Los blancos frente al efecto Bordaberry
El apoyo de buena parte de la dirigencia nacionalista a la reforma constitucional para bajar la edad de imputabilidad, así como las conversaciones entre los partidos tradicionales en busca de un acuerdo electoral para Montevideo, afirman el liderazgo de Pedro Bordaberry en la centroderecha. Con Lacalle fuera de carrera y opiniones divididas en el sector de Jorge Larrañaga, el líder de Vamos Uruguay se posiciona como el sucesor natural de un ala nacionalista huérfana de su viejo referente.
Si aquella máxima de “Divide y reinarás” se aplicara no sólo a quienes tienen por cometido conservar el poder sino también a quienes aspiran a conquistarlo, el ejemplo de Pedro Bordaberry sería paradigmático. Su iniciativa de reforma constitucional para bajar la edad de imputabilidad a los 16 años, presentada tiempo atrás, obligó al gobierno a tomar nuevas definiciones en materia de seguridad y partió en dos a la propia oposición. Apenas lanzada al ruedo, la propuesta recogió la adhesión del Herrerismo, encabezado por el ex presidente Luis Alberto Lacalle, y la desaprobación de Alianza Nacional (an), empezando por su propio líder, Jorge Larrañaga. Claro, eran otros los tiempos, y otras las estrategias. Por aquel entonces, Larrañaga ensayaba una política de proximidad con algunas iniciativas del gobierno de José Mujica, mientras que herreristas y colorados se calzaban sin titubeos el traje de opositores a secas. Pocos meses antes, Lacalle había dado un paso al costado en la presidencia del Directorio nacionalista, y en la interna de su sector, la Una, la carrera por su sucesión todavía lucía muy verde. Demasiadas cartas aún estaban por verse.
Un año después la recolección de firmas promovida por Bordaberry resultó todo un éxito. Hace un mes la Corte Electoral anunció lo que el líder colorado hacía tiempo quería escuchar: habrá plebiscito junto a las elecciones nacionales de 2014. El anuncio fue recibido con algarabía entre colorados y herreristas, y con pesar en la izquierda, que aún parece desconcertada. El mismo instrumento de acumulación al que el Frente Amplio (fa) apeló como forma de cerrarle el paso a los gobiernos blanquicolorados amenaza ahora con horadar el poder de la izquierda ante un tema especialmente sensible para la opinión pública: el de la inseguridad. Es un enroque de estrategias. A la vista de todos, el líder de Vamos Uruguay (vu) aparece como el primer tenor del coro de opositores al gobierno. Con Lacalle fuera de juego, su figura se afirma como una alternativa más que tentadora entre los blancos de la Una. Y Bordaberry lo sabe.
Por eso, afirman en sus huestes, el líder colorado busca seducir a aquellos blancos desencantados por la ausencia del ex presidente pero acostumbrados –por la propia lógica del balotaje– a traspasar las barreras entre los partidos tradicionales. De ahí que, para algunos dirigentes de primera línea consultados por Brecha, las conversaciones entre blancos y colorados para alcanzar un acuerdo electoral en Montevideo serían tan sólo “un coqueteo” que en el fondo busca reforzar lo que, en los hechos, Bordaberry ya logró con la recolección de firmas: proyectar su imagen más allá de las desdibujadas fronteras del Partido Colorado (pc). Ahora, con el apoyo de uno de los principales sostenes de an, la lista 40, el escenario no podía lucir mejor para el líder de vu.
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