En la tierra como en el cielo

Con Juan Marco Vaggione, investigador argentino: sobre la Iglesia y sus estrategias en el activismo “pro-vida”

Medios de comunicación, iglesias, movimientos sociales, ong, los que hacen política en América Latina no son sólo los partidos. El 2012 uruguayo vio a la Iglesia Católica y grupos “pro-vida” oponerse al proyecto de despenalización del aborto. Hacia 2013 se preparan para jugar un rol importante en un posible plebiscito al respecto. Así, ante su inminente pico de visibilidad en el debate más amplio sobre derechos sexuales y reproductivos, es bueno saber cómo actúa la Iglesia Católica cuando hace política.

Brecha habló con el investigador argentino Juan Marco Vaggione. En el congreso latinoamericano de demografía que se desarrolló en Montevideo, Vaggione participó de una mesa de debate que apuntaba con mucha precisión al tema de esta nota: “Religión y políticas públicas en Latinoamérica. La Iglesia Católica frente a los derechos sexuales y reproductivos”. En las siguientes líneas explica cómo funciona en América Latina la conexión entre Iglesia Católica y la despenalización del aborto, en conexión con una agenda más amplia de derechos. Como toda organización que quiere incidir, la Iglesia emplea estrategias. Más vale conocerlas.

 

—¿Cómo ha sido en países como Argentina, Brasil, Perú o México la influencia del catolicismo en el debate sobre la legislación del aborto?
—Se reconfiguró el activismo católico conservador en la mayoría de los países latinoamericanos, impulsado desde el Vaticano. En la región hay una presencia política histórica de la jerarquía católica, pero en los últimos años se han rearticulado las formas en que los sectores integristas católicos influencian las legislaciones y políticas públicas, como contracara del éxito del feminismo al incluir la demanda por los derechos sexuales y reproductivos en las agendas públicas. La vigencia de estos derechos implica disputar el poder a las jerarquías religiosas más conservadores que, lejos de replegarse, se adaptan estratégicamente al nuevo escenario. Lo novedoso no es el contenido de lo que se defiende… continúa siendo un orden social fuertemente patriarcal y heteronormativo. Lo novedoso son las estrategias y discursos utilizados hoy.
—¿Cuándo aparecen esas nuevas estrategias?
—Un momento importante en la construcción de este activismo católico patriarcal fueron las conferencias (de las Naciones Unidas) de Viena (1993), El Cairo (1994) y Beijing (1995), ya que marcan el ingreso de los derechos sexuales y reproductivos a las agendas internacionales e instauran una nueva gramática global ante la cual los sectores católicos más dogmáticos, particularmente la jerarquía vaticana, tuvieron que adaptarse y reaccionar, comenzando a generar un nuevo tipo de activismo católico fuertemente patriarcal que, sin flexibilizar los contenidos dogmáticos sobre la sexualidad, ensaya formas novedosas de influir en la esfera pública.
En mis trabajos identifico dos aspectos relevantes en la politización reactiva de la jerarquía católica. Por un lado lo que llamo la “oenegeización” de lo religioso. Los sectores más integristas del catolicismo se organizan pidiendo su reconocimiento como organizaciones no gubernamentales y, de este modo, tratan de tener un rol activo en la oposición a los derechos sexuales y reproductivos. Así, la postura oficial de la Iglesia Católica sobre la sexualidad y la reproducción es también defendida por medio de ong, autodenominadas pro-vida o pro-familia. Este fenómeno puede pensarse como originado en “Roe versus Wade”* y se ha generalizado como una estrategia global del activismo católico patriarcal latinoamericano. Estas ong son actores centrales en la defensa de una concepción única de sexualidad. Y una de las estrategias principales de estas ong es la judicialización.
En segundo lugar, el secularismo estratégico. Se trata de la adaptación estratégica de las narrativas y las discursividades articuladas públicamente para defender una concepción tradicional y excluyente de familia. Aunque es común encontrar referencias directas a la Biblia o al magisterio de la Iglesia Católica, el activismo religioso se caracteriza por devenir estratégicamente secular. Por un lado, justificando su posición con investigaciones y tecnologías científicas Por otro, usando discursividades y argumentos legales, sobre todo en la apelación al derecho natural como un principio fundante.
—Y esto se extiende hacia una posición común que aúna lo “pro-vida” con la reivindicación de la familia tradicional, la condena al matrimonio igualitario, etcétera.
—Para el activismo religioso conservador el aborto, junto a la homosexualidad, son dos emergentes de un cambio cultural y político más amplio respecto al orden sexual en general. Mientras que la Iglesia Católica sigue defendiendo una concepción de la sexualidad como esencialmente reproductiva (dentro del matrimonio), el feminismo y el movimiento por la diversidad sexual se basan en la autonomía entre sexualidad y reproducción. Por ello, la educación sexual, el acceso a los anticonceptivos o las ligaduras de trompas se ven como manifestaciones de una sexualidad basada en la autonomía o en el placer, que contradicen la postura oficial de la Iglesia Católica.
Desde mediados de los noventa la Iglesia Católica ha condenado todas las demandas que implican legitimar la separación entre sexualidad y reproducción como parte de una cultura de la muerte. Esta construcción política se formula y articula a partir de una encíclica de 1995, que es un documento programático de estrategias políticas de la Iglesia para el nuevo contexto. Las demandas políticas y legales del feminismo y del movimiento por la diversidad sexual se consideran como respondiendo a un ethos cultural englobado bajo el término “muerte” (véase recuadro).
—¿Y cuáles son las reacciones frente a los movimientos pro legalización o despenalización del aborto? ¿Apareció alguna estrategia novedosa?
—Creo que las derrotas de las influencias religiosas se podrían pensar, tomando el caso de la Iglesia Católica, en dos ámbitos interconectados. Por un lado, el feminismo y el movimiento por la diversidad sexual lograron incorporar en las agendas públicas de diversos países la demanda por los derechos sexuales y reproductivos. Allí la Iglesia Católica es un actor, pero nada más. Prueba de ello son las leyes que se han sancionado en esta dirección en los últimos años en Argentina. Otro cambio importante lo demuestran las encuestas: la creciente distancia entre las personas católicas y sus jerarquías respecto a la libertad y diversidad sexual. Frente a una doctrina católica que insiste en conectar la sexualidad con la procreación (dentro del matrimonio), la población, por el contrario, tiende a aceptar abrumadoramente las prácticas anticonceptivas. El aborto: la jerarquía lo construyó en términos absolutos, sin embargo la población católica tiende a diferenciar distintas situaciones y casi la mitad de los católicos considera que el aborto debiera despenalizarse en algunos casos. La jerarquía eclesiástica rechaza la homosexualidad; la población católica, en cambio, tiende mayoritariamente a afirmar que los gays y lesbianas tienen el derecho a expresar su orientación abiertamente.
Incluso existen grupos y organizaciones que se autoidentifican con alguna tradición religiosa y se movilizan por los derechos sexuales y reproductivos, como Católicas por el Derecho a Decidir (cdd), que existe en varios países de la región. Sus actividades son múltiples pero tienen como objetivo común “la búsqueda de la justicia social y el cambio de patrones culturales vigentes”, enfocando los derechos sexuales y reproductivos y la despenalización y legalización del aborto como prioridades. Aunque con menor visibilidad, existen también en algunos países organizaciones lgtbq que se identifican con distintas tradiciones religiosas, promoviendo la compatibilidad entre esos sistemas de creencias y la diversidad sexual y movilizándose contra la heteronormatividad de la jerarquía religiosa y la sociedad. n
*     Caso judicial de 1973 que sentó un precedente favorable a la interrupción voluntaria del embarazo en los 50 estados de Estados Unidos.

La palabra

Se lee en la encíclica “Evangelium vitae”, de marzo de 1995: “este horizonte de luces y sombras debe hacernos a todos plenamente conscientes de que estamos ante un enorme y dramático choque entre el bien y el mal, la muerte y la vida, la ‘cultura de la muerte’ y la ‘cultura de la vida’. Estamos no sólo ‘ante’, sino necesariamente ‘en medio’ de este conflicto: todos nos vemos implicados y obligados a participar, con la responsabilidad ineludible de elegir incondicionalmente en favor de la vida”. {/restrict}

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