¿Volverán?
- Última actualización en 03 Enero 2013
- Escrito por: Felipe Arocena
85 mil uruguayos viven en España y no han retornado
España está pasando por la peor crisis económica del período posfranquista. Luego de que ese país compartiera la opulencia europea, el desequilibrio desatado por la burbuja inmobiliaria dejó un 25 por ciento de desocupación. Entre los desempleados hay muchos inmigrantes que llegaron a finales de la década del 90 buscando mejores niveles de ingreso que en sus países de origen. Seis millones de extranjeros (un 12 por ciento de la población) se integraron al país en poco más de una década: casi un millón de romaníes, otro millón de marroquíes y dos millones y medio de latinoamericanos (prácticamente todos sudamericanos, porque los mexicanos se van a Estados Unidos y no a España).
El mensaje que España lanzó al mundo hace diez años fue fuerte y claro: precisamos urgentemente mano de obra para que se ocupe de los trabajos que los españoles ya no quieren desempeñar. Los puestos de baja calificación, baja remuneración y alto esfuerzo físico, como empleadas de servicio doméstico, obreros de la construcción y trabajadores agrícolas tenían que ser desempeñados por alguien. Estos trabajos identificados como los de las “3 p”: penosos, precarios y peligrosos se llenaron con el aluvión inmigratorio que llegó por mar, tierra y aire desde África, Europa del este y Sudamérica.
Entre ellos aterrizaron 87 mil uruguayos, que en apenas diez años se multiplicaron por cinco. En 1998 había solamente 15.577 orientales y en 2008 llegaron a ser 87.345. El gran salto se produjo cuando la debacle de la economía uruguaya en 2002 y los años siguientes; pero incluso en el período de recuperación económica los uruguayos siguieron emigrando a España. Continuaron siendo atraídos por amigos y familiares que ya se habían ido y les ofrecían posibilidades de un empleo mejor remunerado que en Uruguay, y el deseo de vivir en el centro del mundo. La inserción de los uruguayos no fue mala, encontraron empleos razonables facilitados por la cercanía cultural, el parecido físico, el dominio del mismo idioma y un nivel educativo relativamente alto comparando con otros inmigrantes.
Esto se terminó con la crisis española a partir de 2008 y ya no emigraron más uruguayos hacia España, lo cual sin dudas fue un gran cambio. Pero no han retornado. Las cifras muestran que entre 2010 y 2011 los uruguayos en España eran apenas 2 mil menos; dicho de otra manera: tan sólo 3 por ciento de los que se fueron regresaron. Casi todos esperábamos que retornaran muchos más, porque las condiciones de salida se revirtieron completamente. Ahora España está en plena crisis y Uruguay disfruta el período de mayor bonanza económica en la vida de todos los que se fueron. La pregunta es obvia: ¿por qué no vuelven más de los que lo hacen? La respuesta no lo es tanto, ni una sola.
Muchos de quienes tomaron la decisión de irse la pasaron muy mal antes de embarcarse al exilio, y sólo el pensar que es probable que puedan atravesar por lo mismo que sufrieron les resulta aterrador. Es difícil para quienes vivieron prácticamente toda su vida en un Uruguay con crisis empezar a creer que esto se revirtió y continuará la prosperidad por un tiempo prolongado. Además muchos ya formaron familia, tuvieron hijos y comenzaron a sentirse parte del país que los acogió. Hay 30 mil uruguayos que están allá pero que tienen también nacionalidad española. Y si bien es correcto que un pedazo de papel no produce el sentido de pertenencia o de identidad española, sumado a lo anterior ayuda mucho, y quienes más volvieron son aquellos que no consiguieron la doble nacionalidad. En tercer lugar, a pesar de todas las dificultades económicas europeas, esa zona sigue siendo la más rica del planeta. En plena crisis española los uruguayos todavía encuentran estrategias de supervivencia que les garantizan un mínimo nivel de bienestar que comparativamente incluso es mejor que la incertidumbre del salto del regreso.
Lo más probable es que el retorno continúe como hasta ahora, muy lento, y que el cambio de velocidad, si se produce, dependerá de la agudización de lo que ocurra en España y en Uruguay. No obstante, la mayoría ya no volverá; es la ley de las diásporas: los que se van soñando mejor vida terminan soñando con volver, pero pocos lo hacen.
(Fuente: Elaboración propia a partir de las cifras oficiales de los municipios españoles publicadas anualmente por el Instituto Nacional de Estadística de España. Estas cifras son muy confiables porque tanto inmigrantes legales como ilegales se registran en sus municipios para obtener ciertos derechos sin ninguna penalización. Además cuando hubo amnistía para los ilegales se les otorgó a quienes estaban registrados en los padrones municipales.)
Felipe Arocena, sociólogo e investigador de la Facultad de Ciencias Sociales, Udelar.

