Planificación o participación
- Última actualización en 21 Enero 2013
- Escrito por: Raúl Zibechi
Las políticas de vivienda
Aunque la opp sostuvo a mediados de diciembre que las cooperativas de vivienda carecen de un sistema de “alerta” ante situaciones de morosidad o incumplimiento y no verifican con rigor ingresos y propiedades de los aspirantes a integrarlas; a pesar de que días después el presidente declaró que tendrá “que pelearse con toda la Facultad de Arquitectura porque el país necesita respuestas para construir soluciones para gente postergada”, una reciente investigación de esa misma facultad compara los resultados de la política estatal de vivienda en la década del 90 con los de las cooperativas por ayuda mutua y llega a conclusiones irrebatibles: sólo la participación produce calidad, buen precio e integración social.
“Pese a que en otros campos de las políticas sociales ha habido recientemente avances importantes, la situación de la vivienda y el hábitat en Uruguay no ha cambiado sustancialmente en los últimos cincuenta años.” Con esa frase lacerante arranca la investigación del Equipo de Evaluación de Programas y Tecnologías para la Vivienda Social, del Instituto de la Construcción de la Facultad de Arquitectura y la Unidad de Estudios Cooperativos de Extensión Universitaria.*
La investigación comparó los resultados de las soluciones habitaciones implementadas por el Estado en la década de 1990, los “núcleos básicos evolutivos” (nbe), con las cooperativas de vivienda de “franja 1”, o sea viviendas que tienen un costo similar para sectores sociales también similares. El trabajo abarcó los resultados desde el punto de vista del tipo de ciudad y sociedad que produjeron, la calidad de vida que aportaron a sus habitantes, los errores cometidos en cada caso y los costos que tuvo cada opción para la sociedad.
Debe recordarse que en 1992, bajo la gestión de Luis Alberto Lacalle, se modificó la ley de vivienda aprobada en 1968 (y que había transitado indemne la dictadura), para atender la “emergencia habitacional”, dejando de lado el concepto de vivienda adecuada y dando paso a una solución única de 30 metros cuadrados (un solo ambiente dormitorio-comedor-cocina y un baño independiente) que se convirtió en la regla de los nbe.
En ese mismo período las cooperativas de vivienda por ayuda mutua y propiedad colectiva, que hasta ese momento integraban familias de mayor capacidad económica, pasaron a formar parte del sector social marginalizado por el modelo neoliberal, el mismo al que buscaban cubrir los nbe. Se trató de un viraje de la fucvam para dar respuesta inicialmente a familias expulsadas de los hoteles que ocupaban en la Ciudad Vieja, incluyendo en cooperativas a familias con ingresos mensuales de hasta 30 ur (actualmente 18.227 pesos).
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