El Pentágono frente a la Unasur
- Última actualización en 12 Octubre 2012
- Escrito por: Raúl Zibechi
Conferencia de Punta del Este
Los cambios en la relación de fuerzas en la región impiden que el Pentágono siga imponiendo sus puntos de vista, estrategias y modos de operar como lo hizo en el último medio siglo. La declaración final emitida por los ministros de Defensa americanos reunidos en Punta del Este enseña el creciente aislamiento de Washington.
Internet se convirtió en el modelo a seguir, tanto en los planes de negocios como en la estrategia militar estadounidense, en la que aflora un nuevo lenguaje, con conceptos como “red interconectada”, “flexibilidad” y el deseo expreso del Pentágono de que sus acciones en esta parte del mundo dejen una “mínima huella”. Ideas, modos y códigos
que van directamente a contramano de lo que hicieron las mayores fuerzas armadas del mundo durante cinco décadas.
El propio concepto de “base militar” ha mutado. En vez de aquellos mastodontes que alojaban decenas de miles de soldados y todo tipo de armamentos ahora se habla de “bases nenúfares”, como las definió el capitán de artillería español retirado Alberto Piris: “Una hoja flotante en un lago o estanque, al modo de los nenúfares, que sirve de
apoyo para la rana que, salto a salto y de hoja en hoja, se aproxima acechante hacia el incauto insecto que en breve devorará” (Rebelión, 28-VII-12).
En algunos casos, como el de Mariscal Estigarribia, en el Chaco paraguayo, se trata apenas de una extensa pista de aterrizaje sin nada alrededor, mientras en otros son pequeñas y aparentemente desconectadas construcciones que, en pocas horas y merced al despliegue de nuevas tecnologías, son convertidas en instalaciones avanzadas capaces de sostener operaciones de envergadura.
LA SEGUNDA GIRA DE PANETTA. El fin de semana pasado el secretario de
Defensa Leon Panetta inició su segunda gira sudamericana en apenas cinco meses. En esta ocasión vino armado con un documento de 12 páginas titulado “La política de Defensa para el hemisferio occidental. El texto es la continuación de otro elaborado en enero sobre las prioridades para la Defensa. En ambos casos los objetivos consisten en “mantener el liderazgo mundial de Estados Unidos”.
La política diseñada por el Pentágono y la Casa Blanca para la región tiene en cuenta los cambios en el mundo, entre ellos el nuevo papel de Sudamérica, y lo que denomina “la limitación de recursos”, a raíz del endeudamiento y la crisis económica. El Pentágono abandonó la idea de un despliegue militar directo en la región y se inclina por mantener su “liderazgo” a través de “enfoques innovadores, económicos y con una mínima huella”. Eso se traduce en “esfuerzos de cooperación” para “alianzas bilaterales y regionales” en base a lo que considera “intereses de seguridad comunes”.
Como Estados Unidos se encuentra en un “punto de inflexión estratégico” por el cual sus fuerzas se volcarán a la región Asia-Pacífico, en América Latina se trata de buscar “socios” que se conviertan en “exportadores de seguridad”. Pero los objetivos y los medios los define unilateralmente el Departamento de Defensa: “Las amenazas actuales a la estabilidad y la paz regionales emanan de la difusión del narcotráfico y otras formas de tráficos ilícitos, pandillas y terrorismo, cuyos efectos pueden verse acentuados por los desastres naturales y una oportunidad económica desigual”. A ellos agrega las amenazas en el ciberespacio.
Pese a la propuesta de alianzas “innovadoras”, el Pentágono sigue apostando a lo que denomina “instituciones de defensa maduras y profesionales”, entre ellas la Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas, que se celebra cada dos años, y la Junta Interamericana de Defensa (jid) en el marco de la oea.
Como señaló el analista argentino Horacio Verbitsky en Página 12, el documento de Panetta “utiliza en forma indistinta Seguridad y Defensa”, algo que no es bien visto por buena parte de los países sudamericanos. Recuerda que el Mercosur “rechaza el concepto de desastre natural y lo reemplaza por el de (desastre) socionatural”, lo que supone gestionarlo como una situación compleja y, sobre todo, en base a pedidos que “no se realizan entre fuerzas armadas sino por parte del gobierno del país afectado”.
La propuesta realizada por el Pentágono a través de Chile, socio para la ocasión, consiste en que las fuerzas armadas coordinen las respuestas ante los “desastres”, agregando que el despliegue deben hacerlo “unidades o medios que tengan una capacidad mínima de siete días de operación con autosuficiencia”. Este párrafo habría alarmado a varias cancillerías, entre ellas la argentina, ya que esa capacidad “técnica” excluye a la mayoría de los países de la región, dejando al Pentágono en situación de ser el verdadero protagonista en esos casos, como sucedió en Haití en 2010.
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