Los demonios de la pantalla
- Última actualización en 18 Enero 2013
- Escrito por: Guillermo Garat
Pare de Sufrir ante la justicia
¿La libertad religiosa comprende el derecho a montar campañas televisivas acusando de “brujería” a la “competencia”? Argentina y Brasil han tomado medidas contra estas expresiones de intolerancia, Uruguay, no.
Las ollas resbalan del aparador, la electrotecnia del hogar opera sin explicación. Temor, pánico, desesperación, suicido, muerte de ojos abiertos, nada tiene explicación. Suelta el tambor Hitchcock; el paisaje sonoro acompaña la fatalidad; el desenlace ficcionado del mal sobre el cuerpo, cercano al más allá penumbroso.
Sólo la Polaroid devela fantasmas azotando al turbado actor que apenas reconoce a su perseguidor entre vidrios refractando siluetas humanas borrascosas. La pose, el rostro, la estampa del intérprete es la del profesional. Los demonios se alojan entre sus huesos y tejidos nerviosos, la puesta en escena es la de una buena publicidad con una cuidada posproducción. No escatiman recursos narrativos. Pueden recurrir al acting del presentador de tevé, pueden ser periodistas en exteriores, actores, actrices, mercenarios, consiguieron los subterfugios para crear historias y usar a su favor incluso inusitados fenómenos climatológicos.
Desde que la crisis económica de 2002 estalló en Uruguay, la Iglesia Universal del Reino de Dios (iurd), conocida como Pare de Sufrir, goza de espacios abiertos en la televisión comercial. Los canales han recibido el diezmo, la bendición del Manto de la Descarga, del jabón sagrado y el incienso brujeril, y escondieron al final de su programación a los que prefieren orar y creer que expulsan el cáncer como moco entre aguas benditas de ríos místicos, frotándose piedras de piadosos montes conquistados a la sangre de leyendas épicas o entre sacudones pastorales.
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