Cambio de frente
- Última actualización en 19 Abril 2013
- Escrito por: Rodrigo Abelenda
Se mueve el tablero electoral en Montevideo
El pragmatismo primó sobre los “refugios dogmáticos” blancos, y así Alianza Nacional abrió la portera para una coalición con los colorados para intentar ganar la Intendencia montevideana. En el fa ven que la movida de la oposición interpela al gobierno capitalino, y adelanta un debate que estaba pensado para el año que viene. La estrategia no es asumir una defensa cerrada de lo ya hecho sino proyectar la ciudad “que se viene”.
En un movimiento inesperado, cargado de realismo político, Alianza Nacional (an) se acomodó dentro de una compleja maquinaria electoral para pelear la Intendencia. Y de paso avivó el fuego de una campaña por los votos capitalinos que se viene horneando hace rato. Al influjo de su líder, Jorge Larrañaga (quien se mostraba como defensor de una identidad blanca inclaudicable), el sector terminó despejando el camino para una nueva coalición que aspira a incluir a blancos, colorados e independientes, una idea que no “llevaba” y sobre la que negociaban el Partido Colorado (pc) y buena parte del Herrerismo.
El giro –que según sostienen fue fruto de un análisis meditado– quedó plasmado el domingo en una columna que el “Guapo” publicó en el portal de su sector. El artículo no ahorra en las clásicas críticas a la gestión frenteamplista de la Intendencia: “El Frente está gobernando muy mal a Montevideo. Nuestra obligación como referente político es ofrecerle a la gente una alternativa posible para el cambio”. Larrañaga sostuvo (y parecía aludir a la famosa “heladera” ganadora): “Los últimos 25 años, como fenómeno de jactancia de poder y a la vez de irresponsabilidad frente a los montevideanos, el fa ha hecho de la capital una moneda de cambio, una pertenencia sujeta a transacción en la interna de ‘la fuerza política’, descontando el voto frentista, y ello supone un menoscabo que nos hace a los ciudadanos en general”. Tampoco existe, según escribió, la famosa “herencia maldita” en la Intendencia, más que la de la propia fuerza política que gobierna desde 1990 (“El Frente pretende hacer de los montevideanos vecinos cautivos de un proyecto que se ha vaciado de contenido”). Y luego el eslogan: “Esto no da para más. El momento es ahora”.
En la columna sí es cuidadoso en señalar que es necesario explorar no una alianza con el pc sino una “coalición cívica” en donde los colorados son incluidos como un grupo más, junto a ciudadanos blancos e independientes (e incluso “desencantados”). Este objetivo ya tiene el primer escollo desde que el Partido Independiente (pi), que siempre fue contrario a esta estrategia, rechazó el convite rápidamente. Las razones fueron “claramente ideológicas”: en el pi se asume que los partidos tradicionales son parte de un mismo bloque ideológico político y electoral del cual buscan alejarse para afirmarse como un partido socialdemócrata.
El experimento aspira a recoger el trasiego de votos que se dio en la última elección municipal en Paysandú, Salto, Florida, Treinta y Tres y San José, donde los partidos fundacionales recuperaron algunas comunas. Los primeros sondeos de Equipos Mori mostraron que un tercio de los votantes blanquicolorados rechazó el acuerdo, mientras un tercio está expectante.
Pero la realpolitik (en su sentido clásico: política basada en objetivos prácticos, adaptada a las cosas como son, más que en convicciones ideológicas, según la definición de la Enciclopedia Británica) pudo más: “Por encima de las preferencias personales sobre las alternativas para Montevideo, se impone una actitud de realismo político y cívico, que encare con coraje republicano las demandas de la población”, argumentó Larrañaga.
El cambio, sin embargo, no significa “claudicar de convicciones y principios” que hacen a la identidad del Partido Nacional: “No tengo una trayectoria de dobleces, tampoco de reducirme a simplismos guarecidos en el confort de dejar que las cosas pasen”. Es que a juicio de Larrañaga, en una elección nacional están en juego los aspectos ideológicos y de principios, mientras que en la departamental las convicciones políticas dejan paso a la llana y lisa gestión. “Tapar pozos, prender las luces y recolectar la basura no involucran cuestiones de principios”, marcó el líder aliancista en diálogo con Brecha.
El programa de gobierno que surja de la eventual coalición recogerá ese pragmatismo, apuntó por su lado Jorge Gandini, uno de los autoproclamados candidatos por an: “Resta abordar todos los caminos formales, pero la voluntad está. Lo que es claro es que Larrañaga cambió su posición y habilita su respaldo aunque no sabemos cómo termina”. Es que antes de concretar, blancos y colorados deberán resolver los candidatos del nuevo invento para que abarque las distintas sensibilidades. Y allí parece poco factible que se conformen con un único candidato del otro partido, por lo que la solución vendría por tener tres postulantes a la im por el nuevo partido (uno blanco, uno colorado, y un independiente). Además, los demás sectores del universo blanco, como Unidad Nacional y los grupos del senador Saravia, también querrán tener voz en la elección del candidato por el pn.
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