Un juez de lentes oscuros
- Última actualización en 19 Abril 2013
- Escrito por: Walter Pernas
El hombre de la “muralla” y la dictadura
Egresado de la Facultad de Derecho el 15 de octubre de 1975, Jorge Ruibal Pino, tardó menos de dos años en obtener un puesto como fiscal letrado del departamento de Rivera, el 21 de setiembre de 1977, en plena dictadura militar.
Menos de un año después, el 29 de agosto de 1978, lo ascendieron a la Fiscalía Letrada Departamental de Carmelo.
Eran tiempos en que solían aparecer cadáveres en las costas colonienses: cuerpos de detenidos desaparecidos arrojados al mar desde aviones militares. A tres semanas de haber desempacado en su nueva oficina, llegó el aviso: el señor Emilio Diez caminaba a las ocho de la mañana por la costa del Parador Punta Gorda, en Nueva Palmira, donde las aguas del río Uruguay se juntan con las del Río de la Plata, cuando encontró un cuerpo tendido en la arena, boca abajo.
Era un hombre de piel “blanca”, de entre “20 y 30 años” de edad, con “cabello negro, barba y bigote”; medía 1.75 centímetros y pesaba unos 70 quilos. Vestía “escarpines color bordó, botas de gamuza marrón, camisa blanca, manga corta, pantalón de tela jean azul, malla de baño negra y buzo de lana rojo con guardas blancas en los puños, cintura y cuello. (...) Al examen externo no presenta ningún signo de violencia”, según el informe del forense Edel Bocagi.
De acuerdo a este documento, el cuerpo se encontraba en “avanzado estado de descomposición”, con un tiempo de muerte aproximado de “siete días”. Causa de muerte, según la autopsia: “Asfixia por inmersión”.
Con datos como éstos una Fiscalía letrada departamental tiene el deber de promover una investigación, sobre todo cuando se habían encontrando ya siete cadáveres en circunstancias similares entre octubre de 1975 y setiembre de 1976. Pero Ruibal Pino no movió un dedo, ni renunció a su cargo al ver que la justicia archivaba el caso sin más trámite.
El cuerpo fue inhumado el mismo 20 de setiembre, en la fosa 72/78 del cementerio local, tras la autorización del juez letrado de primera instancia de Carmelo, Eduardo Artecona. Todavía es un muerto nn (“ningún nombre”), que pide ser identificado desde la época en que Ruibal Pino era un joven fiscal de Carmelo. El magistrado tenía 33 años y toda una carrera por delante.
POR UNANIMIDAD. Menos de un año después, en agosto de 1979, Fernando Bayardo Bengoa (ex fiscal de Corte nombrado a influjo de Jorge Pacheco Areco en 1971, y para entonces titular del Ministerio de Justicia de la dictadura), consideró que Ruibal podía ser un buen juez en el marco del proceso militar. Por ello, le ofreció salir del Ministerio Público y pasar al Poder Judicial como titular de la sede letrada de la ciudad de Colonia, donde era necesario estar alerta por la nueva aparición de cuerpos en el agua, y mantener aquellos expedientes cerrados, sin posibilidades de ser investigados a fin de determinar que se trataba de casos de detenidos desaparecidos.
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Comentarios
En este y en otros muchos temas el gobierno de la "izquierda" me hace sentir verguenza por haberlo votado
Pienso si, en su soberbia, ellos sabrán lo que significa.
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