Algunas opiniones sobre nuestra sociedad, que coinciden con ciertos tics de la “derecha social” argentina, se vienen desplegando con menos pudor que antes. Son aquellas que cargan las tintas de los problemas sociales en los más débiles, suponiendo que ahora que “todo está bien”, sólo quedan ciertos bolsones como rémoras que retardan el desarrollo (“¿por qué estos tipos se empeñan en no querer trabajar y avanzar?”). La idea de la insoportable irracionalidad, tendencia delictiva, vagancia o hedonismo de los excluidos se cuela con demasiada naturalidad en los discursos, como un fantasma del peor Sarmiento, que acaso siempre estuvo ahí.
En los últimos quince días la persistencia del embarazo adolescente volvió a la luz pública. Y fue una buena oportunidad para observar este fenómeno. En algunos casos llegó a coquetearse con la idea de medidas más o menos coercitivas para detener estos embarazos, a menudo tras el impacto de las imágenes “fuertes” de adolescentes pariendo en el Pereira Rossell (en la web de El Observador). Por cierto, se han manejado un poco mal los datos. Uruguay tiene una tasa de fecundidad adolescente que fluctuó en los noventa y hoy se encuentra estable cerca de los 60 nacimientos anuales cada mil adolescentes (y no 160 por mil, como se ha dicho en algunos medios,* generando más confusión). ¿Es mucho? La cifra está un poco por encima del promedio mundial, que no llega a los 50, pero por debajo del promedio de la región, que está sobre los 70. En 2011 el Censo encontró que una de cada diez adolescentes es madre.
ENTENDER. ¿Qué hacer? Lo primero es entender. Aunque hay investigación acumulada sobre el tema, nos queda mucho por saber sobre el significado y las motivaciones de la maternidad y la paternidad adolescente. Hace un mes y medio las investigadoras Irene Casique (para el caso de México) y Neiva Borgato y Coleta de Oliveira (Brasil) presentaron en Montevideo sus investigaciones al respecto. Las demógrafas brasileñas se han dedicado a observar de qué forma ser madres suele ser un punto de apoyo para la reafirmación de la identidad de las adolescentes. Las mujeres del norte de Brasil, las menos escolarizadas y las negras son las que en mayor medida se convierten en madres adolescentes en el país vecino. Y tal perfil no es casual. Son adolescentes con menores oportunidades de acceder a la educación y al mercado laboral, que según esta investigación concentran sus posibilidades de autoafirmación en la maternidad. Pero lo importante no es el dato sino su interpretación: los derechos sexuales y reproductivos no parecen cumplirse para una gran cantidad de adolescentes brasileñas.
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