Más poderosos que los dioses

El debate de temas ambientales casi siempre se da entre la presión de los megaproyectos productivos y los reclamos ecologistas. Esta semana en Brecha dos protagonistas a nivel mundial dan su punto de vista. Dos lecturas contrapuestas y complementarias: el ex presidente de Costa Rica José María Figueres habla sobre desarrollo económico, político y social en consonancia con el cuidado del ambiente; la investigadora uruguaya residente en México Silvia Ribeiro, se refiere al avance en la manipulación de la naturaleza –nubes artificiales, árboles transgénicos– con fines económicos.

Erosión, Tecnología y Concentración son las palabras que definen a etc, una organización no gubernamental con sede central en Canadá, dedicada a monitorear el impacto de las nuevas tecnologías y las estrategias de las grandes empresas en la biodiversidad, la agricultura y los derechos humanos. Fue la primera organización que habló sobre el impacto de los transgénicos. “Ahora estamos haciendo el seguimiento de la biología sintética, que es la biología de construcción de partes vivas, pero en laboratorio. Genes, secuencias de genes e incluso microorganismos enteros”, explicó Ribeiro. “Con la biología sintética, una empresa que tiene una plantación puede decidir si va a dedicarla a agrocombustibles, o la va a convertir en forrajes, o va a usarla para plástico –que ya se está usando en Estados Unidos– o para productos farmacéuticos. Lo que la celulosa aporta es como la materia prima de los azúcares, si la desintegrás en moléculas, lo que hace el microbio es volver a reconstruir, por ejemplo, las cadenas de polímeros que componen los principios activos de las plantas.” En estas investigaciones están incluidas las seis mayores petroleras, las seis mayores farmacéuticas y las grandes cerealeras. Brecha conversó con Ribeiro, integrante de esta organización.
—¿Cuáles son sus principales áreas de trabajo?
—Son varias. La biología sintética en este momento es muy importante. El maíz es uno de los cultivos que más estudiamos e interesa a las corporaciones, porque tiene muchos azúcares. Primero se lanzaron a hacer agrocombustibles con biología sintética. No usaban celulosa para hacerlos porque gastaban mucha energía para obtener un producto final muy pobre. Con la biología sintética desintegran las cadenas, las vuelven a armar de otra manera, y el resultado es mucho mejor.
Otra línea de investigación es la nanotecnología, que es la modificación de la materia a escala del nanómetro. Puede ser materia viva o muerta y tiene características parecidas con la anterior (de hecho la biología sintética es nano-biotecnología), pero está más aplicada a las materias inertes, aunque se están haciendo cada vez más híbridos.
Una nueva línea de trabajo es la manipulación climática a escala global: la geoingeniería. Al principio la gente pensaba que estábamos locos, que fantaseábamos. Hay muchos proyectos, porque es muy difícil de controlar. Los que más empujan son Estados Unidos, Inglaterra –aunque tiene a toda Europa en contra–, China, Rusia y Japón. El planeta se está calentando y en vez de reducir las causas (la emisión de gases del efecto invernadero) quieren hacer algo para bajar la temperatura del planeta. Un gran proyecto fue la fertilización oceánica: echar hierro o urea en el mar para producir plancton, que absorbe dióxido de carbono y, se supone, lo lleva al fondo del mar. Una de las cosas que más preocupan a los oceanógrafos es que esto puede producir anoxia –falta de oxígeno– y, de hecho, puede desertificar el mar. Fueron tantas las críticas al proyecto que fue la primera moratoria que salió de las Naciones Unidas (onu), en el 2008, luego se refrendó en 2010 y otra vez en 2012; prácticamente todos lo consideran una tecnología muerta.
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