El anuncio de las 15 medidas para la convivencia vino acompañado de pronósticos optimistas que auguraban un cambio de pisada del Frente Amplio (fa) con respecto a un tema urticante como la seguridad pública. Era una sensación unánime en el partido que el gobierno recuperaba la iniciativa en la agenda pública –hasta entonces dominada por los embates de la oposición–. Todo esto poniendo el acento en la convivencia (y no) más allá de la demanda por seguridad. Si el objetivo del gobierno a corto plazo era dominar la agenda y dar un respiro al frente permanente de críticas, la meta parece haberse alcanzado, aunque con la ayuda coyuntural del descenso en las rapiñas y hurtos en el mes de julio.
Pero la manera en que se recuperó la iniciativa –colocando el foco mediático en el tema de la producción estatal de marihuana–, sumada a la iniciativa presidencial de presentar un proyecto de internación compulsiva por fuera de la estrategia general, desvirtuaron el perfil inicial puesto en la convivencia. Si se trataba de un proyecto con gran consenso, la propuesta del presidente puso en un nuevo brete a su bancada, que deberá pulir y amalgamar las 15 medidas con la propuesta de internación en un solo paquete armónico y consistente. Se trata de un proceso en donde se “bajará a tierra” el paquete de medidas, y en el que se descuentan controversias.
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