Allá por junio de 2010, cuando la oposición firmó el acuerdo para integrar los entes, blancos y colorados no escatimaban elogios para el talante republicano del presidente. Ahora, los dichos de varios legisladores frenteamplistas intimándolos a abandonar sus asientos en los directorios si no se alineaban con el rumbo del gobierno generaron todo tipo de cruces en la prensa. Pero nadie sabe a ciencia cierta cuál ha sido el rol de blancos, colorados e independientes en esos organismos; es decir si hay una política de confrontación sistemática o las diferencias son solamente puntuales.
Desde el oficialismo no está el ánimo para dejar la mano tendida a la oposición después de los enfrentamientos por el tema Pluna, entonces el hilo se corta por el “si no te gusta, andate”. “Ellos tienen la función de controlar y de dirigir, si están en las empresas públicas. Si estás disconforme con el gobierno, retirate”, dijo Lucía Topolansky. Igualmente el argumento de que la oposición sólo realiza críticas per se no parece del todo sólido: después de la disolución de la aerolínea, una reacción virulenta de blancos y colorados era esperable, sobre todo después de un mea culpa de Astori que no convenció, y la decisión de la Auditoría Interna de la Nación de declarar la confidencialidad de los balances contables de la aerolínea. Del otro lado de la cuerda, la oposición acusa de “totalitario” al gobierno, como si éste quisiese privarlos de la inocente y noble función de contralor que les corresponde constitucionalmente, cuando claramente (aunque se empeñan en negarlo) hay estrategias electorales en juego para las que se necesitan al menos una visibilidad y una iniciativa opositora. Ni siquiera dentro del Frente Amplio la visión de Topolansky es compartida. El diputado Felipe Carballo (Compromiso Frenteamplista, sector de Raúl Sendic, presidente de ancap) dijo a Brecha no haber escuchado a ningún director de ente, salvo en algún caso puntual, hablar de dificultades de relacionamiento con la oposición. De hecho, la evaluación que él hace del desempeño en los 56 cargos que tiene la oposición en el Estado es positiva, porque en el conjunto hay un 90 por ciento de aceptación en las resoluciones de los directorios. “Es eso lo que vemos, pero no es información oficial. Estaría bueno conocer porcentualmente la cantidad de resoluciones que se votaron en conjunto y cuáles no”, dijo, y sostuvo que “si están en ese ámbito y con una actitud propositiva no tienen por qué decir que sí a todo”. Los casos puntuales son el de ancap, donde ha habido desavenencias con el director blanco Carlos Camy (Alianza Nacional), y el de Antel, donde el director colorado, Carlos Guariglia, mantiene una relación tirante con la presidenta, Carolina Cosse, y se ha quejado de que no recibe información sobre la gestión. Así haya o no una rendición de cuentas por parte de los directores de los entes, la salida de la oposición de los cargos no se avizora en lo inmediato, sobre todo después de que el presidente (único que puede pedirle al Senado la destitución de los directores en caso de ineptitud, omisión o delito) dijera con sorna que no los quiere dejar de-sempleados. La pregunta obvia es por qué en un principio se invitó a la oposición a participar en los entes, haciendo un canto poético a las políticas de Estado a largo plazo, si en última instancia es la política partidaria, cortoplacista y meramente coyuntural la que termina pesando para desarmar los acuerdos. Así parece que ante la primera tensión la idea original no era tan buena. Lo mismo sucedió con la incorporación de los sindicatos a la conducción de la salud y la educación, una idea bien intencionada pero que hubo que remendar ante las alianzas en los directorios que dejaban al gobierno en minoría. n