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Oportunidades verdes

Con José María Figueres, ex presidente de Costa Rica

Del otro lado de la línea del ecuador, Costa Rica disputa con Uruguay el laureado título de “Suiza de América”. El rótulo compartido se sustenta en varias analogías, por ejemplo sus sistemas políticos estables con tradición democrática y estados fuertes. Pero Costa Rica –con un territorio menor a la tercera parte del uruguayo aunque con una población mayor– cuenta con una marca distintiva notable. Sus políticas ambientales, innovadoras y exitosas, demostraron que el desarrollo económico y el cuidado del ambiente no se contraponen, como muchas veces se teme. El ex presidente (1994-1998) y especialista en desarrollo sostenible José María Figueres, uno de los impulsores de estas ideas, conversó con Brecha y dio su visión sobre la experiencia “tica”.

 

EL CUARTO EQUILIBRIO. “Diseñamos un programa de gobierno inspirado por un concepto central: el desarrollo sostenible, alrededor del cual hemos trazado una nueva estrategia de desarrollo nacional que retomara el mediano y el largo plazo.”* Así defendía Figueres su gestión ante el parlamento costarricense en el último mensaje sobre el estado de la nación, que pronunció en 1998. Terminaba un gobierno de grandes transformaciones para el país. Algunas muy criticadas, como el cierre del banco Anglo-Costarricense y del Instituto Costarricense de Ferrocarriles. Otras mejoraron y aumentaron la inversión en educación –que llegó a un 6 por ciento del pbi– y generaron cambios importantes en la salud.
El eje de aquella gestión fue el desarrollo sostenible. Se trataba de un conglomerado de políticas integrales, con resultados esperables a mediano y largo plazo, que buscaban mantener cuatro equilibrios centrales: el social, entendido como la búsqueda de mayor integración e igualdad; el económico, que generaría un progreso material sostenido del país; el político, mediante el cual las decisiones tendrán un respaldo institucional y democrático fuerte; y, finalmente, el ambiental.**
Por lo tanto el cuidado del ambiente pasó a ocupar un pilar central en la política del gobierno, equiparable en importancia a la agenda social o económica. El país, entendía Figueres, debía desarrollarse en armonía con su naturaleza. Así que comenzó a dar pasos firmes en esta dirección.
A nivel internacional, Costa Rica suscribió y fomentó numerosos tratados para la protección del ambiente, como la Alianza para el Desarrollo Sostenible, de los países centroamericanos. Al mismo tiempo se convirtió en el primer país del mundo en vender internacionalmente servicios para la captura del dióxido de carbono en la atmósfera (los llamados “bonos de carbono”).
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