El Pentágono frente a la Unasur

Conferencia de Punta del Este

Los cambios en la relación de fuerzas en la región impiden que el  Pentágono siga imponiendo sus puntos de vista, estrategias y modos de  operar como lo hizo en el último medio siglo. La declaración final  emitida por los ministros de Defensa americanos reunidos en Punta del  Este enseña el creciente aislamiento de Washington.

Internet se convirtió en el modelo a seguir, tanto en los planes de  negocios como en la estrategia militar estadounidense, en la que  aflora un nuevo lenguaje, con conceptos como “red interconectada”,  “flexibilidad” y el deseo expreso del Pentágono de que sus acciones en  esta parte del mundo dejen una “mínima huella”. Ideas, modos y códigos 
que van directamente a contramano de lo que hicieron las mayores  fuerzas armadas del mundo durante cinco décadas.
El propio concepto de “base militar” ha mutado. En vez de aquellos  mastodontes que alojaban decenas de miles de soldados y todo tipo de  armamentos ahora se habla de “bases nenúfares”, como las definió el  capitán de artillería español retirado Alberto Piris: “Una hoja  flotante en un lago o estanque, al modo de los nenúfares, que sirve de 
apoyo para la rana que, salto a salto y de hoja en hoja, se aproxima  acechante hacia el incauto insecto que en breve devorará” (Rebelión,  28-VII-12).
En algunos casos, como el de Mariscal Estigarribia, en el Chaco  paraguayo, se trata apenas de una extensa pista de aterrizaje sin nada  alrededor, mientras en otros son pequeñas y aparentemente  desconectadas construcciones que, en pocas horas y merced al  despliegue de nuevas tecnologías, son convertidas en instalaciones  avanzadas capaces de sostener operaciones de envergadura.

LA SEGUNDA GIRA DE PANETTA. El fin de semana pasado el secretario de 
Defensa Leon Panetta inició su segunda gira sudamericana en apenas  cinco meses. En esta ocasión vino armado con un documento de 12  páginas titulado “La política de Defensa para el hemisferio  occidental. El texto es la continuación de otro elaborado en enero sobre  las prioridades para la Defensa. En ambos casos los objetivos  consisten en “mantener el liderazgo mundial de Estados Unidos”.
La política diseñada por el Pentágono y la Casa Blanca para la región  tiene en cuenta los cambios en el mundo, entre ellos el nuevo papel de  Sudamérica, y lo que denomina “la limitación de recursos”, a raíz del  endeudamiento y la crisis económica. El Pentágono  abandonó la idea de un despliegue militar directo en la región y se  inclina por mantener su “liderazgo” a través de “enfoques innovadores,  económicos y con una mínima huella”. Eso se traduce en “esfuerzos de  cooperación” para “alianzas bilaterales y regionales” en base a lo que  considera “intereses de seguridad comunes”.
Como Estados Unidos se encuentra en un “punto de inflexión  estratégico” por el cual sus fuerzas se volcarán a la región  Asia-Pacífico, en América Latina se trata de buscar “socios” que se  conviertan en “exportadores de seguridad”. Pero los objetivos y los medios los define unilateralmente  el Departamento de Defensa: “Las amenazas actuales a la estabilidad y  la paz regionales emanan de la difusión del narcotráfico y otras  formas de tráficos ilícitos, pandillas y terrorismo, cuyos efectos  pueden verse acentuados por los desastres naturales y una oportunidad  económica desigual”. A ellos agrega las amenazas en el ciberespacio.
Pese a la propuesta de alianzas “innovadoras”, el Pentágono sigue  apostando a lo que denomina “instituciones de defensa maduras y  profesionales”, entre ellas la Conferencia de Ministros de Defensa de  las Américas, que se celebra cada dos años, y la Junta Interamericana  de Defensa (jid) en el marco de la oea.
Como señaló el analista argentino Horacio Verbitsky en Página 12, el  documento de Panetta “utiliza en forma indistinta Seguridad y  Defensa”, algo que no es bien visto por buena parte de los países  sudamericanos. Recuerda que el Mercosur “rechaza el concepto de  desastre natural y lo reemplaza por el de (desastre) socionatural”, lo que supone  gestionarlo como una situación compleja y, sobre todo, en base a  pedidos que “no se realizan entre fuerzas armadas sino por parte del  gobierno del país afectado”.
La propuesta realizada por el Pentágono a través de Chile, socio para  la ocasión, consiste en que las fuerzas armadas coordinen las  respuestas ante los “desastres”, agregando que el despliegue deben  hacerlo “unidades o medios que tengan una capacidad mínima de siete  días de operación con autosuficiencia”. Este párrafo habría alarmado a  varias cancillerías, entre ellas la argentina, ya que esa capacidad  “técnica” excluye a la mayoría de los países de la región, dejando al  Pentágono en situación de ser el verdadero protagonista en esos casos,  como sucedió en Haití en 2010.
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