Con fe pa’l segundo tiempo

Una semana vazquista

El ex presidente Tabaré Vázquez acaparó la atención pública esta semana con sucesivas entradas en escena. Su itinerario político lo llevó a mostrarse junto el vicepresidente Astori, a participar del lanzamiento de la Nueva Agenda Progresista –un think tank con preeminencia de socialistas renovadores– y a hablar de “la biología” a la salida de una conferencia sobre el cáncer. Los pasos del cacique. Álvaro García, una figura en ascenso.


Con tres apariciones públicas en cuatro días, Tabaré Vázquez pasó esta semana a ocupar el centro de la política nacional. El domingo se mostró con el vicepresidente Danilo Astori en el aniversario de Asamblea Uruguay (au) en Las Piedras, el martes asistió a la presentación de la Nueva Agenda Progresista en el teatro Solís, y un día después disertó en una conferencia sobre el cáncer organizada por el Centro de Estudio y Difusión de la Doctrina Social Cristiana (Cedidosc). En Las Piedras habló de las circunstancias políticas, en el Solís se limitó a escuchar las presentaciones de Álvaro García y Fernando Filgueira –retirándose raudo hacia la calle Buenos Aires–, y en el Cedidosc se limitó a la biología. Dijo estar “muy bien de salud” a pesar de la “agenda intensa” de los últimos días y destacó el proyecto de ley remitido por el Ejecutivo al Parlamento en el que limita toda publicidad, promoción o patrocinio de los productos de tabaco dentro de los puntos de venta.
Sin expedirse sobre su candidatura, el ex presidente aparece en la prensa, recorre distintos tablados, se muestra con los dirigentes más afines y su séquito de colaboradores. Va, viene, suscita comentarios en el ágora, en las huestes frenteamplistas, en los medios. Acostumbra, por así decirlo, a la opinión pública a seguirlo a todas partes, aunque reservándose el momento del anuncio, una táctica que en tiempos pasados le permitió –aun en desenlaces presumibles– el plus de la sorpresa. Fue así mientras ejerció el liderazgo de la oposición
–recuérdese su renuncia a la presidencia del Frente Amplio (fa) tras el affaire Zabalza por el Hotel Casino Carrasco–, fue así en el gobierno –para citar un ejemplo, su dilatada renuncia a una eventual reelección presidencial– y es así ahora, cuando todos –o casi todos– lo visualizan como eventual candidato del fa. El manejo de los tiempos le permite organizar su fuerza, enviar mensajes a la dirigencia para que modere demandas eventualmente desbordadas, contener a la mayoría de los cuadros frenteamplistas, recomponer relaciones con extremos aparentemente inconciliables. Y también diferir entreveros palaciegos acerca de su candidatura, que deberá zanjarse en cuestión de meses.
El domingo, en el acto de Asamblea Uruguay realizado en la sede del club Juventud, de Las Piedras, sostuvo que ser del fa es, más que “un carné o un cargo”, es un “testimonio permanente de lealtad con Uruguay”. Repitió tres veces, pausadamente, la importancia del “afecto a los compañeros”, en alusión al clima de debate en la interna del fa. Dijo que “los nombres de los compañeros no es lo más importante”, en referencia a la danza de nombres sobre posibles candidaturas nacionales o departamentales, y sostuvo que “hay que ir paso a paso”. El Frente, apuntó, “no deja a nadie afuera”. Como es usual en sus últimas intervenciones públicas, citó al Che Guevara al decir que lo importante es “hacer el camino hacia el hombre nuevo”. Leyó su discurso, trajo a colación a García Márquez y hasta bromeó con el partido de fútbol que ese mismo día disputó Progreso –el cuadro de sus amores– con Juventud de Las Piedras (que el segundo ganó por cuatro goles contra dos). Si en la próxima elección jugará de capitán o de defensa, sobre eso no se expidió, y en cambio alimentó el enigma cuando como respuesta al “se siente, se siente, el Taba presidente”, negó con la cabeza.
Antes de él habló Astori. Recordó la creación de au en 1994 en tiempos del “imperio impune del neoliberalismo”. Destacó el papel de Vázquez en la victoria de 2004, y se embanderó con la ley de medios enviada al Parlamento al decir que “se va a terminar el monopolio de los medios de comunicación en Uruguay”. Sin embargo, más que discursos y halagos cruzados, en Las Piedras hubo gestos. De todos ellos, el más significativo fue, sin dudas, el abrazo entre Vázquez y Astori, una especie de bautismo de una nueva época de vínculo personal y sintonía política entre ambos. Más parecida a la foto de los tiempos en que uno y otro se dividieron la gestión política y la económica allá por 2004 y más bien lejana de los reproches que minaron la relación entre 1994 y los albores del primer gobierno, la imagen dejó plasmada la sensación de que, como nunca antes, ambos se disponen a transitar juntos el camino hacia las próximas elecciones. En qué medida ese alineamiento aleja la posibilidad de acuerdos con el espacio no astorista (un espectro más amplio que el mujiquismo), donde Vázquez debe hacer un esfuerzo mayor por recuperar terreno, reconquistar adhesiones y recobrar legitimidad, eso está por verse.

 

NUEVA AGENDA, VIEJA GUARDIA. La puesta en escena de la Nueva Agenda Progresista (nap), un think tank donde coexisten socialistas de “la vieja guardia” –la mayoría de ellos jóvenes que se hicieron a la política durante la salida de la dictadura–, independientes, integrantes de la Generación 83 y hasta algunas figuras extrapartidarias –en su mayoría ex socialistas que ahora se de-sempeñan en la actividad privada, como los socios de cpa Ferrere, Bruno Gili y Gabriel Oddone–, puso en una incómoda situación a Vázquez. El grupo, que se viene conformando desde fines del año pasado a través de algunas redes de correos electrónicos, obtuvo el aval del ex presidente luego de una conversación mantenida entre Vázquez y su ex ministro de Economía Álvaro García. El tono vazquista que algunos integrantes del grupo le dieron al emprendimiento molestó al ex presidente. Disgustado con la propagación de la idea de que el espacio sería una especie de “tribuna oficial” del vazquismo, el ex mandatario incluso vaciló en asistir a la presentación. A partir de ese momento, el grupo designó a dos voceros: la ex directora de la Dinama Alicia Torres, y el ex director de Deportes Fernando Cáceres. En algunos integrantes de la Generación 83, una especie de marca que mucha gente –no solamente vazquistas– comparte, hubo molestia con la definición del espacio y sus integrantes. Pero incluso más allá. De ardua traducción en política, esta nueva irrupción generacional tras la fracasada experiencia de Uytopías en 2008 –que en su momento también recibió el visto bueno de Vázquez– empuja a los más jóvenes, la generación del 90 –la del “hacé la tuya”– a la espera. Muchos de sus integrantes, que con mucha dificultad hacen sus primeras armas en la política, se preguntarán cómo y dónde calzan. Como respuesta a esa inquietud, algunos integrantes de la nap plantearon la inclusión de dirigentes y militantes más jóvenes, en una especie de ensamble generacional.
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