Brecha Digital

Unidos y autocontrolados

En Chile existen varias iniciativas de control de las prácticas de los medios, pero no todas provienen del Estado. Empresarios de medios de muy diversas tendencias editoriales resolvieron unirse en un consejo para autorregular su comportamiento ético. El sistema se vanagloria de su transparencia y sus autores aseguran que sus resoluciones no quedan “cajoneadas”. Para conocer más sobre este mecanismo, Brecha conversó con Ricardo Hepp, presidente del Consejo de Ética de los Medios de Comunicación de Chile.

La prensa, la radio y la televisión chilenas de distintas regiones y con diferentes tendencias e ideologías políticas se nuclearon en la Federación de Medios de Comunicación Social que creó, en 1990, el Consejo de Ética. Éste está compuesto por nueve personas, nombradas por la federación, pero que no están relacionadas a ningún medio en concreto. Generalmente, tres de sus integrantes provienen de la academia, hay al menos un abogado y un ministro de la Suprema Corte de Justicia, junto a un representante de la sociedad civil, vinculado a actividades gremiales en el sector. Los restantes miembros por lo general son periodistas que estuvieron vinculados a algún medio en el pasado.
El Consejo no se apoya en ningún código de ética. Ante un reclamo dirigido a una empresa de comunicación –incluyendo las estatales–, se les informa a sus responsables sobre la denuncia para que hagan sus descargos. Luego el grupo discute a partir de esta información y toma una resolución que puede ser reconsiderada si alguna de las partes lo requiere.
Chile muestra un ejemplo de autocontrol desde las empresas de medios que –a pesar de las suspicacias y las críticas que pueda generar– parece en principio transparente en sus mecanismos y abierto a cualquier denunciante. Para conocer más sobre los desafíos del Consejo, su relación con los periodistas y con el Estado, Brecha conversó con Ricardo Hepp, ex director del diario chileno El Sur y presidente del Consejo, que participó el jueves 6 del “Primer debate nacional sobre mecanismos de autorregulación ética en la profesión periodística y en los medios de comunicación” (véase recuadro).

 

—¿Cuáles son las principales trabas a las que se enfrenta el Consejo de Ética para hacer cumplir sus resoluciones?
—Nos preocupa que la audiencia no denuncie lo suficiente, que –de alguna manera– no se atreva a hacerlo. Hemos tratado de facilitar el camino: abrimos en la página web un espacio donde puede presentar sus reclamos y facilitamos el trámite, pero aun así creo que son pocas las denuncias. Es decir, son muchas pero pocas con relación a las que tenía, por ejemplo, Inglaterra. Esto nos ha obligado a actuar de oficio: pedimos nosotros las grabaciones y hacemos las denuncias. Este es el principal problema, porque, en cuanto a presiones, no hemos tenido. Yo no me he sentido presionado nunca.
—¿Y las empresas tienden a acatar sus resoluciones?
—Acatan silenciosamente porque hoy me puede tocar a mí y mañana a otro. Incluso a empresas muy grandes como (el diario) El Mercurio no les gusta que haya una resolución que las afecte. Y a la televisión tampoco.
—El Consejo convive con otros mecanismos de regulación, como el Código de Ética del Colegio de Periodistas de Chile; ¿cuál ha demostrado ser más eficiente en sus resultados?
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