A la sombra del león

Un pantallazo del Frente Amplio

Tras un período en el ostracismo, existe consenso en torno a que el Frente Amplio (fa) recuperó oxígeno tras la elección de su presidenta, Mónica Xavier. Ahora, a 13 meses de que se inicie el ciclo electoral y tras ocho años en el gobierno, la izquierda se encamina a la elaboración de un nuevo programa. Cuál será la arquitectura. Los énfasis. El debate sobre el modelo. El peso de lo inevitable.
Pasaron ocho años desde que allá por 2005 el fa conquistó la Presidencia de la República. Tras una crisis atroz, la izquierda recuperó el verbo político y se volvió el centro de la política durante un buen tiempo. Sus adversarios debieron replicarlo para hacerse competitivos. Antes, el fa dejó de reivindicar lo imposible. Había que ver lo que decía el establishment sobre él, en aquel olvidado entonces. Cada vez que hablaba, “los mercados” le ladraban y lo acusaban de aumentar el riesgo país y exacerbar la crisis. Ninguna de esas variables precisaba su ayuda, pero el rencor del poder económico le calzaba los puntos. La narrativa fundacional y ambiciosa, la utopía progresista, fue derivando a un relato modernizador.
La campaña del año 2004 y su desembarco en el gobierno resultaron sus horas más gloriosas. Sintonizó las ansias de una sociedad herida, encerrada y privada de libertades básicas. Construyó su triunfo interpelando una realidad social. Pero a medida que rodaba la gestión de gobierno se fue percibiendo la insuficiencia de su diagnóstico sobre la coyuntura y eventuales soluciones. No bastaba el ímpetu inicial para consolidar una gran reforma educativa. O para realizar cambios profundos en el Estado. O para avanzar en materia de integración regional. El camino, casi siempre, fue peliagudo.
Las insuficiencias no rompieron el hechizo. En 2009 la ciudadanía revalidó el mandato del fa. El segundo gobierno se fue amoldando, sin grandes logros, al vaivén de la agenda política. Puso el cimiento de una integración más comprometida con el Mercosur y la Unasur, dos proyectos inacabados. Hizo un giro a favor de la unidad de la región, goleó a cuanto nacionalista le hizo frente. Mantuvo una flaqueante gobernabilidad partidaria. Y poco más. Ahora, cuando la aventura frenteamplista va por su octenio, la mirada se vuelve a aquello que Tabaré Vázquez siempre comparó con la Biblia: el programa del fa.

EL MOLDE PROGRAMÁTICO. La arquitectura de la elaboración programática se basa en tres pilares: desarrollo sustentable e igualdad; transformación democrática del Estado y la sociedad, e inserción internacional. Veintinueve unidades con coordinaciones colectivas, lanzadas el 19 de marzo pasado, se encuentran trabajando en la generación de los contenidos que volcarán a un encuentro nacional programático, a finales de julio. La estructura básica del próximo programa para el gobierno 2015-2020 –a la que accedió Brecha– apenas contiene una descripción de cada uno de los ejes. Pero ya exhibe algunos énfasis.
En materia de “desarrollo sustentable e igualdad”, propone la consolidación de la matriz de protección social y la construcción de un sistema nacional de cuidados. El tema de la sustentabilidad ambiental cobra protagonismo: allí se explica que “los planes de desarrollo del país deben asumir la gestión ambiental del territorio como un requisito ineludible para el desarrollo”, algo para lo cual se pone de relieve la necesidad de “fortalecimiento de las capacidades regulatorias del Estado”.
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