Brecha Digital

Una red contra el Cóndor

Parlamentarios, jueces, abogados y periodistas acordaron en Brasilia la instalación de un tribunal y un foro permanente de coordinación que impulse la investigación y el castigo de los crímenes de la Operación Cóndor.

La necesidad de incrementar las acciones contra la impunidad de los crímenes del terrorismo de Estado en todo el continente, fortalecer a las organizaciones de la sociedad civil empeñadas en la búsqueda de la verdad y acompañar los avances democráticos que procuran la reconciliación sin renunciar a la justicia impulsó a los participantes del Seminario Internacional Operación Cóndor a proponer la creación de un Foro Permanente sobre Justicia y Derechos Humanos y la instalación de un “Tribunal Russell para Sudamérica”.
El seminario tuvo lugar en Brasilia, entre el 4 y el 6 de julio, convocado por la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados de Brasil y el Movimiento de Justicia y Derechos Humanos-Brasil. Contó con la presencia de parlamentarios, magistrados, académicos, abogados y periodistas de Argentina, Brasil, Chile, Estados Unidos, Paraguay y Uruguay. Entre otros, participaron el juez federal argentino Daniel Rafecas, los diputados Remo Gerardo Carlotto, de Argentina, Luis Puig, de Uruguay, y Hugo Gutiérrez Gálvez, de Chile; el médico, profesor y escritor Alfredo Boccia Paz y el maestro Martín Almada, ambos paraguayos; los periodistas Luiz Cláudio Cunha, de Brasil, y Mónica González, de Chile; la profesora Patrice McSherry, de la Long Island University, de Nueva York; y el director del Archivo de Seguridad Nacional de la George Washington University, Carlos Osorio.
El encuentro, coordinado por la diputada Luiza Erundina, presidenta de la Comisión Parlamentaria de Memoria, Verdad y Justicia, y el abogado Jair Krischke, presidente del Movimiento de Justicia y Derechos Humanos, permitió confrontar los distintos procesos nacionales respecto del terrorismo de Estado implementado por la Operación Cóndor, la coordinación represiva de las dictaduras de América del Sur durante las décadas del 70 y del 80.
Las distintas exposiciones revelaron los diferentes “ritmos” de las estructuras judiciales para castigar los delitos contra la humanidad, en función de la vigencia de normas legales que facilitan la impunidad, o la remoción de las mismas. En Chile, tras la prisión del dictador Augusto Pinochet en Londres a raíz de una orden del juez español Baltasar Garzón, la justicia superó debilidades intrínsecas, según el diputado Hugo Gutiérrez, de destacada participación como abogado de familiares en la querella por el desafuero de Pinochet. El juez Rafecas, responsable de la investigación judicial sobre el plan Cóndor, detalló los criterios que se aplican en Argentina, en especial la definición del testimonio como elemento de prueba y el papel desempeñado por los “juicios de la verdad” en la compilación de elementos que facilitan los fallos contra los violadores de los derechos humanos. El abogado paraguayo Alfredo Boccia refirió la casi nula acción judicial contra los delitos revelados en el “archivo del terror”, descubierto por Martín Almada, salvo las prisiones decretadas contra los funcionarios policiales y militares en el momento del descubrimiento, que provocó una gran conmoción social. El diputado uruguayo Luis Puig detalló las luces y sombras de la desactivación de la ley de caducidad y las dificultades que enfrentan algunos magistrados para aplicar en los procesos judiciales los principios de imprescriptibilidad del delito de desaparición forzada. La diputada Luiza Erundina fustigó la falsa contradicción entre reconciliación y justicia, una oposición que emerge en Brasil, quizás el país de la región más atrasado en el combate a la impunidad de los crímenes de la dictadura militar, a medida que avanza el reclamo de verdad que, dijo, “incomoda, y por ello debe tornarse en un arma para desarticular la cultura de violencia que existe en nuestra sociedad”. Erundina se refirió a la vigencia de la ley de amnistía como una “ley manca, un producto de la estrategia política de la dictadura”, que debe eliminarse porque confiere impunidad a los militares responsables de los delitos. Por su parte, tanto Patrice McSherry como Carlos Osorio destacaron la importancia de descubrir los archivos de las dictaduras y señalaron la necesidad de exigir la desclasificación de documentos; el ocultamiento de dichos archivos, en opinión de varios de los participantes, constituye un problema, particularmente en Uruguay y Brasil, donde las autoridades militares han reiterado su destrucción o inexistencia, una afirmación que ciertos episodios han revelado que es falsa.
El análisis de situación en los diferentes países permitió concluir que “existen avances democráticos en la búsqueda de la verdad sobre la trama trasnacional de dictaduras cívico militares fundada en la doctrina de seguridad nacional”, pero que “la conciencia de la impunidad de estos crímenes es un generador de la delincuencia y de la corrupción sistémica”. Los participantes coincidieron en que “se requiere una nueva interpretación de los instrumentos jurídicos que todas las dictaduras impusieron a los ordenamientos jurídicos nacionales, como autoamnistía y prescripción”, y se comprometieron, por tanto, a “enfrentar a cualquier ley, ordenanza o reglamento que pueda reducir, cancelar o restringir la protección de los derechos humanos”.
En un documento titulado “Carta de Brasilia”, firmado por todos los participantes pero en especial por los legisladores presentes, el Seminario Internacional se comprometió a “propugnar que los estados, en nuestras constituciones, permitan la investigación y la sanción de los crímenes contra la humanidad, como ya se ha establecido en la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, y así los agentes del Estado, así como sus cómplices civiles que violaron los derechos humanos, sean enjuiciados y castigados con penas proporcionales a sus crímenes”.
El documento enfatiza: “Creemos que ha llegado el momento para que los países afectados por la Operación Cóndor, en sus diferentes dimensiones, pongan a la disposición todos los archivos del Estado que conduzcan a la aclaración de los crímenes y violaciones de los derechos humanos. Esta actitud permitiría cumplir las sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos sobre los casos de Araguaia (Brasil) y Gelman (Argentina y Uruguay)”. Al respecto, el seminario asumió el compromiso de “iniciar desde ahora la recopilación de todos los archivos y documentos relacionados con la Operación Cóndor que están en manos de organismos oficiales, universidades, fundaciones privadas, periodistas e historiadores, para que se conviertan en una contribución activa y de uso masivo de la verdad y de la justicia”.
La “carta de Brasilia” introduce dos iniciativas innovadoras: la creación de un Foro Permanente sobre Justicia y Derechos Humanos, que buscará “la integración de nuestros parlamentos, con la participación fundamental de la sociedad civil”; y la instalación de una corte civil sudamericana al estilo del Tribunal Russell. El objetivo del foro es “compartir y llevar, por la comprensión fraterna, hacia las legislaciones nacionales más retrasadas, los progresos institucionales ya alcanzados en el carácter supranacional de las convenciones y de los tratados internacionales a que nuestros estados se hayan sumado, asumiendo una jerarquía equivalente a la medida en que estas normas reciban el derecho de las personas y de los pueblos, y permitan la convivencia entre nuestras naciones”.
El seminario (que a su finalización aprobó también una moción de condena al “golpe blanco, como destello de un nefasto espíritu civil de la Operación Cóndor”, que destituyó a Fernando Lugo en Paraguay) resolvió iniciar los contactos para la coordinación tanto de las estructuras parlamentarias como de las organizaciones de la sociedad civil, a fin de poner en marcha la recopilación de documentación que permitirá la instalación del foro y del tribunal.n

Comentarios   

 
0 #1 Carlos Ballero 01-08-2012 20:24
Estrella Roja erp 4 de marzo de 1974 (diario publicado por el erp-ejército revioluckionari o del pueblo )
( re impreso por infobae del 14 de mayo de 2005)

"A los Pueblos de América DECLARACION CONJUNTA

ELN MIR TUPAMAROS ERP

Cuatro organizaciones revolucionarias , cuatro destacamentos de avanzada surgidos al calor de la lucha liberadora por los pueblos hermanos de Bolivia, Chile, Uruguay, y Argentina, han comenxzado a confluir, a unir sus fuerzas y sus voluntades en un solo haz..." ( fin de la cita)

De esta manera los "jovenes idealistas, ( como si no lo fueran los argentinos que de uniforme o de civil defendieron la patria del terrorismo y su consecuencia la dictadura comunista) ïniciaron la acción conjunta terrorista la cual recibió la respuesta que determinan los reglamentos militares para la lucha contra la subversión y el terrorismo: la acción conjunta de las fuerzas democraticas de los pueblos agredidos, el plan Condor. OBSERVAR LA FECHA dos años antes del Proceso


El Cóndor de la guerrilla
Años de plomo
Una investigación revela que antes de que las fuerzas armadas del Cono Sur pusieran en práctica el Operativo Cóndor, las guerrillas regionales operaban en forma conjunta
MONTEVIDEO

Pasaron años, décadas, las heridas no han cerrado del todo, y los hechos ocurridos en esta región de América durante los años sesenta y setenta no han sido contados con la perspectiva que pueden dar el paso del tiempo y todos sus detalles. Muchos protagonistas están vivos y revelan de a poco los tramos de la película que vieron en primera fila.

Mucho se ha escrito sobre los guerrilleros uruguayos: primero lo hicieron los militares; después, los propios guerrilleros, al igual que los primeros influidos por sus afectos: destacaban su "gesta heroica" y hacían hincapié en el sufrimiento de la prisión y la tortura.

Nacido en los años sesenta, el Movimiento de Liberación Nacional-Tupama ros (MLN-T) logró fama internacional con sus acciones de guerrilla urbana, que en algunos casos generaron asombro por la creatividad de las operaciones. Pero fracasada su aventura militar, luego de la prisión o el exilio, el MLN-T tuvo que acomodarse a una nueva realidad tras la restauración democrática en 1985. Luego de rechazar por un tiempo la vía electoral, lograron su incorporación formal al Frente Amplio -coalición de izquierda que tiene más del 40 por ciento del electorado nacional- y hoy cuentan con dos senadores en una Cámara alta de 31 bancas. Ambos, José Mujica y Eleuterio Fernández Huidobro, fueron hombres duros de aquella guerrilla.

El periodista uruguayo Alfonso Lessa acaba de publicar una investigación sobre el movimiento tupamaro, que antes de ser libro le permitió obtener una maestría en ciencias políticas. Y rescata testimonios de muchos protagonistas de aquella época, que hasta ahora habían preferido mantener la boca cerrada.

Mientras desde la izquierda se sigue cuestionando el Operativo Cóndor, que coordinó acciones de las fuerzas armadas de la región, el libro revela detalles de la otra coordinación, la de las guerrillas de estos países. A partir del análisis regional, rastrea en las causas del fracaso de los tupamaros. Y eso es lo que le permite dar título a su libro: La revolución imposible (Editorial Fin de Siglo).

El Cóndor al revés

Lessa cuenta que las primeras conexiones se dieron "al comienzo, en los años sesenta, mediante relaciones entre tupamaros del Uruguay con Montoneros y Descamisados". Roberto Perdía -número dos de los montoneros- afirma en el libro que el modelo urbano de los tupamaros influyó mucho a su movimiento y, además, hay documentos que demuestran que los guerrilleros argentinos pidieron asesoramiento a los tupamaros para perfeccionar su "cárcel del pueblo" y otros aspectos como la falsificación de documentos.

Sin embargo, según afirman los propios tupamaros, los guerrilleros uruguayos "no confiaban demasiado en los Montoneros" y veían poco clara su opción respecto de las vías de acceso al poder, sobre todo por el apoyo a la vía electoral de Perón".

En la investigación se comprueba una "segunda etapa de relaciones" entre las guerrillas, que fueron "mucho más profundas con el ERP desde 1972 hasta el golpe de Estado de 1976 en la Argentina". En ese período "hubo secuestros y otras acciones conjuntas del MLN y el ERP en la Argentina", e "incluso los tupamaros tenían a su cargo una fábrica clandestina de subametrallador as" en nuestro país.

Arnold Kremes, más conocido por su nombre de guerra Luis Matini, es el único jefe vivo del ERP y dio su testimonio en la investigación. "Hubo una gran inspiración en el MLN; casi diría que fueron los que más nos inspiraron por el rasgo urbano. (...) Los tupas tenían algunas ideas muy claras, como cuando decían, y con esto se diferenciaban de todos, que una operación militar tiene que explicarse por sí misma, porque si hay que empezar a explicarla, sonaste", comenta Kremes.

Los tupamaros generaron cierta admiración en los argentinos. Roberto Perdía explica los motivos: "Nosotros tuvimos vínculos de tipo espiritual, si se quiere. Por ejemplo, en el origen del movimiento nos impresionó mucho la toma de (la ciudad) Pando (...) nos sirvió de modelo para acciones nuestras. (...) Hubo varias reuniones con algunos de ellos, sobre el tema de organización clandestina urbana, de cómo se hacían determinadas cosas, un tema logístico". Perdía admite que los tupamaros "estaban más próximos al ERP" que a Montoneros.

La junta guerrillera

A mediados de los años setenta se había constituido la Junta de Coordinación Revolucionaria, que integraban el Movimiento de Liberación Nacional-Tupama ros (MLN-T), el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) de Argentina, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) de Chile y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Bolivia.

Efraín Martínez Platero, uno de los ex guerrilleros que da su testimonio en el libro, fue designado en Buenos Aires "representante internacional" de estas guerrillas ante otras organizaciones y gobiernos y un nexo permanente con La Habana. "El objetivo era poner en práctica la lucha donde fueran más propicias las condiciones para llegar al poder. Si había que luchar en la Argentina, porque estaba más cerca la toma del poder, luchar allí con toda la fuerza", según documentación incluida en el trabajo.

En su fundación, los grupos subversivos de la región señalaron al régimen cubano como "la marcha final de los pueblos latinoamericano s hacia el socialismo, hacia la verdadera independencia nacional, hacia la felicidad colectiva de los pueblos", y en ese marco destacaron que su "enemigo" era el "nacionalismo burgués y una concepción errónea en el campo popular: el reformismo".

"Tomamos la idea del Che (Guevara), de que había que organizar juntas sólo de coordinación", ya que "cada país tenía su independencia" y había "que eliminar la idea de que había una política común para toda América latina", cuenta Kremes.

Aníbal De Lucía, uno de los principales ex dirigentes del MLN-T, dice que fue a todas las reuniones de la junta, tanto en la Argentina y Chile, como en otros países, y que la coordinación "funcionó" bien como fuente de recursos: "Hicimos veinte millones de dólares en secuestros a repartir entre todas las organizaciones" . Dijo que esos secuestros se hacían en la Argentina por considerarlo el terreno más fértil para esa práctica, y con participación de los uruguayos.

Carlos Masetti -hijo del guerrillero argentino Carlos Masetti, que operó muy cerca del Che- apunta que la Junta funcionó "al influjo del ERP y su poder económico". Narra que "los tupas" manejaban "una fábrica de subametrallador as, las JCR1, de una tecnología muy elemental", que tenía apoyo financiero del ERP y que el rescate de un secuestro les dejó mucho dinero, lo que compartieron con el MIR chileno y con el MLN uruguayo para su reorganización en Uruguay.

Los Montoneros no participaron de la junta por diferencias ideológicas entre los grupos.

La junta tuvo sus problemas internos, que también se vivían dentro del MLN-T con dos tendencias: los que querían concretar la contraofensiva militar en Uruguay y los que lograron bloquearla porque aseguraban que iba a terminar en una masacre, porque no tenían suficiente gente adentro de Uruguay y porque los militares los tenían controlados.

Efectivamente, Lessa encontró en su investigación documentos que demuestran que los militares uruguayos los seguían tan de cerca que hasta tenían la grabación de la reunión en la que el MLN se fracturó. Eso ocurrió en Buenos Aires, en octubre de 1974, en una casa del ERP y con participación de militantes de este movimiento. De acuerdo con los documentos ahora divulgados, las fuerzas armadas uruguayas tenían las fichas de decenas de guerrilleros que actuaban en la Argentina, sus cargos, alias y organigramas completos de la organización. O sea que así como las guerrillas empezaron a actuar de manera coordinada, la concertación entre las fuerzas de seguridad en el Río de la Plata comenzó bastante antes de que se oficializara el Operativo Cóndor.

En la reunión del 8 de octubre de 1974 participaron doce dirigentes tupamaros y 16 guerrilleros invitados, bajo el compromiso de "absoluto secreto". Pero en el libro se transcriben partes de dos memorandum del Servicio de Información de Defensa (SID) de Uruguay, que daban cuenta en detalle de la reunión y que mencionan una grabación de la misma, que estaba en poder del ejército.

El fracaso

En el libro se cuenta el encuentro que dos dirigente tupamaros mantuvieron en abril de 1974 en la playa de la Agraciada, frente a la Argentina -un lugar histórico porque allí, en 1825, desembarcaron los patriotas que iniciaron una cruzada libertadora contra el imperio de Brasil que dominaba la Provincia Oriental-. El tupamaro que había cruzado en bote desde la Argentina explicaba con entusiasmo los planes para retomar la acción en Uruguay. Pero el que estaba clandestino en ese país le advertía con dolor que todo terminaría en una masacre. Más allá de coletazos para reavivar el movimiento, la suerte estaba echada.

Treinta años después, los tupamaros están cerca ahora de llegar al gobierno de Uruguay como parte del Frente Amplio, que es la fuerza política mayoritaria y con gran chance de ganar las elecciones del próximo año. Aunque la revolución no fue posible, paradójicamente quizás ahora los ex guerrilleros festejen un triunfo electoral, que sería el paso al "reformismo" que tanto repudiaron en aquel tiempo.

Por Nélson Fernández
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