Brecha Digital

El perfil de la UTU en discusión

La ex vicepresidenta del Codicen Nora Castro puso nuevamente sobre la mesa la discusión sobre las características de la formación que debe dar la utu. ¿Hasta dónde muchos docentes se limitan a replicar en clase el trabajo en un taller textil o mecánico, enseñando al “aprendiz” cómo cumplir con su tarea, y hasta dónde ofrecen la reflexión y el respaldo teórico que debe acompañar cualquier proceso de enseñanza? La falta de formación docente, la creencia de que el conocimiento lo trae la práctica (exclusivamente), y la apreciación de que “cuando salgan al mercado esto va a ser así, no como dicen los libros”, incrementan sin duda ese riesgo, presente tanto a nivel de la docencia como en la definición de políticas (en qué formar y para qué).

En el período anterior se dio la discusión a partir de iniciativas que buscaban regionalizar el país identificando áreas productivas y la necesidad de distintas formaciones técnicas, lo que planteaba dificultades para hacer coincidir vocaciones individuales, necesidades del sector productivo y modelo de desarrollo. Un ejemplo fue en 2008 la polémica ante la creación del tecnólogo agroenergético en Artigas. La propuesta inicial (en la que participaron la utu, la Universidad, ancap y Alur) era formar técnicos sucroalcoholeros necesarios para Alur. Pero la Facultad de Agronomía consideró que se trataba de una formación demasiado puntual y específica, atada a la suerte de un emprendimiento. Finalmente se resolvió brindar una formación más amplia, en “tecnólogo agroenergético” (y así contemplar otras inserciones asociadas a la ampliación de la matriz energética).
¿Hasta dónde se puede ajustar la oferta educativa a la demanda del sector productivo? ¿Se puede formar para lo que aún no existe, pero que se busca generar (como estrategia de estímulo al desarrollo del país), o eso equivale a formar para la frustración?
Puede considerarse que esta discusión comenzó hace un siglo, cuando Pedro Figari intentó cambiar el rumbo de la entonces llamada Escuela de Artes y Oficios (eao), que dirigió entre 1915 y 1917.
El abogado, pintor y pedagogo uruguayo creía que la capacitación técnica de los obreros en los distintos oficios debía estar acompañada de una formación integral y artística. Según él, había que superar la división entre enseñanza artística y técnica y formar “obreros artistas”. Apostaba a un “arte industrial” que diera a la producción nacional un “diseño autóctono” que contribuyera a su valor agregado. Creía que en un mundo con potencias industriales y naciones proveedoras de materias primas, Uruguay no podía competir en cantidad y precio, pero podía producir bienes destacados por su calidad e identidad estética.
La propuesta generó resistencias tanto entre los vinculados a las bellas artes (los arquitectos demandaban ser los únicos capaces de definir cuestiones estéticas), como entre los que creían que la eao estaba destinada a formar obreros especializados en el dominio de una técnica.
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