Vigentes
- Última actualización en 18 Enero 2013
- Escrito por: Harry Hinkle
La selección sub-20, antes de clasificar (o no)
Hoy viernes 18 a la noche se sabrá, en función de un resultado propio, ante Venezuela, y otro ajeno, entre Brasil y Perú, si la selección sub-20 clasifica a la fase siguiente del Torneo Sudamericano, lo que la llevaría a mantener, además, chances de participar en el próximo Mundial de la categoría. Entonces no debería ser este, en teoría, tiempo de conclusiones. Sin embargo, lo mostrado por nuestro equipo en los tres partidos ya disputados (3-3 ante Perú, 3-2 ante Brasil, 2-2 ante Ecuador) en los que se consagró como la principal fuerza ofensiva del campeonato al mismo tiempo que dejaba en evidencia falencias, por no decir agujeros, en su defensa, así como lo mostrado por sus contendientes en general, ameritan un ejercicio práctico. Uno que tenga en cuenta que Uruguay se mostró, por un lado, potente, enjundioso, confiado en sus fuerzas, con mucha rotación en la cancha y fuera de ella, con variantes ofensivas de todo calibre, con fuerza física, con ritmo, con despliegue y con alternativas que giraron alrededor de figuras prometedoras (Rolan, López, Laxalt, Aguirre y varios más). Y por otro lado, tremendamente irregular, apurado, incapaz de ocupar convenientemente espacios defensivos, bastante torpe en el juego aéreo (en las dos áreas) y con problemas vinculados a jugadores que erraron más de la cuenta (Cubero, Bentancourt, Guillermo Varela, Jim Varela, algunos otros). Usemos, a los efectos de concluir algo, la imaginación.
¿Qué hubiera pasado si el planteo táctico fuera más conservador, menos propositivo, más proclive a la retranca, menos dispuesto a cambiarle a los rivales ataque por ataque, más parecido al Uruguay tradicional y menos parecido al Uruguay de Tabárez? Dos cosas o, más bien, dos grupos de cosas.
Primer grupo. Menos trabajo para Cubero, más raleados sus desaciertos y menos posibilidades para su suplente De Amores de ingresar en su lugar; menos nervios en los demás jugadores (nervios, aclárese, no sólo causados por las jugadas peligrosas y los goles en el arco propio); menos velocidad; menos desdoblamiento defensa/ataque; más tiempo para pensar; más solidez defensiva al agrupar jugadores cerca o dentro de nuestra área; mejor salvaguarda de una ventaja ya obtenida; menos responsabilidad para delanteros “obligados” a anotar porque en cualquier momento cae nuestra valla; menos espacio para que cubran los volantes Cristóforo y/o Pais y/o Jim Varela; menos problemas de marca para los laterales; menos cambios de integración partido a partido de un plantel no acostumbrado a jugar a ese ritmo endemoniado; y quizás, sólo quizás, una clasificación ya asegurada.
Segundo grupo. Partidos más monótonos, más aburridos y más parecidos a los del Campeonato Uruguayo; delanteros, volantes ofensivos y hasta laterales “subidores” con menor participación; menos contratistas mirando, sacando cuentas y conjeturando evoluciones y transferencias futuras; periodistas sin añoranzas de “catenaccios”; alguna que otra tarjeta roja y muchas (más) tarjetas amarillas; un director técnico no tan forzado a hacer cambios durante el partido; más orden táctico; más orden en general; menos improvisación. Menos fútbol y menos futuro.
A este Uruguay podrá irle bien o mal en este campeonato. Seguro que habrá más errores, desaciertos, metidas de pata. Pero se hablará del equipo, y de sus integrantes. Nadie quedará indiferente. Exportaremos jugadores. Seguiremos vigentes.

