La apuesta es desplegar un programa integral para la primera infancia que corte de raíz la reproducción de la pobreza. También que rearme el puzle de las políticas sociales, fortalezca las instituciones públicas y ayude a las familias más vulnerables durante el embarazo y los primeros años de vida de sus hijos.
Aunque la pobreza se ha reducido en los últimos años, continúa abrazada con fuerza a la población infantil: casi un tercio de los menores de 6 años vive bajo la línea de la pobreza (frente a un 4,5 por ciento de los mayores de 65 años). Es la huella etaria o lo que se conoce como la infantilización de la pobreza, una tendencia mundial de larga data.
El hacinamiento, la precariedad habitacional, los riesgos sanitarios, las deficiencias nutricionales o la falta de estímulos en los primeros años de vida dejan –según los especialistas– marcas devastadoras e irreversibles en el desarrollo futuro de los niños a nivel emocional, inmunológico, físico o social. Si bien entre 2004 y 2011 la pobreza descendió del 56 al 26 por ciento en los menores de 6 años, todavía sigue teniendo un anclaje territorial, social y etario muy desigual. En Artigas, por ejemplo, la pobreza infantil trepa al 57,5 por ciento de los menores de 6 años, así como en determinados barrios del área metropolitana de Montevideo. A pesar del crecimiento económico, el estancamiento demográfico que tiene Uruguay –agravado porque cada año nacen menos niños– también alerta sobre la necesidad de una mirada integral con foco en la infancia.
Hace años existen programas estatales para promover hábitos saludables y controles adecuados durante el embarazo –tal como el Plan Aduana– y los primeros años de vida. No obstante es muy reciente el viraje significativo de la inversión pública hacia la infancia. "Invertir en la primera infancia es el camino más seguro para cortar la reproducción de la pobreza y revertir la inequidad social", señaló el presidente José Mujica el 30 de mayo, cuando lanzó el programa Uruguay Crece Contigo, de alcance nacional para los próximos tres años.
ARMAR EL PUZLE. El plan apunta a crear un sistema de protección integral de la primera infancia focalizado en aquellos hogares vulnerables donde existan mujeres embarazadas y niños menores de 4 años. La novedad de esta política pública interinstitucional –tomada de una exitosa experiencia chilena y ensayada previamente en Canelones (véase recuadro)– será el "trabajo de cercanía": visitas domiciliarias periódicas que realizarán desde mediados de agosto equipos técnicos multidisciplinarios para apoyar a las familias.
La idea es que estos equipos ayuden en la mejora de la alimentación y las prácticas de crianza de los niños. Asimismo se busca que actúen de "puente" entre los hogares y los servicios, planes y programas sociales del Estado. Es así una nueva intervención focalizada, pero para anudar toda la red de políticas sociales que opera en un mismo territorio. "El programa no creará un aparato nuevo ni se superpondrá con otras instituciones, sino que colaborará en armar el puzle de la protección integral de la infancia. Queremos potenciar las instituciones existentes y acercar a las familias más vulnerables a los servicios educativos, sanitarios y de salud", explicó a Brecha la coordinadora del programa, Cristina Lustemberg.
En total se invertirán 15 millones de dólares en tres años para cubrir los recursos humanos, las campañas de comunicación y la generación de conocimiento. En el primer año alcanzará a 5 mil hogares, aunque la meta es llegar a 30 mil familias en 2015. En la rendición de cuentas se destinan los primeros 100 millones de pesos, el mismo presupuesto del que goza el Plan Juntos y cinco veces más que para el Sistema Nacional de Cuidados. Toda una señal de la importancia que le concede el gobierno al programa.
Está articulado y manejado a nivel político desde la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (opp), pero será coejecutado desde los ministerios de Desarrollo Social (Mides) y de Salud Pública (msp). En un segundo plano, se incorporó un área de trabajo intersectorial para el despliegue operativo que involucra a diversas instituciones públicas (asse, inau, mec y el Congreso de Intendentes) y tenderá puentes con las organizaciones sociales. "Se está poniendo el foco en la coordinación interinstitucional en la medida en que esto implica otros despliegues territoriales de distintos ministerios y organizaciones que también trabajan en el área social", explicó a Brecha Marcos Otheguy, coordinador del área de políticas territoriales de la opp.
UNIVERSAL Y FOCALIZADO. El programa tiene una dimensión universal y otra focalizada, según explicó Lustemberg. En el primer caso, se llegará a todos los hogares donde haya embarazadas y niños menores de 4 años, con independencia de su situación socioeconómica. Para ello se repartirá un set de materiales didácticos (un juguete, un cd, un libro y una guía con información sobre embarazo y hábitos nutricionales) y se realizarán campañas de comunicación masiva –varias ya comenzaron– para fomentar la crianza compartida de los niños por hombres y mujeres, y la importancia del cuidado afectivo. La dimensión focalizada estará a cargo de los equipos de cercanía que trabajen con aquellos hogares con vulnerabilidad social o sanitaria. Para su conformación, la opp hizo un llamado y se presentaron 3.991 técnicos del área social y de la salud (nutricionistas, médicos, enfermeros, psicólogos y asistentes sociales). De ellos se seleccionaron diez supervisores y siete facilitadores, y se está en proceso de selección de 80 técnicos (serán evaluados a los seis meses).
Los facilitadores tendrán tareas regionales de procesamiento de la información, mientras que los supervisores acompañarán a los equipos y monitorearán la inserción en los hogares. Cada equipo, a cargo de 100 familias, estará conformado por una dupla: un técnico social y otro de la salud. Mediante un convenio con Antel y el Plan Ceibal, dispondrán de una ceibalita y un celular para mantener un contacto fluido con la familia y actualizar la información en un software. También deberán coordinar con otros técnicos que trabajan con esas familias desde otros planes y programas, públicos o privados, de modo de cruzar datos sobre el acceso a la salud, la asistencia a los centros de educación inicial o las prestaciones sociales.
El programa prevé diversos tipos de intervenciones según el grado de vulnerabilidad de cada hogar. En algunos casos los equipos oficiarán de nexo con la policlínica barrial, facilitarán el acceso a los controles durante el embarazo o controlarán el cumplimiento de las contraprestaciones en salud y educación. Para ello, el acompañamiento podrá ser de cuatro a nueve meses, visitas mensuales o quincenales y contactos telefónicos semanales. "Algunas familias entrarán o saldrán de cada una de esas modalidades de intervención según cómo funcione el acceso a los servicios", señaló Lustemberg.
TRAZABILIDAD. La selección de la población objetivo, hecha por medio del cruce de múltiples sistemas de información de diversas instituciones, permitirá realizar por primera vez una georreferenciación de los hogares donde hay niños menores de 4 años vulnerables.
A partir de la identificación de los 60 mil hogares alcanzados por la tarjeta Uruguay Social –la mitad utiliza la tarjeta duplicada debido a su extrema vulnerabilidad–, se cruzaron datos con los 200 mil que reciben asignaciones familiares, para identificar cuáles tienen niños menores de 4 años. A su vez, se cruzó información con el índice de carencia crítica (icc) –elaborado por el Instituto de Economía de la Udelar y el Mides– que va de 0 a 1 (cuanto más cerca del 0 más vulnerable a nivel educativo, sanitario o habitacional).
Actualmente esa información (recopilada en el Sistema Integrado de Información del Área Social –siias–, que a su vez se nutre de diversos orígenes, por ejemplo del Sistema Informático Perinatal del msp y el Certificado de Nacido Vivo Electrónico) es compartida con la Dirección Nacional de Evaluación y Monitoreo (Dinaem) del Mides. Serán los puntos de partida, según Lustemberg, para que el programa Uruguay Crece Contigo elabore su propio software y modelo de información para evaluar y monitorear las intervenciones en los hogares seleccionados. "La idea es que haya un monitoreo permanente y que anualmente se haga una evaluación con una especie de cuerpo académico asesor. Invitamos a la Universidad y a los investigadores que vienen trabajando en esta temática de modo de ir divulgando los resultados y generando conocimiento sobre la población", resumió Otheguy. n
El programa Uruguay Crece Contigo parte de dos experiencias exitosas: el Chile Crece Contigo, de Michelle Bachelet, y el Canelones Crece Contigo, de Marcos Carámbula, actualmente integrado al programa nacional. Según la evaluación del plan de la Comuna Canaria, durante 2009-10 aumentó de 50 por ciento a 82 por ciento la cantidad de niños con controles de salud adecuados, mejoró el estado nutricional, reduciéndose el déficit de peso para la talla de 4,8 por ciento a 0,9 por ciento y se redujo de 13,8 por ciento a 8,8 por ciento la cantidad de niños con alteración del desarrollo infantil. Asimismo, las mujeres embarazadas acompañadas durante el proyecto presentaron mayor número de controles prenatales (82,8 por ciento tuvieron seis o más controles) y sus hijos presentaron menor prematurez (6,9 por ciento) y bajo peso al nacer (8,6 por ciento) en comparación con aquellos niños que se controlaban en servicios públicos de salud. n
Anemia: 31,5 por ciento en niños de seis a 23 meses.
Obesidad: 10 por ciento en niños de 0 a 2 años.
Retraso de talla: 10,9 por ciento en niños de 0 a 24 meses.
Mortalidad infantil precoz: 8,9 cada mil niños de 0 a 1 año. n
* Datos de la última encuesta sobre estado nutricional, prácticas de alimentación y anemia en niños de 0 a 2 años. Mides, msp y unicef. Setiembre de 2011.
Al igual que su antecedente chileno, el programa se despliega desde la órbita de la opp –el "cuartel de Mujica"–, con miras a que en un futuro tenga un blindaje legislativo y se transforme en un sistema integral de la primera infancia con independencia de los gobiernos, como también sucedió en el país andino. Aunque algunos jerarcas han definido este programa como "el Plan Ceibal de la era Mujica" –o la revancha tras la timidez del Plan Juntos–, desde la Presidencia prefieren mantener un perfil bajo hasta que se muestren los primeros resultados. También advierten que es un programa en complementación con otros –como Jóvenes en Red– y no en competencia. Según Otheguy, el programa tiene asiento en la opp por el "peso político" que supone que el presidente se "embandere" con la primera infancia y lo instale como una prioridad nacional. "La experiencia mundial muestra que la primera infancia, que no vota ni tiene capacidad de lobby, queda relegada ante otros sectores sociales con mayor capacidad de presión, y que se llega a ella tras haber recorrido esas otras demandas. Por ello, para darle un empujón, se ha tendido a colocar este tema desde las presidencias", explicó. En el caso uruguayo, el jerarca señaló que tras ocho años de "políticas sociales inclusivas" era el momento de priorizar a la primera infancia como "causa nacional" desde la experiencia que tiene la opp en políticas territoriales, realizando una "apuesta fuerte" a la coordinación y complementación desde los ministerios.