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En marcha

Nacional 2-Barcelona 2; Deportes Iquique 1-Peñarol 2

El primer gran objetivo deportivo de Nacional y Peñarol es, o debería ser, la Copa Libertadores. Luego están los demás torneos continentales y supracontinentales, las giras, los enfrentamientos puntuales con otros referentes de América y el mundo. ¿Y el torneo local? ¿Y los clásicos? Paparruchas. Es designio, obligación, necesidad de los dos clubes grandes, competir con decencia y probidad a nivel internacional.

Estrecha y pequeña, la competencia local está inevitablemente acotada por las características de un país con tres millones y medio de habitantes, de los cuales sólo unos pocos cientos de miles se identifican cercana o lejanamente con otras divisas; si eso no la transforma en económicamente irrelevante y socialmente superflua se debe a que es la vía natural para conformar planteles, fijar responsabilidades en dirigentes, técnicos y jugadores, practicar el deporte y establecer un vínculo inicial con la comunidad. Pero a la larga mandan los resultados frente a los pares sudamericanos. Por eso es una buena noticia que en el período de pases de diciembre 2012-enero 2013 ambos clubes hayan mantenido a los directores técnicos y sus colaboradores, no perdieran a sus jugadores más importantes y alcanzaran, no sin un evidente riesgo económico, a reforzarse con figuras de cierto peso, en principio más Nacional (Abreu, Albín, Iván Alonso, Arismendi, Cortés) que Peñarol (Macaluso, Walter López, Aguirregaray, Fernández), aunque el fichaje a último momento del ex Liverpool Carlos Núñez, delantero promisorio si los hay, emparejaría la ecuación.
Donde aparentemente no hubo tanta paridad fue en el rendimiento de uno y otro en la primera fecha de la Libertadores. Lo de “aparentemente” viene a cuento de lo que hicieron y dejaron de hacer sus rivales. Peñarol le ganó de visitante, con todo lo que ello implica, al ignoto chileno Deportes Iquique, que al igual que el año pasado, cuando enfrentara a Nacional, sigue pareciendo un equipo semiamateur. Nacional, a su vez, apenas logró sacar de la galera un empate in extremis ante un Barcelona que decía ser de Ecuador pero que, al menos el martes pasado, hizo gala de un juego colectivo que no hubiera avergonzado a su homónimo de España. Todo esto en un partido que, de no mediar la espeluznante mezcla de ineptitud y localismo del árbitro Osses, el team uruguayo debió perder. A propósito de esto último, queda establecido, una vez más, un manto de duda, de humo y de bruma en relación con la aptitud técnica y moral de la Conmebol para organizar campeonatos en similitud, ya que no igualdad de condiciones para sus competidores. Nacional –y, ya que estamos, Peñarol– no debería(n) cebarse: ayer tocó a favor; mañana puede perfectamente tocar en contra. Nadie lo dude: tocará.
Volvamos al fútbol. El técnico nacionalófilo Díaz apostó todo lo que pudo a los nuevos, se dio cuenta tarde de que sus cuatro delanteros tenían el mismo perfil (zurdo), por lo que, en lugar de combinar, chocarían invariablemente entre sí, y se había dado cuenta temprano de que debía reforzar un medio campo demasiado disminuido, por la lesión de Calzada, para su función de conquistar el balón, pero falló en la solución. Puso, allí y en la defensa, gente con experiencia pero lentísima, más un volante (Romero) que aún no está para estos trotes; si no hubiera sido por el veloz colombiano Cortés, era goleada en contra. En cambio, el técnico aurinegro apostó a lo seguro. Mantuvo la estructura y el sistema táctico del año pasado, arengó a sus dirigidos para que apretaran a sus rivales lo más lejos del arco posible siendo su arenga acatada, dio la instrucción precisa de que había que tirarle pelotazos cruzados a Estoyanoff, e hizo bien los cambios, apelando recién ahí a dos “nuevos” (Aguirregaray y Fernández). Si Estoyanoff hubiera definido con más precisión, era goleada a favor. Pero estas no son más que circunstancias. Por lo que se vio y por lo que tienen, ambos serán bravos contendores. 

 

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