En hospital en el que no existen salas de internación no es un hospital, es un policlínico. Del mismo modo, una institución de educación terciaria en donde no se investiga no es una universidad, es un instituto de educación terciaria. La investigación es uno de los cometidos definitorios de una universidad. De ahí la importancia del debate sobre el posicionamiento de nuestras universidades en el concierto mundial. Diferentes rankings internacionales consistentemente las ubican en lugares nada privilegiados no sólo a escala mundial sino regional. Y en investigación hay remarcados problemas de cantidad, calidad y extensión. En agosto el director de Educación del mec, Luis Garibaldi, declaró que el 80 por ciento de la investigación del país se produce en la Udelar. El dato surge de uno de los indicadores usados en el Scimago Institutions Ranking, World Report 2012.
Recientemente, los economistas Juan Dubra y Néstor Gandelman publicaron una nota que intenta responder a Garibaldi sobre el déficit de las universidades privadas en investigación. Y proponen un interesante análisis: comparar las publicaciones en revistas científicas arbitradas en el área de economía realizadas por investigadores de universidades privadas, frente a las conseguidas por sus pares de la Udelar. El resultado es el siguiente: desde 2006, los 19 economistas de las privadas incluidos en el Sistema Nacional de Investigadores (sni) lograron publicar más en revistas arbitradas de mayor calidad que los 36 economistas de la Udelar del sni. Según los autores, ello pone en tela de juicio lo dicho por Garibaldi. Al menos en economía sí se hace, y con mayor suceso.
El ejercicio tiene limitaciones importantes. Como los mismos autores puntualizan, su análisis sólo examina publicaciones en economía, lo cual impide generalizar a otras áreas. Y ciertamente la participación de investigadores de universidades privadas en el sni es sustancialmente menor a la de los de la Udelar. Para empezar, actualmente el sni registra 1.388 investigadores activos en seis áreas: ciencias agrícolas, sociales, médicas, naturales, humanidades e ingeniería/tecnología. Hay áreas donde la investigación de las privadas es inexistente, como en salud. Asimismo, de los 192 investigadores en ciencias agrarias, sólo dos realizan su trabajo en una universidad privada. Y sólo diez de los 124 investigadores en humanidades, 58 de los 283 cientistas sociales y 19 de los 132 del área de ingeniería/tecnología investigan en una privada. Esos números no sólo muestran la desproporción en cantidad de investigadores en el sni sino también la escasa participación de las privadas en ciertas áreas del conocimiento. Las razones son múltiples y no pueden tratarse en este espacio. Pero lo cierto es que el análisis de Dubra y Gandelman difícilmente pueda repetirse en muchas otras áreas.
Naturalmente esto no nos dice nada sobre la calidad de la producción científica. Dubra y Gandelman tienen un argumento que no puede desatenderse: cantidad no es sinónimo de calidad. Para la confección de los rankings de producción académica, diez artículos publicados en revistas nacionales o regionales van a valer considerablemente menos que una publicación en una revista top internacional. Esta lógica ha sido cuestionada por muchos. ¿Quién determina cuál es una revista top? ¿Bajo qué criterios decimos que lo que se publica en la Revista Uruguaya de Ciencia Política vale menos que lo publicado en la American Political Science Review? Es normal tener ese tipo de suspicacias hacia el sistema de evaluación, pero no es inteligente quedarse con la idea de que los rankings son inútiles o tendenciosos. Imaginen al maestro Tabárez decidiendo la pareja de delanteros para disputar el Mundial de Sudáfrica. El número de goles es el indicador clave para comparar delanteros. Si Tabárez se hubiera guiado por ese indicador, entonces un jugador como el Chino Ximénez debería poder disputar el puesto con Suárez y Forlán. Esa situación parece poco razonable. ¿Por qué? Porque no sólo se debería evaluar el número de goles sino el contexto: no es lo mismo hacer 30 goles en la liga peruana que en la liga española. El nivel de exigencia es tan dispar que no parece razonable utilizar sólo un indicador cuantitativo. La calidad importa en esta ecuación. Algo similar sucede con la investigación. Es tiempo de que se debata con seriedad con qué indicadores de calidad y cantidad mediremos nuestra producción académica.
El mundo va en una dirección bien marcada: ¿Es nuestra mejor estrategia negar esa tendencia y seguir midiendo nuestros resultados con criterios domésticos? Debemos exigirnos más y mejor investigación. Y eso corre para instituciones públicas y privadas.
* Egresado de la Udelar. Candidato a doctor y máster en ciencia política por la Universidad de Washington, Estados Unidos.