Brecha Digital

¿Lo que mata es la humedá?

Frutas y verduras por las nubes

La carestía de frutas y verduras no está asociada a una demanda desorbitada ni al aumento del precio de los factores productivos que componen el costo final que pagamos cotidianamente. Heladas, granizadas, exceso de agua y vientos, junto a nuestro propio sistema de producción –que expulsa del negocio al pequeño productor– nos exprimen los bolsillos.

La granja en Uruguay abastece a los residentes que se dignan a engullir –año tras año– aproximadamente 500 mil toneladas de frutas y verduras.  La producción hortifrutícola es de las actividades económicas más protegidas del país. Solamente ingresan del exterior aquellas producciones que por algún motivo no se plantaron en el país. Nadie lo dice mucho, pero hay un asunto de soberanía alimentaria clave: no tenemos petróleo, tenemos problemas para generar energía, pero de última tenemos granja y eso al parecer le da la posibilidad al país de depender de sí mismo para generar buena parte de los alimentos que se consumen. Sentimos los efectos de ser un país tan pequeño cuando vamos a la verdulería a buscar esos relucientes tomates que salen como 70 mangos. “Producimos, pero a precios caros”, se lamenta Alfredo Pérez, coordinador de Información y Desarrollo del Mercado Modelo. La soberanía tiene un costo y eso lo paga el consumidor, por querer un tomate, que es un renegado de contraestación. Al pagar tales ofertas, contribuimos a las 142 hectáreas de invernáculos que en todo el país abrigan la maduración de quien bañará nuestra pizza y vestirá la ensalada.
El mercado no crece, no crece la población, no hay muchos jóvenes que incorporen el hábito de comer lo que la tierra, el agua, el sol y los labriegos nos ofrecen. El clima es más o menos siempre el mismo en todo el país, a diferencia de lo que pasa en Brasil o Argentina. Tampoco se expande el negocio porque la economía de escala uruguaya no permite exportar competitivamente a los países vecinos. Hay algo parecido a un oligopolio que termina fijando los precios mayoristas y esto se debe en buena medida a la liquidez que han cosechado durante décadas de negocios redondos y también a que los pequeños productores abandonan la granja enfocándose a la ganadería o la forestación. Los costos, la tecnología, las inversiones necesarias para hacer rentable al negocio no están entre las posibilidades de todos. Y si viene mala racha de vientos, secas, inundaciones, heladas y granizadas, los chicos –carentes de respaldo financiero– al siguiente año buscarán otros horizontes.
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