Algo más que un tornillo

En respuesta a un desmentido de la embajadora de Estados Unidos

Aunque no le guste a la embajadora Reynoso, la construcción de bases militares integra un acuerdo de suministros. También el uso de instalaciones militares y portuarias. ¿Es esa nuestra política de asociación militar?
El rol de miss simpatía que gasta la embajadora de Estados Unidos, Julissa Reynoso, no la distrae de su función principal de intérprete de la política de “defensa” de la mayor potencia bélica mundial. Así, más allá de compartir asados del Pepe, ensayar pasos de candombe, bailar salsa y de expresar un condescendiente reconocimiento a los gobiernos progresistas de la región, llegado el momento, cuando se discutan asuntos militares, desplegará el consabido discurso imperial. No se es embajador por pura simpatía.

La información difundida sobre el asordinado proceso de negociación de un acuerdo-marco de defensa entre Estados Unidos y Uruguay, y el más puntual acuerdo para la adquisición de suministros y prestación de servicios (véase Brecha, 17-III-13), dispararon el costado iracundo de la embajadora. En una carta dirigida al director de Brecha, la señora Reynoso calificó de “totalmente falsa” la información sobre la posibilidad de instalar una base militar estadounidense en Uruguay. La embajadora confía en que su tajante desmentido deje totalmente aclarado el tema, que obviamente la irrita.
Sin embargo, la posibilidad de la construcción de una base militar no fue un invento caprichoso de Brecha: está expresamente consignado en el “Capítulo II. Definiciones, del acuerdo sobre suministros y servicios”, firmado por ambas partes en noviembre de 2012 y sujeto a ratificación del Parlamento. El documento define qué se debe entender por “apoyo logístico, suministros y servicios”, y expresamente establece el “apoyo a operaciones en bases (y la construcción correspondiente a ese apoyo)”. La carta-desmentido de la señora Reynoso pasa por alto la consideración de la fuente de la información; cuando afirma que “no existe posibilidad alguna de instalar una base militar estadounidense en el país”, ¿acaso la embajadora está desmintiendo el documento firmado por los dos gobiernos, está desmintiendo al general Douglas Fraser, que rubricó el acuerdo en nombre del Departamento de Defensa de Estados Unidos?
La embajadora no aclara ese “pequeño” detalle en su carta a Brecha; pero sí lo abordó en una entrevista concedida a La Diaria. Y la enmienda es peor que el soneto. Marina González y Natalia Uval le preguntan sobre la posibilidad de construcción de una base. La embajadora responde:
“—Ay, las famosas bases. No tenemos ningún plan, ninguna intención y ninguna idea secreta de poner ninguna base militar en Uruguay. Ninguna, cero, ni una chiquita, ni mediana, ni grande. Nada. ¿De dónde sacan ustedes eso?
—Está en el anexo del acuerdo.
—El acuerdo de suministro es un acuerdo marco que usamos con quintales de países del mundo. No es particular para Uruguay. Y el gobierno lo firmó. Si no se sienten cómodos con esos términos, los pueden quitar.”
Hay una cierta irritación de la embajadora con algunos sectores del gobierno, pero no se trata de “sentirse cómodos” con el término; la construcción de una base está allí, en el documento, y la embajadora no elimina la contradicción entre sus afirmaciones y las afirmaciones del acuerdo. El argumento de que el texto es un documento-tipo es una manera de menospreciar y tomarnos por zonzos. Mañana lo que tendrá validez es la palabra escrita, no las afirmaciones a la prensa de una diplomática. Y por menos de lo que se afirma en el documento, Estados Unidos tomó represalias en el pasado, reciente como lejano, lo que indica una coherencia perversa, cualquiera fuera el color de sus gobiernos.
A favor de la embajadora hay que decir que, más allá de la debilidad de su argumento (tanto su desmentido como la sugerencia de que se elimine el término, así de fácil), se expuso públicamente. En cambio, la contraparte, el ministro de Defensa, Eleuterio Fernández Huidobro, no ha hecho ningún comentario, no ha dado a conocer su interpretación de ese famoso “apoyo a la construcción de bases”, y tampoco han dicho nada los senadores del Frente Amplio, que por la vía de los hechos han dejado en suspenso la ratificación del acuerdo.
Respecto de esa actitud, la señora Reynoso volvió a pecar de falsa ingenuidad. “Me sorprendió un poco que el acuerdo de suministro no fuera ratificado, porque se trata de un acuerdo muy particular, para poder autorizar a los países a compartir cosas técnicas cuando sea necesario. Por ejemplo, si hay un helicóptero en el Congo piloteado por uruguayos y le falta un tornillo, nosotros, dentro de ese marco, le podemos dar ese tornillo, sin precio, gratis”, dijo a La Diaria. “Es más para el interés de Uruguay, porque es muy difícil imaginar la situación de que un soldado estadounidense necesite una pieza de un uruguayo”. Decididamente, la máquina de guerra de Estados Unidos no necesita un tornillo uruguayo, pero sí puede necesitar nuestros puertos o nuestras instalaciones militares, o nuestras instalaciones de almacenamiento, en sus aventuras bélicas. Y esos puertos, esas instalaciones, están ofrecidas en el documento, aunque la embajadora lo reduzca a un tornillo.
Más que las explicaciones inconsistentes de la embajadora, disfrazadas de desmentidos tajantes, lo que ensordece es el silencio oficial. ¿Estamos o no dispuestos a facilitar bases militares, nuestros puertos y nuestras instalaciones al ejército de Estados Unidos? La firma del acuerdo de suministros y servicios, que el Poder Ejecutivo convalidó enviando el documento para su ratificación por la Asamblea General, en principio avala la aceptación. Pero la resistencia de los parlamentarios frenteamplistas a ratificarlo sugiere que el tema exige una discusión más transparente. Habrá que definir hasta dónde estamos dispuestos a resistir la hipoteca de la independencia en materia militar.

 

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