Con Roberto Caballero, sobre periodismo en la era K
El gobierno “nacional y popular” que puso en marcha Néstor Kirchner y continúa Cristina Fernández de Kirchner en Argentina ha dividido profundamente al periodismo argentino. No es de extrañar que los grandes medios, los que les marcan la agenda a los sucesivos gobiernos democráticos, formen parte de los poderes fácticos en pugna con la actual administración.
Roberto Caballero es un periodista reconocido en Argentina que en los últimos años ha dirigido varios proyectos periodísticos que se ubican en la vereda del kirchnerismo, en el marco de una polarización comunicacional que nadie niega. Hasta hace un año fue director periodístico del diario Tiempo Argentino, que pertenece al grupo de medios Szpolsky, afín al gobierno. Actualmente tiene un programa en Radio Nacional y escribe una columna semanal en el diario que dirigió, fue mentor de la revista Veintitrés y escribió una completa biografía sobre el fallecido guerrillero montonero Rodolfo Galimberti.
En entrevista con Brecha, Caballero explicó que en Argentina está en crisis “el periodismo que posó de liberal, independiente y autónomo; un tipo de periodismo que ya no es posible ejercer desde el mundo de las corporaciones de medios”. “En Clarín las tapas bajan de los accionistas” y “muchos periodistas no firman las notas que son utilizadas para la tapa”, disparó.
Del otro lado, el gobierno libra varias batallas con los poderes fácticos, afirma, y defiende la necesidad de tomar posición. “Yo no miento y cuento lo que sé, y veo a un gobierno democrático que está peleando contra poderes antidemocráticos, y si además tengo que dar una opinión la doy”, argumenta.
—¿En qué consiste el “modelo argentino” de gestión, que se diferencia claramente del que aplican otros gobiernos progresistas de la región?
—Cualquiera que viaje se da cuenta de que el mundo ya no es lo que era, con guarismos de desocupación de dos dígitos en los países desarrollados. En ese contexto terrible, Argentina creó 5 millones de puestos de trabajo durante los gobiernos de Néstor y Cristina, aplicando recetas heterodoxas. A esta altura, es una cuestión de soberanía mantener esos puestos de trabajo.
—Pero ese modelo, además de algunos efectos internos, como la inflación y la fuga de capitales, está perjudicando fuertemente a otros socios del Mercosur, por ejemplo a Uruguay.
—Para salir de la crisis económica y social en la que estaba inmerso el país, el gobierno apostó a un modelo de sustitución de importaciones, y eso hay que decirlo claramente. Todos los países con una industria más o menos desarrollada no la desmantelan, y de hecho a nosotros nos pasa con Brasil lo que a Uruguay con Argentina. Es cierto que Argentina asume algún punto de inflación a costa de mantener la actividad, y eso está en el centro de la política económica actual. Creo que los países socios del Mercosur tienen que hablar de todo esto y buscar mecanismos para paliar estas asimetrías.
—¿Cómo explica las medidas cambiarias que se tomaron en medio de una temporada turística?
—Argentina no hace esto contra Uruguay, se trata de una decisión estratégica. El gobierno decidió no tomar deuda para pagar sus obligaciones, porque el gobierno no quiere endeudar al país otra vez. Mientras se da la pelea con los fondos buitres, el gobierno apuesta por mantener los dólares que genera en la plaza y ser autosuficiente.
—Muchos economistas dicen que el modelo empieza a hacer agua y que en algún punto se va a desequilibrar: la inflación, el flujo de caja, la actividad... PARA LEER EL CONTENIDO COMPLETO DE LA NOTA SUSCRIBITE A BRECHA DIGITAL, arriba a la derecha.