Brecha Digital

Una de cal y otra de arena, pero también de cal

Selección sub 20 gana y clasifica, selección mayor pierde y honra

Se sabe: en fútbol los resultados, inevitablemente ligados al espectácu­lo y a la noticia de corto plazo, mandan. Pero no deberían obnubilar las miradas profundas ni impedir que se tomen en cuenta contextos geográficos y temporales, ni evitar las perspectivas de más largo alcance. Estas últimas cosas, sin embargo, no son así entendidas, o no parecen serlo, de acuerdo a lo que comunican la mayoría de los periodistas oficiosos o más o menos oficiales que marcan las tendencias en el Uruguay de hoy. Pocos minutos después del final del partido Uruguay 1-Ecuador 0, que ubicó a los nuestros en el tercer lugar del campeonato y abrochó la anhelada clasificación al Mundial de la categoría, el cronista de la emisora radial Sport 890 acreditado in situ en Mendoza entrevistó al técnico Verzeri. El tono del interrogatorio fue parco, duro, acaso insidioso. “¿Por qué los jugadores festejaron de esa manera, casi a escondidas, la clasificación?”, le preguntó, palabra más, palabra menos, no se entendía bien si para reprochar la parquedad del festejo o la osadía de celebrar un tercer puesto en un hexagonal que, aclaró en segunda instancia, “no incluía a (los siempre favoritos) Brasil y Argentina”. Ahí quedó aclarado el motivo del reproche, y que podría resumirse en una parrafada del tipo “una selección uruguaya no festeja un tercer puesto en semejantes condiciones”. Respondió rápido, y a esa altura visiblemente (en rigor: auditivamente) molesto, Verzeri: “Si no llegaron a esta instancia Brasil y Argentina es porque los demás competidores eran buenos”. Durante el resto de la entrevista el diálogo se mantuvo en los mismos y más bien ásperos parámetros entre un técnico que con el cien por ciento de razón se sentía “conforme aunque no del todo contento: claro que habría preferido salir campeón”, y un periodista autoconvencido de que “se desaprovechó una oportunidad ideal” para hacerlo.
El error o, para insistir en lo anotado al comienzo de esta nota, la “falta de perspectiva” del periodista, no es original ni puramente personal. Responde a una falacia: la creencia generalizada de que somos los mejores y los reyes del mambo por decreto, o por tradición. O por tener, como se dijo antes del torneo, una delantera (¿la única delantera?) fabulosa, que mete miedo, inmejorable. Primera mitad de la verdad. Por ahora: Rolan tiene cualidades técnicas excepcionales pero deberá madurar mucho y rápido en lo físico y en lo psicológico para jugar (en) un fútbol de elite; Gustavo Bueno es muy veloz aunque, vista su inconsistencia para definir las jugadas, sólo ha trasladado a goles propios o de compañeros un porcentaje mínimo de sus incursiones; Aguirre choca más de lo que juega; Renato César insinúa y sigue insinuando. Bentancourt se parece mucho a Cavani en lo físico y poco en lo futbolístico; Nicolás López alterna en un equipo europeo de primera línea sin ser, aún, titular. En todos los casos cabe agregar el correspondiente “por ahora”. Son todos jugadores con condiciones excelentes. Y ahora, la segunda mitad de la verdad. Son igualmente excelentes las condiciones de muchos delanteros (y defensas y volantes) de nuestros rivales sudamericanos. Rivales que también tienen a varios de sus integrantes en Europa. Que se han superado enormemente en los últimos diez, quince años. Y que juegan a gran ritmo, con concentración, con enjundia, a veces con clase. Las mismas que tuvieron los nuestros y que nos permitieron competir pelota a pelota, partido a partido, en igualdad de condiciones.
Hablando de igualdad de condiciones, vaya este breve párrafo para destacar, o más bien aclarar, visto el tenor algo derrotista de unas cuantas notas que hubo y habrá, que mientras Tabárez tuvo en cancha al equipo que está considerando poner como titular en los próximos partidos de la eliminatoria, la selección uruguaya le jugó a España de igual a igual. Al mismo ritmo, con la misma dinámica, sin miedo, sin complejos, con autoridad, y que el adverso 3 a 1 final fue, a caballo de errores defensivos puntuales, un accidente como tantos que se dan en el fútbol. Por las dudas: recordemos que España es campeona del mundo y campeona de Europa, que está armada sobre la base del –por lejos– mejor equipo de los últimos años (Barcelona, claro) y que juega el tipo de fútbol (marca a presión en toda la cancha, toque y toque, rotación permanente, paciencia infinita para abrir defensas) que más nos cuesta enfrentar. Y que, en cancha, su cerebro es Iniesta, hoy día el único jugador equiparable a Messi, nuestro otro verdugo. A nadie le gusta perder. Pero miremos el bosque: si logramos jugar los partidos eliminatorios a ese nivel, lo que por cierto no es fácil, debería irnos muy bien.

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