior. Leal dijo a Brecha que, en función de esas reuniones, “va a haber toda una línea de trabajo vinculada al espacio público como un tema central que no ha estado demasiado en la agenda. Poner el uso del espacio público como un tema clave, sobre el cual hay que pensar y hacer políticas decisivas, como un tema estratégico en la construcción de ciudad y convivencia, es un punto clave sobre el que va a haber acciones”.
* México df, Belo Horizonte, Caracas, La Paz, Quito, Bogotá y Medellín.{\restict}