Tras seis años en el candelero, los presidentes de Argentina, Brasil y Uruguay decidieron aprobar sin más demoras el ingreso de Venezuela al Mercosur. Fue luego de un pedido expreso de la brasileña Dilma Rousseff, que en una reunión privada con sus colegas Mujica y Fernández dejó sentado su enojo con un pedido de coima de un grupo de senadores paraguayos para agilizar la entrada del país caribeño al bloque. Las señales para Hugo Chávez. El compás de espera de Mujica. Los cortocircuitos en el gobierno.
Nunca nadie la había visto así en una cumbre del Mercosur. Y aunque en la anterior, a mediados del año pasado en Asunción, había advertido que "nunca más" volvería a pisar un mitin del bloque regional sin que se dieran pasos trascendentes en favor de la integración, Dilma Rousseff viajó a Mendoza con una decisión tomada: no permitiría que Paraguay marcase el pulso de la integración con un gobierno apenas legítimo. Claro, el camino estaba allanado por otras circunstancias: las repetidas amenazas del nuevo presidente paraguayo, Federico Franco, de interrumpir el suministro de energía a Brasil desde Itaipú; la permanente negativa del Congreso del país guaraní a permitir el ingreso de Venezuela; y, según relató la propia mandataria brasileña, los insistentes pedidos de coima de un grupo de parlamentarios paraguayos a cambio de habilitar la entrada al bloque del país caribeño. La frase retumbó fuerte en la sala de reuniones del Hotel Intercontinental de Mendoza: "Me aburrí de que me estén diciendo que esto se arregla con unos cuantos millones de dólares". La presidenta hacía referencia a una coima de entre 10 y 20 millones de dólares pedida a Brasil y Venezuela por un grupo de senadores paraguayos opositores al ingreso de este último país al Mercosur, según pudo saber Brecha. Para Dilma había llegado el momento de dar vuelta la página.
Pero la presidenta brasileña, que había pedido para hablar a solas con sus pares de la región, puso otro argumento sobre la mesa: era el momento, además, de dar una "señal política" de los gobiernos de la región hacia la Venezuela de Hugo Chávez. De ahí que una de las "circunstancias políticas" que más pesó en la decisión de los presidentes de Argentina (Cristina Fernández), Brasil (Dilma Rousseff) y Uruguay (José Mujica) haya sido la del posible efecto que el ingreso de Venezuela al Mercosur tendría sobre las elecciones venezolanas, previstas para el próximo 7 de octubre. Fue, a todas luces, una señal de fortalecimiento de la candidatura de Hugo Chávez a través de una victoria diplomática que, evaluaron los presidentes, deja muy mal parado a su opositor –Henrique Capriles–. Para la "nomenclatura" interna venezolana, esta decisión consolida para los operadores económicos y políticos la idea de que Chávez logró una victoria que le genera una enorme rigidez a cualquier gobierno futuro que busque otra estrategia de inserción internacional distinta a la de la región. En los hechos, la decisión del bloque "compromete a Venezuela a una integración progresista, lejos de las ambiciones opositoras por lograr una mayor interlocución con Estados Unidos", graficó a Brecha un operador del gobierno de Mujica. Venezuela es por otra parte un país que ha incrementado su flujo comercial con el Mercosur, pero además representa un mercado muy importante tanto para Brasil como para Argentina.
En una sala contigua a donde tenía lugar la reunión de los tres presidentes, el asesor presidencial de Rousseff para Asuntos Internacionales, Marco Aurélio Garcia, adelantaba a sus pares de la región la posición de su presidenta: Brasil iría por el ingreso de Venezuela. Lo hacía junto al ministro de Educación de Brasil, Aloizio Mercadante –al que muchos ya ven como sucesor de Garcia–. En otra sala los cancilleres iniciaban una reunión informal, a la espera de una resolución de los presidentes. Fueron en total 58 minutos de mano a mano entre Rousseff, Fernández y Mujica. Y hubo de todo. Sobre todo exigencias de parte del presidente uruguayo. En particular, pedidos de levantamiento de las restricciones argentinas al comercio con Uruguay, la puesta en marcha del dragado del canal Martín García, la petición de no elevar el arancel externo común (aec) y una demanda de mayor velocidad en la integración de las cadenas productivas, en especial con Brasil. Mujica pidió además bajar al máximo los aranceles para acuerdos comerciales con terceros países latinoamericanos, y apurar el ingreso de otros países al Mercosur, en especial Ecuador. Una vez formalizada la incorporación de Venezuela, las cancillerías del bloque dan como "un hecho" el ingreso solicitado en diciembre pasado por el presidente Rafael Correa.
Mujica pidió a sus socios de la región tiempo hasta el 31 de julio para anunciar el ingreso formal del país caribeño, en Rio de Janeiro. Durante ese lapso, confirmaron fuentes de la Torre Ejecutiva a Brecha, el presidente espera contar con "resultados concretos" de sus gestiones ante los mandatarios de la región y dar tiempo a las cancillerías del bloque para evaluar los "aspectos formales" de la ampliación del acuerdo regional, sobre todo en lo que hace al nuevo engranaje comercial y económico. Una vez terminada la reunión de los presidentes, los cancilleres ingresaron a la sala. Hacia el final del plenario le tocó a la presidenta argentina y a su canciller, Héctor Timerman, anunciar a la prensa las decisiones adoptadas. Visiblemente molesto, Almagro se retiró del lugar. Fuentes de la cancillería uruguaya atribuyen su enojo a un "problema de ritmos". Para el ministro, los tiempos acordados para el ingreso de Venezuela no condicen con el análisis pormenorizado que cada país debe realizar para concretar la adhesión. El canciller entiende además que, como viene dado, el apresurado ingreso de Venezuela deslegitima las sanciones políticas que el bloque impuso a Paraguay.
LAS CLAVES DEL RELATO. En el gobierno uruguayo no terminan de entender la salida pública del canciller Luis Almagro, quien el lunes argumentó que "no era el momento" de permitir el ingreso de Venezuela, algo que –sostuvo– "no debía implementarse en estas circunstancias". "Teníamos fundamentos jurídicos, políticos y éticos al respecto", dijo en una entrevista concedida al programa Tele Buen Día, de Canal 4. "Yo me retiré de sala... en protesta, no estaba de acuerdo con esta decisión (...) el ingreso de Venezuela no debió de haberse hecho así", prosiguió el canciller. Sus declaraciones sorprendieron al Ejecutivo, donde se consideró que Almagro "abrió un frente innecesario". Algunos operadores del gobierno atribuyeron los dichos de Almagro a la propia interna del MPP, donde en el último tiempo hay quienes ven al embajador en Argentina, Guillermo Pomi, como una figura en ascenso para un eventual relevo del canciller, previsto en una serie de recambios para 2013. En esa hipótesis, la salida pública de Almagro podría entenderse como una forma de marcar sus "diferencias de principios" con Pomi, sobre todo luego de que el propio presidente le concediera un lugar destacado en las negociaciones con Argentina. La molestia de Almagro con su embajador se agudizó luego de que éste mantuviera varias reuniones en Buenos Aires con el objetivo de destrabar las exportaciones uruguayas, sin comunicarlas a su debido tiempo al jefe de la diplomacia uruguaya. Sin embargo, fuentes del MPP negaron la posibilidad de un relevo. Y aunque admiten que –secundado por algunos jerarcas del entorno del presidente– Pomi "quiere el cargo" de canciller, valoraron que Almagro tiene "un gran prestigio" en la interna sectorial, donde incluso ocupa un lugar en el propio Secretariado Ejecutivo. La discusión pareció saldada luego de que el presidente dijera al diario La República que "cuanto más le peguen (al canciller), más lo sueldan al sillón del ministerio".
Las declaraciones de Almagro hicieron ruido en la región. Y generaron inmediatas respuestas desde Brasilia y Buenos Aires. Primero fue Marco Aurélio Garcia, quien aclaró que "no hubo imposiciones" y que la decisión se adoptó por "consenso político". Más tarde fue el turno del propio Timerman, quien a través de un comunicado dado a conocer por la cancillería argentina aseguró que "el ingreso de Venezuela como miembro pleno fue una decisión unánime de los presidentes de Argentina, Brasil y Uruguay". A su desgaste en la interna del gobierno –una situación similar atravesó con su proyecto de anulación de la ley de caducidad, en su intento de cumplir con los tratados internacionales en materia de derechos humanos, contradiciendo la opinión presidencial–, Almagro sumó un duro golpe de los países vecinos.
Pero no estaba todo dicho. El lunes, en el Consejo de Ministros, el vicepresidente Danilo Astori formuló fuertes críticas al ingreso de Venezuela. De todas formas, tras un largo debate, el Consejo decidió respaldar in tótum al presidente Mujica y al canciller Almagro. Mujica y sus ministros acordaron que el vocero de esa posición fuese el prosecretario de la Presidencia, Diego Cánepa, quien a la salida de la reunión intentó resituar el relato de lo ocurrido en Mendoza. La estrategia fue recuperar la iniciativa. Y Cánepa empezó pegándole a la oposición: "Los únicos que siguen defendiendo el proceso paraguayo sin discusión son la derecha uruguaya", lanzó el prosecretario, que recordó además que el ingreso de Venezuela está "resuelto institucionalmente por los tres países". "Los tres presidentes entendieron que era necesario dar una señal política muy fuerte de que (el ingreso de Venezuela) no podía esperar más en términos estratégicos para el Mercosur", argumentó. En el gobierno respiraron hondo. El debate volvía a situarse en los términos en que pretendía el presidente.
Sin embargo, poco después Astori no dudó en salir públicamente a marcar sus diferencias con la decisión presidencial. El vicepresidente calificó el ingreso de Venezuela como "la herida institucional más importante de toda la historia del Mercosur" porque "va al corazón del Tratado de Asunción", en el entendido de que "todos los países miembros tienen que estar de acuerdo con el ingreso de un nuevo miembro pleno". Ese mismo día, a la tarde, Astori participó de la reunión de la bancada de senadores del FA –donde el senador del MPP Alberto Couriel informó sobre las conversaciones mantenidas por algunos legisladores del partido de gobierno con el ministro Almagro–, y tras dar a conocer su posición, se retiró del encuentro. Varios senadores quedaron atónitos con una salida tan intempestiva, antes de que finalizara la reunión. Ayer el vicepresidente fue blanco de fuertes críticas del propio Mujica, que durante una visita al departamento de Cerro Largo dijo a La Voz de Melo que "Danilo se equivoca al decir que el ingreso de Venezuela al Mercosur fue una herida letal". "No es nada letal; letal es como estábamos antes. Hace 20 años que decimos que el Mercosur no marcha, y si no marcha hay que cambiarlo. ¿Queremos un Mercosur para seguirlo criticando? No", sostuvo Mujica, en lo que configura un nuevo entredicho con su vicepresidente, a pocas semanas de la crisis política desatada entre ambos por los últimos cambios realizados en el gabinete ministerial. La molestia con Astori se extendió como reguero de pólvora por buena parte de la bancada frenteamplista, excepto en su sector, el fls, que rápidamente se alineó tras el vicepresidente (aunque, según dijo el senador Rafael Michelini a Brecha, "a pesar de la discrepancia cerramos filas tras el presidente y el canciller"). Para el diputado Aníbal Pereyra, del MPP, "la forma en la que se expresó el compañero públicamente no ayuda, sino todo lo contrario, a dar el debate correcto".
El miércoles Mujica recibió –por primera vez desde que fue investida– a la nueva presidenta del FA, Mónica Xavier. En el encuentro, la novel presidenta le explicitó su apoyo a lo actuado en la última cumbre del Mercosur. "Su primera señal tenía que ser de respaldo al gobierno", confiaron a Brecha algunos de sus asesores. Ese día, a pedido del diputado colorado Germán Cardoso (Vamos Uruguay), la Cámara de Diputados trató durante más de seis horas el ingreso de Venezuela. Cardoso acusó al gobierno de haber violado la Constitución tras indicar que, al haber sufrido modificaciones al tratado original votado por el Parlamento en 2006, el tema necesita ser reconsiderado. Cortes de luz mediante, la Cámara aprobó una moción del FA en la que rechaza "el golpe" en Paraguay y apoya la gestión del presidente en el Mercosur. Antes, la oposición en pleno había pedido al vicepresidente Astori que "haga cumplir el marco legal internacional al Poder Ejecutivo". Ayer, durante su audición Habla el presidente, Mujica esbozó su propia explicación de los motivos por los que se resolvió suspender a Paraguay del Mercosur, y acusó directamente al Partido Colorado paraguayo de orquestar un golpe de Estado en ese país. El presidente fue más duro aun al explicitar algunos nexos entre ese partido y el narcotráfico –habló puntualmente de "narcocoloradismo"– y al señalar, expresamente, que muchas veces parte del Senado paraguayo que procesó este "golpe en los hechos" ha negado de forma "chantajista" el ingreso de Venezuela al Mercosur. Era, en los hechos, la primera referencia a ese pedido de coima al que el viernes había hecho referencia la presidenta Dilma Rousseff. Entre cuatro paredes.
Aunque no hay ningún documento escrito, el presidente José Mujica está convencido de que obtuvo la habilitación de sus pares del Mercosur para negociar tratados de comercios bilaterales con otros países latinoamericanos. Y de hecho, fuentes de la cancillería relataron a Brecha que existen conversaciones "muy adelantadas" con Perú, a través de contactos entre Mujica y el presidente Ollanta Humala.
Aunque aún no hay fecha definida, la oposición interpelará al canciller Luis Almagro en tanto "responsable político" del ingreso de Venezuela al Mercosur. El miembro interpelante será el senador Sergio Abreu, líder del sector Dignidad Nacional y candidato a la Presidencia por el Partido Nacional (PN) para las elecciones de 2014. En diálogo con Brecha, Abreu criticó el estilo "anárquico, ecuménico y sentimental" de Mujica, y su pertenencia a "un club de mutua protección presidencial" con un "alto grado de corporativismo ideológico" junto al resto de los países de la región. Para el senador nacionalista "la variable de ajuste ha sido Paraguay, donde no hubo ni destitución ni golpe de Estado ni alteración del orden democrático". Abreu considera que Chile y Colombia acompañaron la sanción política de la Unasur a Paraguay "para no tener problemas con sus vecinos", y considera que el presidente debería realizar un nuevo acercamiento a los partidos políticos para explicar el ingreso de Venezuela y, en su caso, emprender nuevas gestiones con Brasil –"que es quien más se acercó a la posición uruguaya"– para revertir la decisión adoptada en Mendoza.
Pero no todos piensan igual en las filas de Oribe. El ex presidente del Directorio del Partido Nacional (PN) Alberto Volonté defendió el ingreso de Venezuela al Mercosur a pesar de que en su partido existan, según dijo, "representantes muy conspicuos que hoy están en plena actividad y que reniegan del Mercosur". Sin embargo, para Volonté la ampliación del bloque regional no cumpliría con los requerimientos del Tratado de Asunción. "No estoy conforme con el procedimiento, me llena de dudas, esa es la palabra", definió Volonté, en conversación con Brecha. "Cuando Uruguay aprobó en 2006 el ingreso de Venezuela me sentí orgulloso del Parlamento uruguayo, pero esta modalidad no se compadece con lo establecido en el tratado, donde se fija que se necesita la opinión unánime de sus miembros y, si bien está suspendido, Paraguay no está expulsado del bloque", explicó.
En tanto, el recientemente designado director de la Institución de Derechos Humanos, Juan Raúl Ferreira, opinó que "puede ser que no haya sido la idea más brillante utilizar la misma sesión donde se suspende a Paraguay para incorporar a Venezuela", aunque defendió el ingreso del país caribeño en el actual escenario. "¿Cuál puede ser la razón por la que un país pequeño como Uruguay se oponga al ingreso de un país que nos va a ayudar a negociar desde otro lugar las restricciones a nuestras exportaciones y las perforaciones al aec?", se preguntó, en diálogo con Brecha. Ferreira, que atribuye la ola de críticas de la oposición a "un anticipadísimo clima electoral", se dijo "integrante de la escuela de Alberto Methol Ferré" y se preguntó cuál sería la opinión de aquel intelectual blanco. "Yo me lo imagino vivo, escuchando que Uruguay se opone a que la patria de Bolívar se incorpore al Mercosur y le da un paro cardíaco, ¿no? Es muy difícil, para quienes hemos sido formados en esa escuela, entender ese tipo de cuestionamientos", aseguró. n
La delegación uruguaya en la Comisión Administradora del Río de la Plata (carp) debió aceptar esta semana una nueva prórroga de seis meses en el contrato de Riovía para el mantenimiento del canal Martín García, debido a las dilaciones que sufrió el llamado a precios para hacer ese mantenimiento.
Fuentes de la delegación uruguaya indicaron que después del debate público que causó la divulgación de la primera prórroga al contrato de Riovía, votada en la carp en enero de este año por un valor de 15 millones de dólares, Uruguay logró que Argentina aceptara llamar a precios para un nuevo contrato de mantenimiento, mientras se tramita la licitación para profundizar el canal. No obstante, los tiempos burocráticos impiden, según esta versión, asignar el llamado hasta dentro de un par de meses como mínimo, y el mantenimiento actual vence el próximo 19 de julio.
Esta situación puso a Uruguay ante una disyuntiva: conceder una nueva prórroga a esta empresa acusada de pretender coimear al embajador uruguayo Francisco Bustillo (presidente de la delegación uruguaya en la carp), o aceptar una propuesta argentina de utilizar una de las dragas estatales que tiene ociosa en el puerto de Buenos Aires. Esto último fue descartado porque, en opinión de los negociadores de Uruguay, sería como devolver el control del canal a Argentina. n
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