Dos caras del Ceibal

La XO en las escuelas rurales

La voz de Luca Prodan, en la introducción de la canción “Años”, de Pablo Milanés, dice: “lo único que progresa con el paso del tiempo es la tecnología, el hombre no, siempre es el mismo”. El mismo que se dio cuenta de que un hueso podía servir de herramienta de trabajo o de arma mortal. Qué hacer con la tecnología es un desafío que se renueva, esta vez al norte de Salto, con el nombre de Plan Ceibal.

 

El viaje en ómnibus demora unas dos horas desde la capital departamental. Las escuelas pertenecen a nuestro departamento pero el acento bayano delata la proximidad de Artigas. La salida tiene como objetivo trabajar con los vecinos, docentes y alumnos por un mejor funcionamiento del Plan Ceibal, ya sea en sus aspectos técnicos o pedagógicos. Porque la xo es de gran ayuda no sólo en el aula. Puede facilitar información que mejore la calidad de vida de la población: el simple hecho de tener una factura de la Intendencia en formato digital puede ahorrar un viaje de 200 quilómetros.

DOS PUEBLOS XO. Algo del gesto cordial del paisano pervive en estos pueblos, un residuo cultural que se niega a desaparecer. La bienvenida rompe el código estandarizado de la comunidad global. Parecerá banal pero pone en cuestión algo importante: la propuesta del Plan Ceibal puede destinarse a reforzar las tradiciones locales, enriqueciéndolas, o puede eliminarlas imponiendo un modelo “desde arriba”, excluyendo a la comunidad.
Una de las escuelas alberga a 12 pupilos, seis escolares y seis liceales. Debido a las necesidades que vivían los habitantes de la zona se creó un anexo con séptimo, octavo y noveno, correspondiente al ciclo básico secundario. No obstante son relativamente pocos los alumnos que asisten. “Todo el que puede manda a su hijo a la ciudad”, comenta un docente.
Este contexto de reducida cantidad de alumnos que permanecen todo el día en la escuela hace que su directora cumpla la función de madre primero y de maestra después. Todo lo que se respira allí tiene aire familiar y conocido, lejos de la formalidad. Los alumnos cuidan de los hijos de las maestras, hacen de hermanos, hacen de alumnos, mezclando roles y aprendizajes.
La directora comenta la expectativa que le generó el Plan Ceibal, y sus dificultades a la hora de llevarlo a la práctica. “A mí me pareció espectacular la idea de trabajar con la xo. Dentro de los mayores logros destaco la facilidad con que se comunican los niños, aunque sea por medio de Facebook. Es un logro que sepan que existe un mundo más complejo de lo que ellos ven. Estamos en el medio del campo, si no tenemos información sobre algún tema, si no hay libros en la zona, buscamos en Internet y lo encontramos. Hay sitios muy interesantes. El tema es la falta de tiempo. Tenés un programa extenso para cumplir, aparte del trabajo con la xo.” También menciona la falta de conexión como el principal obstáculo a la hora de trabajar, además de la escasa preparación que recibieron los docentes para lograr mejores resultados pedagógicos.

FUNDAMENTOS Y PROBLEMAS DEL CEIBAL. La concepción de Nicolás Negroponte, creador de la idea “una computadora por niño”, sostiene que los niños no necesitarían de la ayuda del maestro; mediante la exploración y la interacción aprenderían por sí mismos. Las conclusiones de los maestros entrevistados desmienten esta premisa, resaltando la importancia del rol docente como una guía indispensable en el aprendizaje: “Si los dejás se pasan el día en Facebook y no hacen otra cosa”, comenta un maestro. Juan Grompone, ingeniero que integró el equipo de trabajo del Plan Ceibal, ha afirmado que el supuesto comportamiento autodidacta de los alumnos “es una teoría que lanzó Negroponte sin haber medido nunca nada”.
Grompone renunció en 2007 a su cargo de asesor “porque (el plan) se había convertido solamente en repartir máquinas, es decir, no había manera de introducir los temas pedagógicos y educativos”. En consonancia con esto los directores de las dos escuelas afirman que los docentes no recibieron una formación adecuada para el trabajo con la máquina.
La directora nos dice: “Los niños pueden aprender muchas cosas; si no lo hacen es porque nosotros no estamos preparados. Por falta de tiempo no podés investigar todo lo bueno que existe para el trabajo con los alumnos. No es lo mismo el manejo de Windows que trabajar con el sistema que operan las ceibalitas; además si querés tomar una clase sobre el trabajo con la xo, tenés que irte de la campaña, haciendo que los niños pierdan muchos días de clase”.
El reclamo de capacitación saca a luz otra cuestión importante: ¿habilita el Plan Ceibal una nueva forma de aprendizaje incompatible con el modelo tradicional o es una simple herramienta, como el cuaderno o la birome? Los que hablan de un nuevo modelo plantean un “enfrentamiento” entre los nativos digitales, los niños que crecieron con la computadora bajo el brazo, y los inmigrantes digitales, sus maestros, socializados con “lápiz y papel”.
Un comentario de la directora revela que en cierto sentido el cambio tecnológico sí pone en cuestión el rol docente: “Llega un punto en que perdés el control de la situación. Tuve que sacar la computadora de las manos de los niños y dejarla en una silla, al frente del salón…ellos miraban la máquina con fascinación… Es una sed terrible de estar sólo en eso. Lo ves en el recreo, cuando hay conexión, están todos con sus máquinas. No juegan entre ellos”.
La brecha entre nativos digitales e inmigrantes asoma también en otras valoraciones: “La escuela ya no es el centro de reunión social que era hace unos quince años”, afirma el maestro. Según los docentes, entre las consecuencias negativas del Ceibal se encuentra un creciente declive del vínculo interpersonal ante el despliegue de las nuevas tecnologías.

LA IDEA DE BRECHA DIGITAL COMO PENSAMIENTO ÚNICO. Las horas conversando con los maestros, niños y vecinos pasan muy rápido. Alrededor de las tres de la tarde nos sirven una torta de chocolate, una estudiante muy simpática y muy tímida se pasea con el plato y una sonrisa de oreja a oreja invitándote con sobreentendidos, pues no emite palabra. No queda otra que servirte, acentuando el agradecimiento con un muuuuchas gracias. Ella sonríe otra vez y se va.
Sabemos por los viajeros que en algunos países africanos de extrema pobreza un simple árbol puede ser el centro de reunión de la comunidad. En la aridez de la sabana un árbol se convierte en un refugio indispensable, allí donde existe un árbol existe un pueblo. Su sombra hace las veces de plaza pública, salón de clase, sitio de la articulación social.
El polaco Ryszard Kapuscinski relata su experiencia en una escuela así, en Etiopía: “No existen cursos ni límites de edad: viene quien quiere. La señorita o el señor maestro clava en el tronco el alfabeto impreso en una hoja de papel. Señala con una vara las letras, que los niños miran y repiten. Están obligados a aprendérselas de memoria: no tienen con qué ni sobre qué escribir”.
Faltan cosas esenciales, pero según este periodista la escuela prepara a los no iniciados para los debates que son importantes en la comunidad. “Los africanos están dotados de una naturaleza gregaria y muestran una gran capacidad de participar en todo aquello que constituye la vida colectiva”, concluye Kapuscinski.
Quizá entonces también convenga cuestionarnos un concepto nunca puesto en duda: ¿es tan cristalina nuestra noción de “acceso a la información”? ¿Por qué ésta no aparece en otras culturas que no obstante presentan rasgos decididamente democráticos?
Son preguntas, sólo eso. Interrogantes que se plantean a partir de la creencia de que las llamadas “tecnologías de la información y la comunicación” (tic) van a renovar la enseñanza, mejorar los sistemas de producción, habilitar un mundo más democrático donde todos estén integrados. No se trata de poner en evidencia cerebros manipuladores ni teorías conspirativas sino ver en perspectiva aquello que naturalizamos.
Lucien Sfez, sociólogo francés, sostiene que la comunicación ha invadido todos los campos sociales y que “nunca se ha hablado tanto de comunicación como en una sociedad que no sabe comunicarse consigo misma”. Esta visión predomina en algunos docentes. La grafican las palabras del director: “Va a llegar un momento en que, por necesidad, la gente va estar más en contacto con la tecnología pero incomunicada en las relaciones personales. Esto pasa en la ciudad y también, cada vez más, acá”.
¿No será esto un círculo vicioso? ¿Los avances de las tic no crearán las condiciones para que avance la incomunicación que “combaten”? Resuena el eco de la voz de Luca diciendo: “lo único que progresa con el paso del tiempo es la tecnología, el hombre no, siempre es el mismo”. 

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