Lo que la fibra nos dejará
- Última actualización en 05 Octubre 2012
- Escrito por: Edison Lanza
En 1994 el investigador Carlos García Rubio publicó Lo que el cable nos dejó, donde describía la llegada de la televisión para abonados a Uruguay y el reparto de licencias que decidió hacer el gobierno de Luis Alberto Lacalle, reforzando en Montevideo y en buena parte del país la posición dominante de los canales 4, 10 y 12 y sus socios locales. Al eliminarse la posible competencia que podía surgir de una asignación de licencias sin restricciones, “los tres grupos pasaron a tener un poder casi hegemónico en la televisión nacional”, concluyó por entonces.
Casi 20 años después, el de-sembarco de la fibra óptica directa al hogar, que ya instala Antel en los barrios de la costa de Montevideo –los que tienen mayores tasas de conexión al cable–, amenaza con cambiar radicalmente el mapa de la tevé para abonados. Aunque el efecto democratizador de la tecnología dependerá, una vez más, de cómo se regule su incorporación al sistema de medios vigente.
A diferencia de 1994, cuando los tres grupos dominantes conformaron una suerte de cártel para repartirse el mercado de los abonados en todo el país, los actuales conglomerados (Romay Salvo, De Feo-Inchausti y Cardoso-Pombo) lucen divididos, con estrategias diferentes sobre cómo desarrollar el negocio y enfrentar el cambio tecnológico. Por ello, y en silencio, desarrollan alianzas, impugnaciones y acciones judiciales que son el contexto de una “guerra” por la supervivencia.
HILOS DE VIDRIO. Las señales de televisión para abonados pueden llegar a los hogares a través de diversas tecnologías. La denominada “cable” (producto de las redes de cable coaxial tendidas en los noventa en todas las ciudades del país), vía satélite (caso de Direct tv) o incluso a través de frecuencias (uhf, vhs o mds).
La única red coaxial extendida en Montevideo fue desarrollada por las tres empresas de cable que controlan los accionistas del 4, 10 y 12 (Montecable, tcc y Nuevo Siglo) y es definida por éstos como un “condominio de derecho”. Desde su desarrollo operó como un cerrojo que impedía la entrada de nuevos jugadores al sector, y cada posibilidad de apertura fue combatida duramente, como fue el caso del ingreso de la televisión satelital, una medida que adoptó Jorge Batlle a poco de asumir y que su predecesor Julio María Sanguinetti había puesto en el freezer.
Por ello, el hecho de que Antel decidiera invertir cientos de millones de dólares en una red de fibra óptica que llegará a cada hogar (la denominada “última milla”), capaz de transportar paquetes digitales de datos, voz e imágenes con velocidad y alta calidad, se convierte en un parteaguas en el mercado de acceso a Internet, tevé para abonados, telefonía y otra larga lista de servicios.
Esta poderosa tecnología de finos hilos de vidrio trasmite enormes volúmenes de información digitalizada como impulsos lumínicos, sin interferencias. Para la tevé para abonados es un salto de gigante: la diferencia entre el cable de cobre y el de fibra óptica se puede ilustrar como la que existe entre cientos de señales y millones de señales. Al estar esta tecnología operativa en el terreno, es inevitable plantearse varias preguntas: ¿Una red de cable coaxial puede competir con la de fibra? ¿Quién transitará con señales de tevé y otros servicios conexos sobre esta supercarretera? ¿Podrá hacerlo cualquiera pagando un “peaje” o Antel decidirá quién puede utilizarla? ¿Qué estrategias adoptarán los actuales operadores? ¿Podrán ingresar nuevos jugadores al mercado, sin restricciones? ¿Antel ofrecerá su propio servicio de televisión para abonados?
DIVIDIDOS. Obviamente los grandes grupos de la tevé están atentos al cambio tecnológico desde hace años. La primera reacción, ya en el gobierno anterior, consistió en modernizar la red de cable coaxial para ofrecer nuevos servicios convergentes (interactividad, Internet e incluso telefonía). Pero esta estrategia chocó de frente con la estrategia de Antel e incluso con la del gobierno central. El ente entiende que la prestación de servicios de datos a través de redes, tanto coaxiales como de fibra, violenta su monopolio en telefonía fija; y como se verá, para el gobierno forma parte de la estrategia de llevar los beneficios de la comunicación en forma inclusiva a todos los hogares.
A mitad del gobierno de Vázquez se hicieron evidentes los forcejeos para acomodarse a la nueva realidad, sobre todo entre los grandes grupos. Canal 10 viró violentamente su posición histórica y comenzó a forjar una alianza con Antel, algo inédito en la historia de los medios en el país. Expresión de esta alianza fue el contrato que firmaron en 2008 (y que ya se renovó una vez) para comercializar el denominado “triple play”, por el cual se ofrece pagar en una misma factura y por un mismo precio las señales de tcc, adsl y telefonía móvil. Es una convergencia comercial que ya cuenta con 10 mil usuarios y que ambas partes consideran exitosa. En los hechos, adelanta la convergencia que sucederá en breve, cuando video, voz y datos corran por la fibra óptica convertidos en bits.
Nuevo Siglo (Canal 12) y Montecable (Canal 4) optaron por una estrategia diferente, más cercana a la postura histórica de aprovechar la tecnología para extender la concentración vertical. A diferencia de Canal 10, definieron que el mejor camino era competir con Antel y solicitaron a la Unidad Reguladora de Servicios de Comunicación Audiovisual (Ursec) la licencia para prestar el servicio de datos a través de la red propiedad de los tres grupos.
Nuevo Siglo, Montecable y los cableros del Interior nucleados en la Cámara Uruguaya de Televisión para Abonados (cuta) sostienen que la red coaxial aún no es obsoleta, pero necesita nuevas inversiones que amplíen su capacidad para trasmitir paquetes digitales y para dotarla de interactividad con los usuarios. Una posibilidad manejada en distintos ámbitos, empresariales y gubernamentales, es que tanto el grupo de Canal 12 como el de Canal 4 cierren alianzas con las telefónicas multinacionales Claro y Movistar, para que éstas presten el servicio de datos a través del cable-módem (acuerdos que se han producido en otras partes del mundo). De este modo cada telefónica, incluida Antel, serían aliadas de cada uno de los tres canales abiertos privados.
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