Con vos en el Caribe sur
- Última actualización en 10 Agosto 2012
- Escrito por: Ricardo Scagliola
Venezuela y el Mercosur tienen cuatro años para adecuarse a una nueva etapa. Desde el 31 de julio, fecha en que los presidentes firmaron en Brasilia la incorporación del país caribeño como miembro pleno, el bloque es un quinteto que tiene, dentro de sí, a las tres principales economías de la región. Venezuela, la última en subirse al tren, es la cuarta potencia de América del Sur. Tiene una población de 30 millones de personas, y en 2011 su pbi fue de 342.000 millones de dólares, lo que implica un producto per cápita de 11.400 dólares, uno de los más altos de la región. En ese mismo año, su saldo comercial positivo sumó 46.000 millones de dólares, obtenido fundamentalmente por las exportaciones de petróleo. Sumando los recursos de la Faja del Orinoco, es el país con las mayores reservas de hidrocarburos líquidos pesados y extrapesados probadas del mundo. Durante casi seis años, distintos bloqueos en los parlamentos de Brasil y Paraguay impidieron concretar su ingreso al Mercosur. El último foco de resistencia fue el Senado de Paraguay, pero el golpe parlamentario contra el presidente Fernando Lugo que derivó en la suspensión de la participación de ese país en el bloque allanó el camino para la incorporación de Venezuela.
Más allá del debate jurídico sobre la fórmula practicada para la entrada de Venezuela al bloque, su ingreso despierta varias interrogantes y, con sus matices, abre un nuevo panorama económico y comercial para la región. ¿Funcionará el nuevo Mercosur? ¿Estaremos ante una nueva etapa del proceso integrador? ¿Qué tipo de ventajas le puede traer a nuestro país la incorporación de un nuevo actor de las características de Venezuela? De acuerdo a los especialistas, todo está por verse, pero algunos indicadores económicos parecen mostrar señales alentadoras. De acuerdo a algunas proyecciones elaboradas por la presidencia semestral brasileña del bloque, el volumen del comercio exterior del Mercosur en los últimos años viene creciendo a una tasa promedio del 20 por ciento anual; las exportaciones subieron en 2011 al 28 por ciento respecto de 2010, y las importaciones ascendieron 23,6 por ciento en 2011 respecto del año anterior.
Para Uruguay podría abrirse una ventana de oportunidades, principalmente comerciales. “De hacerse un análisis puramente económico, lo primero que uno mira es la complementariedad de los países. Desde ese punto de vista, la entrada de Venezuela al Mercosur es casi perfecta, porque es un importador neto de alimentos y productos agropecuarios, que es justamente lo que Uruguay produce, y por otro lado es exportador de productos energéticos, de los que nosotros somos importadores netos”, afirma el analista económico Joaquín Magallán, consultado por Brecha. Y es que las exportaciones venezolanas están dominadas casi exclusivamente por el petróleo y sus derivados: 95 por ciento del total del intercambio bilateral con Uruguay. Según datos manejados por la Dirección Nacional de Aduanas y la Dirección Nacional de Industria, las importaciones uruguayas desde Venezuela totalizaron en 2011 casi 612 millones de dólares, de los cuales 611 pertenecieron exclusivamente al petróleo y derivados. En cambio, nuestro país exportó a Venezuela 325 millones, repartidos entre lácteos, carnes, cereales y medicamentos, principalmente. En lo que va de 2012, la tendencia marca ventaja para Uruguay: 243 millones exportados frente a 213 millones por concepto de importaciones, observándose además una mayor diversificación por sectores.
Lo dice el mismísimo Departamento de Integración y Comercio Internacional de la Cámara de Industrias (ciu) en un informe donde, si bien critica la modalidad del ingreso de Venezuela al bloque, reconoce que “desde el punto de vista comercial, Uruguay y Venezuela poseen una relación que podría definirse como complementaria”, un patrón comercial que, “junto con la importancia de Venezuela como proveedor de petróleo y otros recursos energéticos, indicaría a priori ciertas ventajas comerciales para Uruguay por el ingreso de este país al bloque”. Y es que todo indica que, de aprovechar las potencialidades que el mercado venezolano ofrece, Uruguay podría apuntar a colocar paulatinamente productos con un mayor grado de industrialización. Lo explica, consultado por Brecha, el investigador Martín Mandressi, especialista en temas de integración regional: “Uruguay coloca materias primas en los países de mayor poder adquisitivo, y bienes semiindustrializados en países con menos poder adquisitivo. Esto claramente puede acentuar este flujo”. Mandressi se refiere, por ejemplo, a la industria farmacéutica, que tiene un alto valor agregado, y a algunos productos lácteos con alto grado de industrialización. En eso coincide Gabriela Mordecki, directora del Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas (Udelar): “En lo que hace a la industria láctea, Venezuela tiene un déficit enorme, y en eso Uruguay es muy competitivo, y tiene productos de muy buena calidad. A partir de la leche podríamos pensar en otros productos, como los quesos, sobre todo”. Según Mordecki, todo dependerá de los entendimientos comerciales a los que puedan llegar los empresarios. “Un acuerdo sienta las bases, pero no soluciona todos los problemas.”
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Con Sebastián Torres, director nacional de Industria
“El gran desafío a largo plazo son las cadenas productivas”
A largo plazo. Así ve el gobierno los eventuales beneficios para nuestro país tras el ingreso de Venezuela al Mercosur. Y es que si bien el Ministerio de Industria ya se encuentra estudiando los nichos de mercado de los que Uruguay puede sacar tajada tras la ampliación del bloque, para el director nacional de Industria, Sebastián Torres, se trata de que los empresarios logren un espacio para mejorar su producción, tanto en calidad como en cantidad. “El hacer buenos negocios va a depender mucho de los empresarios”, afirmó Torres, consultado por Brecha. Para el funcionario, “más allá de que ya existiesen algunos acuerdos, no es lo mismo desde el punto de vista institucional que Venezuela como miembro pleno del Mercosur ratifique algunos tratados que le dan otra jerarquía. Eso impactará en el mediano y largo plazo en lo productivo”.
Según dijo Torres, el gobierno apunta sus baterías a “productos con un alto grado de industrialización”, que tienen a la región como destino natural. Así, sectores como el automotor, el metalúrgico, la electrónica, la industria química y la vestimenta encabezan la lista de potenciales clientes del nuevo socio. Y ni que hablar de los productos agroindustriales: “Venezuela podría demandar bienes como los de la industria láctea. En el nicho específico de alimentos elaborados tenemos un largo camino por recorrer”. En lo que hace al sector automotor, Torres afirmó que “es uno de los que tiene mayor proyección de demanda en Venezuela, siempre pensando en el marco de la complementación, como lo hacemos con Brasil”. Uruguay ya se encuentra negociando este tema con las autoridades venezolanas. No obstante, para el director, “el gran desafío a largo plazo” pasa por la ampliación de las cadenas productivas hasta el Caribe: “Uruguay lo que tiene que negociar es qué parte del proceso productivo de algunos sectores estratégicos, como el energético o el naval se puede llegar a realizar en territorio uruguayo”.
La visión del canciller Almagro
“El Mercosur adquiere una dimensión central en América”
Finalmente Venezuela ya forma parte del Mercosur, tras un ingreso polémico cuyos ecos aún no se apagan. Días después de la interpelación que por este motivo enfrentó el canciller Luis Almagro –que en un comienzo incluso no compartió la fórmula jurídica–, el alto funcionario dijo a Brecha que se trató de “una decisión política del presidente Mujica, que ante un momento histórico hizo lo que tenía que hacer”.
Almagro pondera la visión a largo plazo que muestra el presidente venezolano Hugo Chávez, por encima de las diferencias de estilo y del proceso político bolivariano. También señala que Venezuela “hizo mucho” por volcarse comercialmente a esta zona del continente, así como la inversión que destinó a emprendimientos estatales y sociales en Uruguay.
El canciller opina que con el ingreso de Venezuela “el Mercosur adquiere una dimensión central en América del Sur”, porque reúne a las tres economías “más grandes del continente”. En el marco de realineamientos que se están verificando en el Sur, Brasil adquiere “un papel más protagónico aun”, opina Almagro, porque es capaz de articular “una zona que va desde el Caribe hasta la Patagonia, una potencia energética, alimentaria y de agua dulce; hay que asumir que el Mercosur es mucho más político que antes, por eso las soluciones exclusivamente técnicas a veces no son compatibles con los tiempos políticos”.
El proceso de armonización de la política comercial de Venezuela con la del Mercosur ya comenzó en 2006, cuando ese país adhirió al Tratado de Asunción. De hecho, ya existe un cronograma de desgravación arancelaria que de aquí a cinco, diez y 15 años, según los productos, Venezuela deberá cumplir para acoplarse a la zona de libre comercio. La negociación comercial precedió a las negociaciones y los obstáculos políticos que impedían al país caribeño ingresar al bloque.
No son pocos los debates que hay también dentro de Venezuela, dado que al bajar sus barreras arancelarias los productos de los otros socios del Mercosur competirán con la industria local. Venezuela también representa una oportunidad para la agroindustria de Uruguay y de los restantes socios, debido a su dependencia de la importación de alimentos, algo que forma parte de las críticas que se le hacen al gobierno de Chávez (véase nota central). Venezuela importa entre el 40 y el 60 por ciento de lo que consume en rubros clave como el arroz, leche en polvo, carne bovina, maíz y otros cereales. Desde ese punto de vista las economías de ambos países son complementarias.
El presidente José Mujica ha manifestado que el ingreso del país caribeño contribuirá a mejorar las asimetrías de producto bruto, tamaño y producción entre los dos grandes de la región y los más pequeños. Sin embargo, hay analistas que señalan que los grandes países tienden a entenderse entre ellos, e incluso no pocos recuerdan el “eje Caracas-Buenos Aires” que funcionó en forma aceitada durante la presidencia de Néstor Kirchner. “Lo de las asimetrías lo iremos viendo sobre la marcha”, responde Almagro. “Lo que no podemos es tener temor a crecer en el Mercosur por nuestra posición o tamaño relativo –complementa–. De hecho, ya tenemos una tradición comercial desarrollada con las tres economías más grandes del continente, y la industria uruguaya ya hizo el ajuste estructural cuando ingresó al proceso de integración.”
En cuanto a la agenda extrarregional, el canciller señaló que observa señales positivas en el mundo ante el ingreso venezolano: “Todos sabemos que la negociación externa del Mercosur es una de las prioridades, y tras el ingreso de Venezuela, ni China ni la Unión Europea manifestaron ninguna objeción para seguir negociando”. n
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