Espíritu en proporción áurea

Con Osmar Santos

El pintor Osmar Santos pudo vivir en alguna otra parte del mundo, pero eligió Rivera. Allí nació el 22 de junio de 1934, fundó y dirigió el Museo Municipal de Artes Plásticas durante medio siglo, abrió el primer taller de arte infantil y orientó a generaciones de artistas.* En Santana do Livramento, a su vez, fundó una escuela de artes y otro museo, de los que fue docente y curador. Y mientras su obra evolucionaba hacia la metafísica, encontró tiempo para elaborar el primer mapa arqueológico riverense, cultivar con gracia la fotografía, coleccionar caracoles y ser padre, por tercera vez, a los 74 años.

—¿Cuándo despertó la vocación?
—Mi madre contaba que hacía monigotes en hojas de papel desde muy niño. Los papeles me los proporcionaba una tía maestra, Esther, que me estimuló mucho y falleció de tifus cuando yo tenía 7 años. Me daba lápices, crayolas y hasta tinta china; mi madre, por fortuna, guardó todos esos garabatos que mi tía fechaba y firmaba, y hoy me permiten apreciar el camino. A los 5 años, estando en casa de mis abuelos a la hora de la siesta, me subí a un cajón y dibujé figuras, con carbones de un brasero, en una pared recién pintada. Me ligué varias palmadas de mi madre, pero honré mi necesidad de hacer un mural. Mi tía convenció a mis padres de que había que apoyarme en mis aventuras plásticas.
—¿No lo apoyaban, sus padres?
—Digamos que hicieron sus aportes genéticos. Mi madre bordaba muy bien y mi padre era campeón de billar en la frontera, además de funcionario público. Esa habilidad es muy importante porque el billarista juega, aunque no lo sepa, con la proporción áurea, ayudado por los pequeños rombos blancos –“diamantes”, en la jerga del juego– distribuidos en el marco de la mesa. El ángulo que traza la bola está determinado por esta proporción.
—¿Puede definirla rápidamente?
—Es una relación entre dos medidas, descrita por Leonardo da Vinci, usada por los griegos y antes por los caldeos. Relaciona el 1 con el 0, 618, y viceversa, ecuación perfecta que utilizara el maestro Torres García y me acompañó en toda mi obra, porque aplicándola es posible obtener una precisa armonía entre línea y forma, entre luz y sombra, incluso entre colores cálidos y fríos. Pasé años estudiándola y en mis viajes pude constatar hasta qué punto la dominaban los grandes pintores. Y la conocí gracias a los docentes que tuve cuando vine a Montevideo a estudiar profesorado de dibujo en el Instituto de Profesores Artigas: el pintor Norberto Berdía, el arquitecto Andrés Pombo, el artista Ricardo Aguerre, a quien tuve en la Escuela de Bellas Artes. Me explicaron la proporción áurea en forma práctica.
—Matemática del arte.
—Claro, el mismo Leonardo decía que la pintura es asunto mental, primero está en la cabeza. Vengo verificándolo hace años, suelo despertarme de madrugada con un montón de imágenes que me apresuro a pasar al primer papelito que encuentro, para no perderlas. De esos “borradores” han surgido series pictóricas.
—¿Qué papel juega la inspiración?
—No creo en eso. Lo que existe, me parece, es una gran capacidad sensible de captar determinados aspectos de la realidad que la mente procesa, y la mano, técnicamente disciplinada, traduce en formas.

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