La principal preocupación de Occidente
- Última actualización en 03 Agosto 2012
- Escrito por: Rodrigo Abelenda/ Florencia Soria
E S —En 2003 hicimos una primera visita bastante completa a los centros para menores y realizamos un informe con recomendaciones. Actualmente sólo se cumplieron de manera bastante parcial. En Ginebra, el gobierno de Uruguay hizo una rueda de prensa con nosotros cuando hicimos el primer informe, y el segundo también fue bien recibido: había intenciones de cumplir lo que se proponía. Pero el proyecto de ley que se está discutiendo ahora va en dirección completamente contraria a lo sugerido, porque insiste en una política represiva que además contradice los textos internacionales que Uruguay ratificó.
Si hay una voluntad de atacar el problema de una cierta manera, poniendo énfasis en la prevención, no se puede, al mismo tiempo, dejar que se desarrollen políticas en completa contradicción con eso. En la organización, cuando se discutió el programa de menores, yo dije que había que trabajar con países que aceptaran el diálogo para iniciar procesos de transformación. Elegimos a Uruguay y a Benín, en África, porque sus autoridades, por lo menos oficialmente, comparten la visión de que la lucha por la seguridad no supone más represión sino prevención y medidas alternativas. Nos interesa que Uruguay mejore, por la situación de los gurises que viven aquí, pero también como modelo hacia el exterior –aunque sabemos que los modelos no se exportan.
—¿Cómo consideran que Uruguay enfrenta el problema de la violencia, con relación a otros países?
E S —Es difícil comparar. Hay una tendencia, diría en todo el mundo occidental, a considerar que la cuestión es la número uno. En Suiza, donde no se podría hablar de una horda de criminalidad, hay toda una tendencia a presentar la seguridad como el primer problema, a criticar a las autoridades porque no toman buenas medidas y a buscar a los culpables. Aquí son los jóvenes. Para nosotros son los extranjeros. Hay un partido conservador, la Unión Democrática del Centro, que armó toda su política contra la presencia de los extranjeros, suponiendo que son ellos quienes cambiaron nuestras costumbres de respeto y honestidad.
—¿Qué medidas se pueden tomar para revertir la situación sin atentar contra la normativa nacional o internacional?
E S —Se puede transformar la pena de privación de libertad en una forma de educación a través de un trabajo que no sea forzoso pero que ayude al joven, porque en la mayoría de los casos no tienen educación ni un entorno familiar que los soporte. Actualmente los centros tienen más ofertas para firmar acuerdos con empresas y con el Estado para que los jóvenes trabajen. Esta tendencia parece más factible que hace unos años.
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