El Codicen no es obstáculo

La ex vicepresidenta del Codicen percibe que falta una reflexión profunda que justifique los cambios en el gobierno de la educación, defendió la existencia del Consejo Directivo Central y negó que sea un escollo para la expansión de la educación técnica.

 

—El presidente Mujica fundamentó el retiro del apoyo político a usted y al ex presidente del Codicen, José Seoane, en la necesidad de facilitar cambios institucionales en la anep que pasan por debilitar al Consejo Directivo Central y dotar de mayor autonomía a los consejos, especialmente a la utu. Esta semana el director general de la utu, Wilson Netto, afirmó que “el centralismo fracasó en educación” (véase recuadro). El Codicen fue creado en 1985 y desde entonces ha tenido mala prensa dentro de la izquierda. Sin embargo, su rol ha comenzado a ser reivindicado (la ley de 2008 lo mantuvo). Además desde la academia se considera que es necesario para superar la fragmentación endémica del sistema educativo uruguayo. ¿Cómo se posiciona frente a esos diagnósticos?
—Antes de la ley 14.101 de 1973, la “ley Sanguinetti”, que crea el Consejo Nacional de Educación (conae), existían tres entes autónomos: el Consejo de Enseñanza Primaria y Normal, bajo el cual estaba la educación primaria y la formación de maestros; el Consejo de Educación Secundaria, que reunía a liceos, preparatorios y el ipa; y la utu, que tenía la educación técnica y la formación de maestros técnicos.
Si uno mira desde la perspectiva de la Convención de los Derechos del Niño, que es donde yo me ubico, y busca velar por el interés superior del niño en sentido amplio, en materia educativa esos principios estaban consagrados en la Constitución, que establecía que en educación debía existir autonomía y coordinación. Pero cuando estaban esos tres entes nadie coordinaba nada de nada. Cuando se concretaba algún tipo de coordinación era algo puntual, que se daba en localidades pequeñas, y dependía exclusivamente del esfuerzo y la voluntad de los actores.
La ley 14.101, con todos sus horrores, lo único positivo que tuvo –que queda obnubilado por los aspectos negativos– fue que establecía una instancia donde todos los niveles de educación estaban presentes y se coordinaban. El problema era cómo estaban presentes. El Conae no se componía con representantes de Primaria, Secundaria y utu. Los consejos estaban abajo y arriba estaba el Conae, igual que ahora está el Codicen. Esa estructura fuertemente jerárquica, asociada al diseño centralizador que tiene el sistema educativo desde fines del siglo xix, le da esa imagen negativa, a lo que se suma el haber sido funcional a la dictadura. Cuando en 1985 se modifica la ley, el Codicen que emerge es hijo directo del Conae, y la visión negativa se mantiene.
Durante todo el proceso que terminó en la ley de educación de 2008 se debatió cómo debía ser el diseño institucional de la educación. En la izquierda había dos corrientes. Una que planteaba que sí debía existir una instancia de articulación, pero que debía estar integrada con representantes de cada consejo; y otra que decía que debía existir un órgano rector del que dependieran de forma desconcentrada los consejos. Yo estaba a favor de la primera posición. En ese momento estaba en el mpp, y la comisión de educación del sector tenía esa posición, pero compañeros con gran peso político tenían la otra. Perdimos. Y la posición que ganó fue la segunda. Si uno lee la ley, ve que muchas potestades fueron delegadas a los consejos, pero hay otras que conserva el Codicen. Los programas los puede hacer cada consejo, pero los planes los aprueba el Codicen. Las sanciones a los funcionarios las hace cada consejo, pero la destitución sólo el Codicen. Y así con otros aspectos.
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