Brecha Digital

Integración de mercados y combate a la pobreza

Seminario de la CEPAL

Esta semana tuvo lugar en Santiago de Chile un seminario organizado por la cepal llamado “Neoestructuralismo
y economía heterodoxa”. Varios expositores –entre ellos algunos uruguayos– analizaron temas como el rol de la macroeconomía, la productividad y el cambio estructural de las economías latinoamericanas, la participación del Estado frente a las crisis, y la nueva situación de la economía internacional.

Frente a la incapacidad de la teoría económica tradicional para explicar determinados fenómenos sucedidos en América Latina, surgió a mediados del siglo xx, en torno a la cepal, una corriente de pensamiento que se denominó “estructuralismo latinoamericano”. Se trata de un conjunto de herramientas que permite analizar la economía y el desarrollo de las sociedades. Forma parte de las teorías que intentan explicar el subdesarrollo y ofrece un conjunto de interpretaciones acerca de cómo salir de él. Para ello analiza la dinámica de las estructuras productivas de los países centrales (industrializados) y periféricos (no industrializados): el crecimiento, el cambio tecnológico y su interacción con el entorno social, donde destacan el empleo y la distribución del ingreso.
Parte de la premisa de que existe un deterioro continuo de la relación real de intercambio de las economías primario-periféricas y el mundo industrializado; la demanda de productos manufacturados crece mucho más de prisa que la de materias primas. Por ello, el estructuralismo afirma que la industrialización es el camino que los países latinoamericanos deben seguir para escapar del subdesarrollo.
Pero este no es un camino libre de obstáculos; el rol del Estado es indispensable para sortear la “heterogeneidad estructural” (diferencias entre las productividades de los sectores de una economía y entre países centrales y periféricos). Además, se entiende necesario modificar arreglos institucionales poco propicios a incentivar a los agentes económicos y a realizar cambios tecnológicos necesarios para lograr un proceso de industrialización exitoso.
El neoestructuralismo tiene muchos elementos de continuidad con el estructuralismo; fundamentalmente la preocupación por la heterogeneidad estructural, pero agrega otros elementos, entre los que destacan: la importancia de la equidad para la transformación productiva; énfasis en la estabilidad macroeconómica, particularmente a los efectos de los flujos financieros; una elaboración teórica más profunda acerca de los mecanismos por los cuales se produce el cambio técnico y una mayor atención a la sostenibilidad ambiental.

MERCADOS INTEGRADOS. En cuanto a la política macroeconómica, una mirada fugaz al pasado muestra cómo fue mutando de los objetivos de pleno empleo y estabilización de los ciclos económicos del keynesianismo, a la estabilización de precios y disciplina fiscal a partir del Consenso de Wa-shington. Mucho se ha hablado del proceso de cambio a nivel continental, sin embargo los expositores, lejos de enarbolar banderas de victoria, alertaron que aún queda pendiente pensar la macroeconomía de cara al desarrollo a largo plazo.
La profunda inestabilidad de las economías latinoamericanas, explicada en parte por la volatilidad de los precios de los commodities y los flujos internacionales de capital, no genera el ambiente propicio para el desarrollo tecnológico y de capacidades productivas que permita modificar la matriz productiva. El chileno Ricardo Ffrench-Davis, uno de los expositores, afirmó que se debe pasar de un enfoque que priorice el cortoplacismo y el “financierismo” a otro que repercuta en el desarrollo productivo y en la equidad. La preocupación por los precios y estabilidad de corto plazo, descuidando los aspectos estratégicos del cambio estructural, implica asumir que en el largo plazo el desempeño económico dependerá de “Dios y los ingenieros”, como solía decir irónicamente la economista Joan Robinson.
No parece haber recetas mágicas, pero se ahondó en la necesidad de un tipo de cambio real competitivo que permita desarrollar a la industria más allá de las ventajas comparativas (productos basados únicamente en recursos naturales y con escaso valor incorporado). Asimismo, se entiende imprescindible una estrategia de inserción internacional diferente a la actual. En el ámbito regional, dado que la estrategia “hacia adentro” (basada exclusivamente en el mercado interno) sólo parece posible en Brasil por sus dimensiones, el resto del continente debería pensar en la integración y en un mercado interno ampliado. Con preocupación algunos analistas afirmaron que el proyecto de integración latinoamericana está en la peor situación desde la década del 80. Respecto a las relaciones de comercio internacional, se entendió fundamental repensar nuestro vínculo con China, ya que las relaciones comerciales actuales reproducen la lógica centro-periferia típica del siglo xix. En este sentido, el economista colombiano José A Ocampo fue categórico: “China tiene una estrategia para América Latina pero América Latina no tiene una estrategia para China”.

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