Memoria de la llanura

El domingo falleció Universindo, el Yano, autor junto a Lilian Celiberti de la primera denuncia penal presentada en nuestro país contra terroristas de Estado (cuya reapertura sigue pendiente) y uno de los principales responsables de que las luchas de los de abajo tengan su historia.

Si te gustaba la historia, a la salida de la dictadura, no había nada como Facultad de Humanidades. Uno podía aprender cómo investigar la de Uruguay con José Pedro Barrán, por ejemplo, y en “americana dos” estaba Juan Oddone. Fue él que una linda mañana de abril, rodeado de estudiantes, soltó. “¿Pero vieron a quién tenemos de alumno?”. Porque quería hablar de Universindo y del orgullo que sentía de que hubiese elegido aquella disciplina por destino.
Entonces Yano tendría 34 o 35 pues nació en el 51, en Artigas. De mocito llegó a Montevideo a estudiar medicina pero era 1969 y se hizo libertario. Su opción lo condujo a exiliarse en Buenos Aires; fue parte del proceso que condujo al nacimiento del Partido por la Victoria del Pueblo (pvp) en 1975, y como muchos de los que sobrevivieron a la cacería que se desató contra ellos al año siguiente, encontró refugio en Europa, específicamente en Suecia.
Para entonces, desde Estados Unidos, Jimmy Carter intentaba reconciliar las políticas de su país con los derechos humanos y Brasil, a 12 años del golpe, ensayaba una apertura. El pvp sentía la necesidad de acercarse al país pues “era muy difícil percibir la situación regional viviendo una realidad tan distinta”, explicó a Brecha Lilian Celiberti quien, junto a Universindo, constituyó la avanzada del de­sembarco en Brasil.
El 12 de noviembre de 1978 fueron secuestrados. Al Yano lo detuvieron rumbo al estadio junto a los dos hijos de Lilian (que tenían 3 y 7 años) y a ellos también se los llevaron. Fue un operativo uruguayo brasileño al mando del capitán (uruguayo) Eduardo Ferro. Yano contó a Roger Rodríguez que entonces los condujeron al Departamento de Orden Político y Social de Porto Alegre donde el mayor uruguayo Glauco Giannone y el oficial brasileño Pedro Seelig los torturaron “salvajemente”. Traspasada la frontera volvieron a torturarlos, pero por separado. Lilian contó que la llevaron al monte y que sus hijos quedaron en la camioneta, boca abajo. Entonces dijo lo que podía: que el viernes siguiente habría una reu­nión en su apartamento de Porto Alegre.
Lilian no había hecho las llamadas telefónicas diarias que debían confirmar que todo estaba bien y Hugo Cores, ya en San Pablo, actuó según lo convenido. Cuando Ferro condujo a Lilian al apartamento a fin de armar la trampa había un mensaje para ella: “Beca otorgada. Llamar urgente”. Los propios represores la obligaron a hacer la llamada por la que trasmitió el mensaje codificado que significaba que, a las cinco de la tarde del viernes, mandaran prensa al apartamento. Así fue que Ferro y sus hombres terminaron secuestrando a los periodistas Luis Claudio, de Veja, y a Juan Scalco, de Placard. Los tuvieron que soltar, claro, y el escándalo fue enorme.
Yano, después de atravesar el “infierno grande”, terminó en el penal de Libertad. Los secuestrados permanecieron presos hasta noviembre de 1983. Los soltaron pocos días antes del acto del Obelisco y
–en casa de los padres de Celiberti– los aguardaba un enjambre de periodistas. “Yo creo que eso nos dio una naturalidad muy grande con la denuncia”, explicó Lilian preguntada sobre por qué ella y Yano, a diferencia de tantos, verbalizaron tempranamente la tortura. En febrero de 1984 (Sanguinetti todavía no había asumido) presentaron la primera denuncia penal contra el terrorismo de Estado.
La investigación sobre el pasado de los sectores populares tuvo un ancho espacio en la Facultad de Humanidades de la democracia recuperada. Los cuatro tomos de la Historia del movimiento sindical uruguayo que Carlos Zubillaga y Jorge Balbis empezaron a publicar en el 84 confirieron estatuto académico a la de los trabajadores que hasta entonces había sido obra de militantes. Fuera de la facultad, pero con la misma preocupación metodológica, Yamandú González Sierra, también militante del pvp, hacía sus primeras contribuciones sobre la materia que Yano haría suya por el resto de su vida.
La idea inicial fue demostrar que nuestra historiografía había sobrestimado el papel del primer batllismo en el impulso de la legislación obrera en desmedro del que había cumplido la movilización de los propios trabajadores. El primer volumen de Los sectores populares en el Uruguay del Novecientos (Compañero, Montevideo, 1989) da cuenta de la primera batalla de Universindo contra la avaricia de las fuentes. La noción instalada era que el clima generado por la segunda presidencia de Batlle había sido decisivo para el florecimiento del sindicalismo novecentista pero la tesis de Yano implicaba que éste ya había empezado.
Entonces se dio a buscar las causas de esa emergencia en la evolución de precios y salarios del período anterior, el de la presidencia de Williman, descubriendo fundamentalmente la dificultad de asegurar cualquier cosa, dada la pobreza de los registros estadísticos de la época. Lo que sí podía probar, y así hizo, fue que el ascenso de la conflictividad se había iniciado cuando el gobierno todavía ponía al servicio de las patronales a los policías conducidos por Guillermo West.
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