Brecha Digital

A un paso del Mundial, a muchos pasos de la regularidad

Después del 1 a 0 ante Chile y del 0 a 1 ante Paraguay

A falta de un solo partido, frente a Ecuador el domingo, los números y las letras permiten y acaso auspician un primer y apurado balance para esta selección sub 20 de Uruguay. Son muchas las cosas que ya se saben.
Una. Basta con mirar la tabla de posiciones para saber que ya no puede salir campeona. Por otra parte, no lo merecía: nunca brindó esa imagen de seguridad, de aplomo, de ganadora indiscutible. Y este miércoles desaprovechó todas las instancias que se le dieron ante un ocasionalmente mediocre y alicaído Paraguay. En el primer tiempo dominó el juego pero estuvo bastante lejos de convertir, porque uno de sus delanteros de punta, Renato César, lució ausente, y al otro, Aguirre, la pelota le rebotaba. Y en el segundo tiempo se nublaron sus dos jugadores más importantes. Como no había sucedido antes en un equipo que había manejado correctamente el tema de la disciplina, Cristóforo, hasta ahí el más regular del equipo y por lejos su mejor fogonero, se excedió en nervios y se hizo expulsar cuando más se lo necesitaba. Como sucedió demasiado a menudo durante todo el campeonato, Rolan, que tiene atributos técnicos excepcionales, se quedó sin fuerzas, sin físico, sin aire. Y al final remató muy mal el penal que otro exabrupto, pero de un defensa paraguayo, propició. No era, claramente, el hombre indicado. ¿No lo percibió así el técnico Verzeri? ¿Lo percibió y no dijo nada? No se puede despreciar con tanta ligereza la última llamada de la fortuna.  
Dos. Si no pasa nada “raro” en un torneo donde ya han pasado demasiadas cosas raras, como la simultánea eliminación en primera ronda del local Argentina y el siempre favorito Brasil, nuestra selección debería clasificar para el Mundial, ya como tercero, ya como cuarto. Sería un poco raro que alcance el más bien irrelevante subcampeonato, para lo cual este domingo debería ganar por más de un gol al eliminado Ecuador y aguardar la derrota de Colombia ante Paraguay. Sería aún más raro que no quede entre los cuatro primeros, para lo cual debería jugar tan mal ante Ecuador como para perder y que al mismo tiempo Perú le gane a Chile por un tanteador conveniente para ambos. En todo caso, Uruguay depende de sí mismo y enfrentará a un rival desmotivado. Lo fundamental será, entonces, dominar sus propios nervios, cosa que hasta ahora ha hecho bien, incluso muy bien, con una sola excepción: los últimos 20 minutos frente a Paraguay.
Tres. Ha quedado ya claro que competimos. Ganamos y perdimos. Ganamos y perdemos. Jugamos al mismo ritmo que los demás –y en algún caso con más ritmo–. No hicimos papelones. Tampoco mostramos un fútbol de alta gama. Fuimos (somos) tan irregulares, que lo único previsible de cada una de las formaciones que les tocó en suerte ingresar al campo de juego fue su imprevisibilidad. Nunca tuvimos un partido, incluso un tiempo de 45 minutos de partido, completamente feliz. El primer tiempo contra Chile fue bueno, pero los delanteros erraron feo frente al arco rival. Tampoco tuvimos nunca un tiempo completamente infeliz: aun con diez jugadores, aun errando de continuo pases y paredes, sobre el final Uruguay embotelló a Paraguay contra su arco.
Cuatro. Los jugadores se mostraron y, se dice, los que más rindieron (Rolan, Cristóforo, Laxalt, alguno más) ya tienen pase y pasaje a Europa. Nos guste o no, para eso se hacen estos campeonatos. Fútbol global, que le dicen. No sólo dentro de la cancha; también fuera de ella.

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