Brecha Digital

El militante desconocido

La identificación de otra víctima del Cóndor confirma la existencia de un centro clandestino de detención en Buenos Aires para la tortura de ciudadanos extranjeros, anterior a Automotores Orletti.

 

La denuncia sobre el asesinato de un militante del Partido Comunista Revolucionario (pcr), ocurrido en Buenos Aires en diciembre de 1975 y del que no existía noticia, permite reconstruir la historia de la represión de la dictadura uruguaya contra esa agrupación, que se inició en Montevideo en 1973 y se prolongó hasta 1978 cuando los últimos militantes secuestrados en Buenos Aires fueron trasladados hasta La Tablada, donde desaparecieron definitivamente. Luis Michel Ceballos, de 21 años, cuyo cuerpo presentaba una veintena de impactos de bala, fue ejecutado en un subsuelo de un hasta ahora desconocido centro clandestino de detención de la Policía Federal, donde muy probablemente fueron recluidos, interrogados, torturados y asesinados algunos de los uruguayos secuestrados en Buenos Aires antes de la instalación de Automotores Orletti, el centro de operaciones de los represores del Plan Cóndor.
Ceballos, un estudiante que militaba en el liceo número 8, donde en agosto de 1972 fue asesinado Santiago Rodríguez Muela, decidió refugiarse en Argentina a principios de 1975 para evitar la reiteración de periódicas detenciones, a pesar de ser menor de edad. Su vinculación a las Brigadas Rojas y al pcr era “periférica”, según confirmaron ex militantes de ese grupo político, pero mantenía una relación personal con Carlos Federico Cabezudo, un militante de ese partido secuestrado en Buenos Aires en diciembre de 1977, y cuya presencia en La Tablada, Uruguay, fue confirmada por testimonios de prisioneros sobrevivientes.
A comienzos de diciembre de 1975, Ceballos, que se había integrado a la estructura de los exiliados del pcr en Argentina, viajó fugazmente a Montevideo con documentos falsos para ver a su madre, gravemente enferma. Retornó a Buenos Aires, donde trabajaba como zapatero. Semanas más tarde, su hermana, Susana, recibió una llamada telefónica anónima, urgiéndola a que se trasladara a Buenos Aires porque su hermano estaba “muy grave”; le dieron un número telefónico para que se contactara en cuanto llegara.
Sospechando que su hermano había muerto, Susana viajó el 1 de enero de 1976 en compañía de su madre y su otro hermano, y al día siguiente concurrió a lo que supone era la morgue. Un funcionario, que no se identificó, le pidió que reconociera el cuerpo de un joven. Susana se descompuso y el funcionario le evitó el reconocimiento directo: le mostró numerosas fotos que guardaba en una carpeta de color verde. Michel Ceballos presentaba heridas de bala en el cráneo, en el tórax y en el abdomen, según consigna el documento del Registro de Estado Civil de la Municipalidad de Buenos Aires. Nadie le informó a Susana sobre las circunstancias de la muerte de su hermano, pero en el momento en que reconocía las fotografías alcanzó a leer la carátula de la carpeta: “Ocho muertos. Un herido grave. Nosiglia”. El funcionario señalaba con una lapicera las heridas que aparecían en las fotos del cuerpo desnudo de Michel: “23 orificios de bala, no sufrió nada”, dijo el funcionario, quien le entregó una tarjeta de una empresa fúnebre, alertándola de que no contratara a ninguna otra porque esa empresa –Canning, según recuerda– era la única autorizada.
Según relató a Brecha, Susana Ceballos recibió días después la visita de Carlos Cabezudo, quien desde 1973 se encontraba clandestino en Argentina: “Me recomendaba que no regresara a Montevideo, pero en ningún momento me explicó qué había pasado con mi hermano; deduje que Michel militaba con Cabezudo”.

GALERÍAS PACÍFICO. A su regreso a Montevideo, Susana Ceballos recibió por correo una copia del certificado de defunción de su hermano. El documento contenía una valiosa información que no había sido explotada hasta ahora, y que vino a confirmar una denuncia presentada por un ciudadano portugués, en febrero pasado, en la megacausa del Plan Cóndor, que instruye el juez federal Daniel Rafecas.
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