La voluntad de hacer
- Última actualización en 14 Diciembre 2012
- Escrito por: Raúl Zibechi
La potente alianza entre discapacitados y clasificadores
Es difícil de creer y más difícil de contar. En este Uruguay consumista hay, todavía, espacios para complicidades entre diversos “abajos”: clasificadores de basura y familias con niños discapacitados. Una alianza lubricada por técnicos que pronuncian una palabra casi en desuso: militancia.
“Miralo. Está contento, se ríe. Está encariñado con esto, tiene ganas de venir”, exhala la sonrisa serena de Daniel Farías, padre de Richard, contemplando a su hijo sobre el caballo de Walter. Richard tiene 11 años y parálisis cerebral y desde hace algunos años sus padres decidieron incursionar en la equinoterapia para ayudar a su hijo a relacionarse con el mundo y sentirse mejor.
“Lo primero que logramos fue que mantuviera postura, la columna derecha. Ahora está empezando a dar unos pasos, con mucha dificultad, pero empieza a mover las piernas. Entiende todo lo que pasa y lo que le dicen”, asegura Daniel. “Me impresiona el cariño con que tratan a los niños”, dice con relación al equipo de la Asociación Nacional de Rehabilitación Ecuestre (anre), y en concreto por Martín y Nadia, que se esmeran en hacer del berrinche de Richard un mensaje afectivo hacia su padre.
“Son caballos muy mansos”, agrega, abriendo sin querer la puerta a una montaña de preguntas. Es que los caballos con que estos niños con discapacidades tratan sus dolencias pertenecen a clasificadores que los ponen al servicio de otros pobres como ellos. Esta extraña confluencia entre discapacitados y clasificadores no es ningún azar, y muestra que en la pobreza más profunda surgen hermanamientos impensables para nuestras mentes discriminadoras de clase media.
DOS MUNDOS. “Ya estamos a cumplir los cuatro años”, dice con orgullo Walter Rodríguez, ex obrero de la construcción y actual presidente de la Unión de Clasificadores de Residuos Urbanos Sólidos (ucrus). “Además hacemos equinoterapia en la escuela 236 con niños con capacidades diferentes, allá en Islas Canarias y Gómez Ruano, en Nuevo París. Nosotros aportamos los caballos y los conocimientos.” Walter hizo un curso en anre y explica con notable precisión en qué consiste la técnica: “La equinoterapia es utilizar las características de los animales para la curación. El movimiento del caballo y el calor producen ciertas modificaciones en el paciente y mejoran patologías como los problemas motrices, de comportamiento y de relacionamiento. Eso no quiere decir que todos los pacientes van a llegar a ser normales, pero se consigue que puedan seguir con su vida de forma mejor”.
Walter ama a los caballos, lo que no necesitaría ser explicitado cuando se lo observa, de cerca, acariciar las crines doradas y el lomo del Peti, sobre el que sigue sonriendo Richard. “Aunque nos acusan de maltratarlos, nosotros en realidad los tratamos como un integrante más de la familia y a veces incluso mejor, porque para que esté en condiciones necesita de un tratamiento especial, debe estar bien alimentado, y recibir cuidados sanitarios.”
“Tenemos un convenio que en realidad es un compromiso moral, sin fines de lucro, con personas que no han sido debidamente atendidas por los organismos estatales, para que accedan a mejor tratamiento”, explica Walter cuando se le pregunta sobre los costos que tiene el tratamiento para las familias. “En otros lugares hacen equinoterapia y al que no puede pagar no lo atienden. Acá el que puede aportar lo hace pero no es un requisito. Con los aportes hemos construido una rampa de madera para que los niños puedan llegar en silla de ruedas al caballo, y un sanitario especial para chicos con discapacidades.”
Asegura que el único apoyo estatal que reciben es el predio cedido en comodato por la Intendencia, un amplio espacio verde arbolado en el Prado. “Todo se hace con solidaridad. En estos cuatro años recibimos decenas de niños. También es una terapia para nosotros, porque generamos un vínculo con gente que no conocíamos, los abrazos que nos dan los niños y los padres te levantan la moral.”
Juan, de 2 años, nacido con pie Bot, lo que le impide caminar, llegó al predio porque su madre, Alejandra, conoció a Martín en el caif al que asiste su hijo en Piedras Blancas. “Como aún no camina, estamos trabajando la motricidad y el equilibrio. Lo primero fue un reconocimiento del animal, trabajar el contacto afectivo con el caballo, lograr que le hable y que lo reconozca por su nombre y color, por su textura”, explica.
Alejandra detalla algunos de los cambios que percibió en su hijo a lo largo de un año: “Juan tiene un trastorno global del desarrollo. Al no ser maduro desde el punto de vista motriz, no puede desarrollar el habla, y lo que hacemos acá es estimular todos los aspectos. Ahora habla más, interactúa, responde, se acerca al caballo y lo saluda, ha mejorado los vínculos gracias a este ámbito natural”.
Siente que el espacio no sólo atiende a su hijo sino a la familia, que se siente contenida por los profundos vínculos de confianza que han construido. Una parte de esa confianza nace del trato especial que dan a sus hijos; otra del espíritu solidario y no lucrativo que impera, lo que Alejandra denomina “forma comunitaria de hacer las cosas”. Cada uno aporta lo que puede, si puede, pero nunca es una limitación o una traba para ingresar al tratamiento.
La familia, a su vez, aprende modos de estimulación que pueden realizar en sus casas o en cualquier espacio. “Mucha de la confianza que el niño va teniendo con el caballo depende de la confianza que nosotros depositamos, porque estamos convencidos de los resultados de la equinoterapia. Lo más importante es que Juan está contento. Uno cuando piensa en un hijo lo piensa sano, lindo, nunca con dificultades. Y acá aprendemos a trabajar la dificultad y lo hacemos de forma comunitaria”, dice Alejandra antes de despedirse.
EL DISCURSO-VIDA DE MARTÍN. Tiene 38 años y es psicomotricista. Su nombre es Martín Nieves y es hijo del presidente de anre. Hace 12 años empezó a capacitarse y hoy se considera, junto al equipo con el que trabaja, “militantes de la discapacidad”. Por lo tanto, no es un trabajo. Recién ahora consiguieron un ingreso en el Museo del Carruaje, mediante una beca que incluye a 25 niños y varios técnicos. También participa en el área de discapacidad del sunca.
“Discapacidad y pobreza van de la mano.” Encuentra tres tipos de discapacidades: una primera por desgaste en el adulto mayor, la segunda como consecuencia de accidentes laborales, y luego la discapacidad congénita por problemas perinatales que no dependen de lo biológico sino por mala nutrición o mal manejo de información. “Todo esto termina de cerrar un círculo de carencia.”
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