El presidente José Mujica pidió la renuncia del titular del Codicen, José Seoane, y de la vicepresidenta Nora Castro, informó ayer Búsqueda, en un hecho que marca un quiebre en la relación entre el Poder Ejecutivo y la anep desde la restauración democrática, y que se explicaba por la fuerte tradición autonómica de la educación en Uruguay. Mujica fundamentó su decisión en la necesidad de debilitar el Codicen y fortalecer la independencia de los consejos desconcentrados, aspecto que genera inquietud en el ámbito académico, desde donde se ha venido señalando que la fragmentación del sistema es uno de los principales problemas. El presidente decidió nombrar al director general del Consejo de Educación Técnico-Profesional (utu), Wilson Netto, y al consejero Javier Landoni en sustitución de los relevados, y de ese modo busca fortalecer a la utu.
El modus operandi de Mujica para estas remociones ha sido el mismo que signó los alejamientos de los ex jerarcas de Secundaria Pilar Ubilla y Fernando Tomeo en enero pasado, cuyas renuncias estuvieron de igual modo precedidas de trascendidos de prensa y de declaraciones de “fuentes del gobierno”, antes de que el mandatario efectivamente comunicara su decisión a los afectados.
Desde 1985 ningún presidente del Codicen debió dejar su cargo por falta de apoyo político. Juan Pivel Devoto (1985-89), Juan Gabito (1990-94), Germán Rama (1995-99), Javier Bonilla (2000-04) y Luis Yarzábal (2005-09) terminaron sus mandatos.
La inflexión no debe entenderse como un cambio en la sintonía entre el Ejecutivo y la anep. De hecho, varios de los jerarcas mencionados sufrieron duros cuestionamientos. Tal es el caso de Yarzábal. En el marco de la discusión de la ley de educación en 2008, el ex jerarca tuvo un duro enfrentamiento con el mec ya que se opuso al articulado que éste había presentado al Parlamento (al que acusó de avasallar la autonomía del ente), lo que generó una tensa relación con la entonces ministra María Simon. Si bien desde varios sectores del gobierno se pidió su relevo, Tabaré Vázquez no accedió.
Con respecto a los otros consejeros del Codicen y de los órganos desconcentrados, en el pasado reciente, si bien hubo varios alejamientos, éstos no fueron a pedido del presidente. Así pues, las renuncias forzadas de Ubilla y Tomeo (formalmente el presidente no puede destituirlos, ya que la potestad la tiene el Codicen) y las dimisiones de Seoane y Castro (a los que sólo el Parlamento puede destituir) marcan un antes y un después.**
Brecha dialogó con el politólogo Nicolás Bentancur, quien realizó una valoración de estos cambios y sus fundamentos.
—¿Cómo puede entenderse la decisión de Mujica de forzar las renuncias de Seoane y Castro en el Codicen?
—Hay un tema político-partidario que ayuda a entender la situación. Tiene que ver con el cálculo electoral. En un momento de estabilidad macroeconómica, de bajo desempleo, los dos temas que han sido los caballitos de batalla contra el gobierno de cara a la próxima elección han sido la seguridad y la educación. En educación efectivamente los cambios son lentos, poco visibles. Hay mucho ruido público y una sensibilidad social instalada frente a la situación en el área. Si lo mirás desde la lógica de la política, que Mujica trate de responder con golpes de efecto en las dos áreas no debería sorprender. En seguridad pública esto es muy claro, con los megaoperativos, por ejemplo. Y en educación me da la impresión de que Mujica no quiere terminar su mandato sin dar algún golpe de timón, y que pueda tener alguna realización verificable. Tabaré Vázquez la tuvo con el Plan Ceibal. Me parece que Mujica lo está buscando con la utu y la educación técnica, que es un tema muy sensible para él. En ese marco se explica este golpe en la conducción de la anep y el anuncio de los nuevos consejeros.
—Hasta ahora nunca se había pedido la dimisión de un presidente del Codicen. En el período anterior Yarzábal tuvo una muy difícil relación con el mec, y sin embargo Vázquez no le pidió la renuncia. ¿Por qué Mujica sí lo hizo?
—La autonomía que ha tenido la anep explica esa tradición, y esta decisión de Mujica sin duda rompe con esa tradición. Hay una diferencia importante entre Vázquez y Mujica en la forma como el primero cuidaba a los jerarcas que nombraba, y además trataba de correr menos riesgos, mientras que Mujica va más al manotazo. También se trata de un tema muy sensible para Mujica. Otra razón es su decisión de debilitar al Codicen. Esto marca cierta incongruencia. Primero se señaló
–lo hizo Astori, y también Mujica– que el problema del gobierno de la educación eran la autonomía y la debilidad del poder central. Últimamente se cambió el foco y el problema pasó a ser el Codicen, el centralismo brutal del organismo. Entonces la hipótesis es que la forma de desobstruir al sistema pasa por empoderar a los consejos desconcentrados. Este argumento genera bastante perplejidad para quienes estudiamos el sistema educativo uruguayo, que vemos como un problema a la fragmentación o segmentación. Donde cada consejo, cada nivel, funciona por su parte dentro de la anep. Esto pasa también entre los entes (anep-Universidad). El gran problema es la desconexión.
—Hay un error conceptual en la consideración del centralismo del Codicen. Desde lo administrativo-burocrático es cierto que casi cualquier medida que tome la utu o Secundaria debe pasar por el Codicen. Pero ese centralismo no se da en aspectos académicos o políticos. De hecho Primaria y Secundaria funcionan cada una con su lógica a nivel curricular y de evaluación. Eso genera problemas cuando los estudiantes pasan de un nivel al otro. Si en sexto año de escuela sólo repetía el 3 por ciento, primer año de liceo no lo pasa casi el 40 por ciento de los chicos.
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