Apretando las clavijas

Movidas a varios frentes en la Policía de Montevideo

La supresión de algunos cargos, la creación de una quinta zona operativa, más la descentralización de Radio Patrulla –“último bastión” de la vieja estructura policial– son los primeros pasos del nuevo jefe de Policía de Montevideo, Mario Layera.

La gravedad que había alcanzado la crisis de la Policía montevideana hizo necesario apelar a la figura del candidato puesto. El que con sus presencias, ausencias y la administración de los silencios aprueba o desaprueba cualquier movimiento en el tablero. Tabaré Vázquez llegó antes que todos a la Torre Ejecutiva, y se colocó como la principal pieza de una escenografía montada para nombrar a Mario Layera como nuevo jefe de Policía de Montevideo, y sobre todo para dar una señal a la jerarquía policial: la reestructura policial se hará, así tengan que rodar cabezas.
Después de la denuncia penal contra la Seccional 14 (último episodio de un “boicot activo” contra la reestructura), que terminó con la renuncia del anterior jefe, Diego Fernández, en el Ministerio del Interior (mi) interpretan –de acuerdo a las fuentes consultadas por Brecha– que parte de la jerarquía policial quiso trancar fuerte la reestructura justo cuando esta administración entra en su etapa final, y así poder negociar desde otra posición más dura con el gobierno entrante, para finalmente desarticularla. De ahí que se ordenó desde la Presidencia que todo el Consejo de Ministros estuviera en la asunción de Layera, y se conversó especialmente con Vázquez, quien apoya la gestión del ministro Eduardo Bonomi, para que acudiera. La interpretación es que, si aspira a ser presidente, no venía mal una señal de firmeza hacia la Policía, más aun cuando la seguridad sigue dominando la agenda pública.
Layera es el primer jefe que asume en la Torre Ejecutiva. Egresado en 1983 de la Escuela Nacional de Policía, su primer destino fue Colonia, donde trabajó en tareas de seguridad, investigación e instrucción y tuvo a su cargo la escuela departamental. Fue incluso agente en operaciones encubiertas para la jefatura coloniense. En 1995 pasó a la Dirección de Represión del Tráfico Ilícito de Drogas, donde hizo carrera hasta llegar a la jefatura de esa sección. De allí conoce al actual director nacional de Policía, Julio Guarteche, que fue jefe de Layera en esa repartición mientras éste se desempeñaba como coordinador de información y operaciones. Al irse Guarteche, Layera ocupó su lugar. Fue entonces que se transformó en “hombre de Guarteche”, quien a su vez es de extrema confianza de Bonomi. Con varios cursos sobre investigación y tráfico de drogas en el exterior, y autor de un sistema de análisis de escuchas telefónicas, Layera es visto en el mi como un “incorruptible” desde sus días en “Narcóticos”, una repartición donde las tentaciones están a la orden del día. A partir de los operativos antidrogas, señalan en el mi, Layera conoce las fortalezas y debilidades de las comisarías.
Parte del modelo de la Dirección de Drogas –una oficina especialmente focalizada en investigación y con un buen grado de autonomía operativa– es el que se busca aplicar en la Jefatura de Policía de Montevideo. La primera medida de Layera fue cambiar a todos los jefes de zona (de acuerdo a la reestructura lanzada en 2011, la Jefatura de Policía está dividida en cuatro zonas, con mayor grado de autonomía y descentralización). Sucede que de allí para abajo, hasta llegar a las comisarías, es que se produce, de acuerdo a Layera, parte de las fallas en la cadena de mando. Los nuevos directores (comisarios inspectores Gustavo Fernández, Walter Menéndez y José Luis Rondán para las zonas 1, 2 y 3, y el inspector mayor Hugo de León, en la 4) tienen un mes para evaluar el trabajo de las comisarías a su cargo (donde, según el comando político del mi, se prevén los cambios más drásticos). Layera, según las fuentes consultadas, tiene un conocimiento profundo de las comisarías y eventuales connivencias con el delito, desde sus días en los operativos antidrogas.
El ex jefe Diego Fernández asumió la tarea de desarrollar conceptual y administrativamente la división en zonas, pero operativamente, es decir en la práctica, los procesos de descentralización no habían comenzado. En el mi entienden que Fernández había hecho acuerdos con algunos comisarios para relanzar la estructura pero fue “traicionado”, lo que terminó enlenteciendo los procesos. Con la tarea de pulir la reestructura, Layera eliminará en la próxima rendición de cuentas la figura del coordinador de zona (prevista inicialmente), que actuaba como un segundo jefe de zona que complejizaba y descoordinaba las acciones. Además creará una nueva zona operativa, que se sumará a las cuatro ya existentes. Esta quinta zona reunirá unidades con funciones específicas en determinadas áreas, como los programas especializados en Policía Comunitaria, Mi Comisaría, Bus Seguro y custodia del Poder Judicial.
Todo esto se suma a la ya anunciada descentralización de Radio Patrulla, el “último bastión” que hacía de “contrapeso” de la nueva estructura policial y que quedó en el debe de Fernández. Los 140 móviles de este cuerpo estaban concentrados en el Prado, lo que en horas pico generaba huecos en la disponibilidad mientras iban y volvían hacia la central. Ahora cada zona tendrá su propia base (o División Respuesta) para utilizar, según las características propias del delito en el lugar. Layera también solicitó aumentar el parque de motos, y deberá asumir también la tarea de avanzar en la medición y evaluación de la actuación policial para determinar los ascensos, y crear la figura del “oficial de caso”. Este es un puesto que se utiliza en la Dirección de Drogas, y que busca evitar que toda la responsabilidad de la investigación se diluya en un equipo a la hora de dar cuenta a la justicia y los denunciantes.

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