La regasificadora y las perspectivas energéticas
La aplicación de medidas de promoción, el diseño de un marco regulatorio para la distribución y la compra de gas licuado en el Caribe y Estados Unidos serán los pasos a seguir tras la licitación por la regasificadora.
En Hammerfest, Noruega, la ciudad más septentrional de Europa, el clima es riguroso e inhóspito. Pero el remoto poblado, que se encuentra dentro del círculo polar ártico, está a sólo 114 quilómetros del Mar de Barents, una de las reservas más grandes de gas natural, un bien inodoro e incoloro cada vez más preciado en la búsqueda de energías limpias. La planta de gas natural licuado de Melkoya (del tamaño de una isla) da vida a la ciudad. Allí el gas es enfriado a -163 grados, lo que reduce su volumen drásticamente y permite embarcarlo y transportarlo de modo barato hacia los puntos más alejados. Plantas como éstas existen también en Asia, Estados Unidos y África.
El destino del gas licuado son las plantas que lo vuelven a su estado natural para distribuirlo al consumidor final. Estas plantas pueden estar en tierra firme o sobre un barco gasero, como el que Uruguay construirá adjudicando la obra a la empresa gdf Suez, una multinacional de la energía surgida en 2008 de la fusión de otras dos gigantes francesas: Gas de France y Suez. La primera ya tuvo una experiencia no bien recordada en Uruguay cuando en 1994 se hizo cargo de Gaseba, con una gestión marcada por la persecución sindical y la falta de mantenimiento de la infraestructura. Ahora, reconvertida en una empresa con 240 mil funcionarios que factura 125 millones de dólares anuales, gdf Suez ha ganado la licitación para la construcción de la regasificadora en Punta de Sayago. La obra, de 1.125 millones de dólares, aparece como una de las concreciones de infraestructura más importantes de este gobierno destinada a romper con la dependencia climática para la generación de energía.
El beneficio de este quiebre en la matriz energética repercute de forma más clara en los costos de generación de energía eléctrica. En 20 años todo el plan de expansión de generación de energía utilizará toda la energía hidráulica, eólica y de biomasa disponible, completando la oferta energética con generación térmica. Así y todo puede producirse un faltante de energía en años extremadamente secos. Y ahí entra la regasificadora, que hará funcionar con gas las máquinas térmicas de ute, completando el faltante hidroeléctrico. Así, el sobrecosto energético de un año muy seco puede reducirse hasta en 50 por ciento, dada la diferencia de costos de generación utilizando gasoil (que se utiliza actualmente) y gas natural, concluye un informe sobre beneficios y costos de la regasificadora de la Dirección Nacional de Energía (dne). “Si dicho faltante se cubriera con gasoil, el sobrecosto energético puede trepar a cerca de 500 millones de dólares. Dado el alto impacto de esta cifra para la macroeconomía del país, tanto sobre el déficit fiscal como la inflación, el sector eléctrico nacional tiene la necesidad de reducir fuertemente dicha vulnerabilidad”, estima el informe.
Pero es en el sector no eléctrico de la economía donde se verán los beneficios más directos, porque habrá una disminución del precio de la energía principalmente para la industria. El sector industrial pasó de consumir en 2005 un 22 por ciento de la energía a gastar un 35 por ciento ahora. Con la regasificadora los usuarios actuales del gas natural en los sectores residencial, comercial y servicios tendrán una disminución del costo del gas natural suministrado, alcanzando un beneficio total de 130 millones de dólares. Igualmente, la penetración del gas en el sector residencial y el aumento de demanda será menguado (hoy está en 45 mil hogares).
Según cálculos de ancap a los que accedió Brecha, el ente estimó vender el gas a industrias y distribuidores a un precio 15 por ciento superior al fueloil. Aunque es un precio de referencia, si el valor del gas llegara a ser más alto que el del fueloil, el gobierno estima que ello no afectará la penetración del gas en la matriz. Aunque fuera un poco más caro, el desplazamiento hacia el gas se produce por otras razones. “Por ejemplo para los que usan leña, quizás el gas no sea más barato. Pero la leña implica otros costos: tener hectáreas de acopio, mugre, la necesidad de logística, mientras que el gas es sólo abrir una canilla. No es sólo una ventaja de precio, es una cuestión ambiental y de confort y conveniencia en el uso”, explicó Ramón Méndez, titular de la dne a Brecha.
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