El fin de un discurso

 

Inflación, salarios y gobierno progresista

Con un proceso inflacionario creciente, la administración frenteamplista no sólo se aleja de la ortodoxia liberal cuando lo combate. También lo hace de viejos postulados de la izquierda, y por primera vez se opone a las conquistas salariales de algunos trabajadores. El pragmatismo juega para ambos lados.

Las relaciones entre el movimiento sindical y el gobierno progresista alcanzaron un punto crítico desde que se conoció la postura contraria del Poder Ejecutivo (pe) al convenio firmado entre la patronal de la bebida y la Federación de Obreros y Empleados de la Bebida (foeb). El acuerdo establece un aumento del 10,16 por ciento del salario real en los tres años de vigencia del mismo, pero además fija un ajuste anual por inflación del 7 por ciento. Este último es el principal problema para el gobierno, porque el porcentaje acordado se aleja del centro de la banda de 5 por ciento (la proyección oficial de la inflación es entre un 4 y un 6 por ciento) establecida en el resto de los convenios concretados. Hasta el presente, todos los acuerdos tienen un ajuste anual referido a la inflación, que siempre ha sido al alza porque los números superan lo fijado oficialmente. Incluso, de acuerdo a los datos del ine, el ipc anualizado entre octubre del pasado año y el presente es de 9,1 por ciento.

Distintos integrantes del equipo económico, entre ellos el asesor de Macroeconomía del mef Andrés Masoller, en la presentación desarrollada en las Jornadas de Economía del bcu señalaron que la principal preocupación del gobierno es la inflación. Y que si bien el salario no es el único impulsor ni el más importante del proceso inflacionario, debería moderarse su aumento, previendo escenarios más complejos.

Por su parte, el ministro de Trabajo, Eduardo Brenta, aseguró a Brecha que en el litigio por el convenio de la foeb no está en juego una política que permitió una recuperación del 40 por ciento del salario real durante las dos administraciones frenteamplistas, sino que “frente a un cierto enlentecimiento de la economía, el gobierno debe actuar para evitar que trabajadores y jubilados no vean afectados sus ingresos por la inflación”. Agregando luego que los incrementos salariales deben ligarse con el aumento de la productividad, cosa que, sostuvo, no ocurre con el sector de la bebida.

Este sector de la economía ocupa a unos 5.500 operarios y su participación en la masa salarial general no es relevante. Más cuando las empresas del ramo se comprometieron públicamente a no trasladar los nuevos costos salariales al precio de sus productos.

Sin embargo la preocupación gubernamental es que el ejemplo cunda y los próximos convenios lleguen con el mismo nivel de exigencia.

Recurrir al salario como una variable de contención de la inflación aparece en el escenario de la política económica del gobierno ante la aparente ineficacia de las medidas antinflacionarias tomadas. En esa dirección, la suba de la tasa de referencia del bcu (una solución monetarista) no alcanzó para frenar el proceso y además tiene como contrapartida la devaluación del dólar. Tampoco hay todavía registro de si los acuerdos con los supermercados para congelar y rebajar algunos precios han incidido de alguna manera sobre el brote inflacionario.

Pero la presión no sólo fue sobre la foeb, desde el gobierno se dijo que podría eliminarse una devolución del Imesi de 3,2 pesos por litro que reciben los fabricantes de cerveza. El dirigente de foeb Richard Read recordó a Brecha que “cuando los blancos plantean la ley de forestación, los colorados les piden que pongan un impuesto a las bebidas. Se vota y le agregaron uno doble que funcionaba como arancel externo. Si se traía cerveza de Argentina tenías que pagar el doble de impuesto. Astori lo quita en 2007, pero en la rendición de cuentas se introduce un artículo que dice que la industria nacional, que utiliza mano de obra e insumos nacionales (como envases de vidrio), tendrá un resarcimiento de hasta un 40 por ciento del valor del Imesi. Le devuelven 3,20 pesos, pero si querés importar pagas ocho pesos. No es que con la plata del contribuyente se financie el aumento salarial”.

El integrante del secretariado del pit.cnt Edgardo Oyenart señaló a Brecha que pueden discutirse subsidios o renuncias fiscales, pero advirtió que esa ha sido la lógica utilizada con las inversiones extranjeras o lo que se vive en las zonas francas, y “precisamente esas medidas no han actuado en beneficio de mejores salarios de los trabajadores”.

Al cierre de esta edición se trabajaba en un posible acuerdo con el sindicato de la bebida, sobre la base de que se modificara el ajuste por inflación al 5 por ciento y no al 7. Read dijo a Brecha que a lo que no renunciaba era al 10,16 de recuperación en tres años, y que estaba dispuesto a discutir el porcentaje de ajuste por inflación si ello se sustituía por una partida fija. Esos aspectos surgieron después de la reunión que el miércoles sostuvieron los ministros de Economía y Trabajo con los dos coordinadores del pit-cnt. Estos últimos trasladaron la propuesta del Ejecutivo al gremio de la bebida.

PERRO MORDIDO POR UN HOMBRE. “Soy del tiempo en los que la izquierda disfrutaba cuando los trabajadores ganaban. Yo escuché decir a Astori 150 veces que el salario no produce inflación sino que la provocan otras cosas. Lo que tiene que atacar el gobierno son la renta y las utilidades de las empresas, y el remarque desproporcionado de algunos productos como la carne. Por tanto es mentira que las remuneraciones de los trabajadores puedan ser inflacionarias”, dijo Read a Brecha.

La afirmación del dirigente sindical puso la mira sobre una discusión que impregna el momento, más allá de que pueda haber un desenlace de acuerdo. Históricamente la izquierda enfrentó a la derecha cuando ésta sostenía que los salarios y el gasto público eran los causantes de los procesos inflacionarios.

Oyenart comentó a Brecha que “si aquellos que tienen mejores condiciones y pueden extraer una cuota mayor de la plusvalía, como puede ser el caso de la foeb o el sima, tienen que limitarse porque el componente salarial es determinante en la inflación, estamos en un problema. Entonces hay una gran deshonestidad intelectual en los economistas de izquierda, que a lo largo de la historia insistieron en que el salario no era un componente relevante en el proceso inflacionario”.

Un comunicado del pcu afirma que “las patronales, los economistas neoliberales y la derecha política insisten en señalar que el aumento salarial es un factor inflacionario y reclaman que se moderen o se congelen los salarios y que se corte lo que denominan el ‘gasto social’ (…). Ya lo pidieron en 2009 y el fa rechazó esos planteos, mantuvo la negociación colectiva, la recuperación salarial y aumentó la inversión pública y los programas sociales”. Luego agrega: “Si se quiere atacar los empujes inflacionarios, objetivo que compartimos, se debe poner en discusión la tasa de ganancia del capital. En los consejos de salarios se discute qué porción del valor agregado se llevan los empresarios y qué porción los trabajadores. ¿Por qué se debe limitar la de los trabajadores, que es claramente la menor, y mantener en los niveles más altos de la historia la de los empresarios sin tocarla?”.

Por su parte, el diputado socialista Gustavo Bernini subrayó a Brecha: “Hay un tema tabú que no se habla, que parece que ni siquiera hay que analizarlo, y es la cuestión de la rentabilidad de las empresas. Normalmente no se aportan los datos y objetivamente no forman parte del análisis a la hora de concluir una negociación y ver qué impacto pueda tener el aumento salarial que se logre cuando el producto sale al mercado. Para nosotros ese factor debe ser integrado a la discusión. ¿Por qué asumimos con naturalidad que las ganancias de las empresas no tienen que ser afectadas cuando existe una negociación salarial? Creemos que la redistribución del ingreso, que es un objetivo junto con el incremento de la productividad, no tiene mejor instrumento que el incremento de los salarios de los trabajadores, porque también tiene impacto en las jubilaciones y pensiones, por el índice medio de salarios”.

Por su parte, Brenta aseguró que no hay cosa más fácil que aumentar los salarios y complacer a la barra, “pero la coherencia de la izquierda está en la necesidad de sostener el incremento real de los salarios y no desbandarse en actitudes que alimenten el proceso inflacionario. Por otro lado, el gobierno ha ensayado medidas heterodoxas, como la que se acordó con las grandes superficies, interviniendo en la fijación de los precios”.

Desde otros ámbitos del gobierno y del fa se asegura que el momento es crítico y que los salarios también forman parte del proceso inflacionario si los aumentos no están acompasados con el crecimiento económico. En esa dirección, han afirmado que el incremento del pbi no será con los guarismos de años atrás y que Uruguay también recibirá las consecuencias de la crisis internacional. Por ello, comentaron, el manejo de la macroeconomía y la estabilidad en los precios resultan básicos a la hora de resolver mejoras en la situación de la población.

 

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